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La bioeconomía como modelo de desarrollo industrial sostenible

El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.
 
 
Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

El congelamiento de precios aplicado recientemente por el gobierno nacional a los combustibles alcanzó también a la industria de los biocombustibles, agudizando aún más la difícil situación que viene atravesando el sector. En el caso de la producción de biodiesel, el congelamiento del precio en un valor de $31.549 por tonelada, unos $28 pesos por litro, ya no alcanza ni siquiera para cubrir la compra de insumos cuyos precios están dolarizados. La producción en las 28 plantas pymes que venían entregando regularmente al corte de biocombustible está prácticamente paralizada, entregando solo aquellas que disponían de cierto stock.

La industria del biodiesel venía tambaleando desde abril pasado, cuando la Secretaría de Energía dejó de fijar los precios de referencia mediante la fórmula polinómica que contemplaba los costos de producción, y comenzó a establecerlos de forma totalmente arbitraria. En lo que va del año, la cartera que dirige Lopetegui fijo aumentos en el precio del biodiesel por apenas 11%, mientras que la cotización del dólar trepó por encima del 45%.

La gravedad de la situación quedó manifiesta recientemente con un comunicado de YPF informando que la mezcla de biodiesel y gasoil pasará del 10% al 1% por el faltante del biocombustible.

La industria de biodiesel es un ejemplo más de los modelos productivos basados en la economía circular. En estos años se convertido en un producto estratégico para el país, participando de forma clave en una compleja cadena productiva. El freno en la actividad irremediablemente tendrá impacto sobre los otros sectores relacionados. Veamos.

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En primer lugar, Argentina es un país netamente importador de gasoil. El biodiesel que no pueda entregarse deberá ser reemplazado por importaciones de gasoil, mucho más caro. Esto representa un marcado retroceso en el camino de recuperar el autoabastecimiento energético y el ahorro de divisas en momentos donde los dólares no abundan.

Vender el biocombustible que no se destina al corte con gasoil en el mercado externo no es una opción. La mayoría de los países demandan productos nacionales y tienen prácticamente cerrado su mercado de importación de biocombustibles. El único al que Argentina puede acceder con un volumen razonable es la Unión Europea a través de una cuota de 1,2 millones de toneladas, que es cubierta en su totalidad por las 5 grandes plantas integradas a la molienda.

En el mejor de los casos, el aceite que no se convierta en biodiesel en estos tres meses deberá ser destinado al mercado externo. La mala prensa que ha tenido el aceite de palma en Europa ha llevado los stocks a niveles récords y se sabe que existen vasos comunicantes entre éste y el aceite de soja, del cual Argentina es responsable de la mitad del comercio mundial. De las 6 millones de toneladas anuales que exportamos, la mitad se destina a un solo país, India. Estas 300.000 toneladas de aceite de soja adicionales representan un aumento del 5% en la abundante oferta. Es esperable que impacte negativamente en los precios.

La llegada de la industria de biodiesel modificó el mapa de la producción de glicerina, un coproducto que se obtiene del proceso de transesterificación, método utilizado para la elaboración del biocombustible. Previa a la irrupción de esta industria, la glicerina se obtenía casi en su totalidad de fuentes fósiles. La glicerina renovable de origen vegetal ha desplazado casi por completo a la derivada de petróleo. Con tres plantas de refinación, Argentina se ha convertido en un importante jugador en el mercado mundial de este insumo de alto valor y clave en las industrias de cosmética, alimentos y fármacos, que requieren proveedores confiables. Sin biodiesel, no hay glicerina.

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Los biocombustibles no están alcanzados por los impuestos específicos a los combustibles líquidos y el impuesto al carbono. Esto es por tratarse de combustibles renovables y menos contaminantes. Al no cortar con biodiesel, más barato que el gasoil, la petrolera estatal deberá abonar estos impuestos absorbiendo su mayor costo. Del mismo modo, YPF también se verá afectada por ser el único proveedor de metanol, cuyas ventas sufrirán una caída importante.

La industria de biodiesel está presente en 6 provincias, agregando valor en origen a la producción agrícola, impulsando las economías regionales, creando empleo de calidad y bien remunerado lejos de los centros urbanos y reduciendo el precio de los combustibles en los surtidores. Por eso varias empresas de transporte han reemplazado en su totalidad el gasoil por biodiesel.

No menos importante es el echo que los biocombustibles contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático. Cada litro de biodiesel se quema en reemplazo de gasoil son 80% menos de emisiones de gases de efecto invernadero. El cambio climático hoy está en la agenda de prioridades de todos las cumbres políticas y económicas.

Algunos analistas suponen que el parálisis de la industria de biodiesel tiene que ver con las las declaraciones del secretario Lopetegui, cuando dijo hace un par de meses que los biocombustibles representan un costo fiscal para el Estado. Ese razomiento resulta demasiado simplista para una industria con tantas externalidades positivas y más de 2.500 puestos de trabajo directos que hoy están tambaleando.

 
 
 
 
 

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