Los hongos al rescate de la moda

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El grupo de acción ambiental Extinction Rebellion irrumpió en la Semana de la Moda de Londres para resaltar los daños ambientales de la cultura de usar y tirar y la emergencia climática concurrente a la que contribuye el mercado de la ropa.

Reclamando a la cancelación de la futuras semanas de la moda como reconocimiento de esta crisis, el grupo planea boicotear los espectáculos y realizar una procesión fúnebre llamada «London Fashion Week: Descansa en paz».

El portal The Conversation describió que estas pueden ser nuevas tácticas, pero los problemas con la industria se conocen desde hace mucho tiempo. El uso de grandes cantidades de agua, la contaminación, la alta huella de carbono y las malas condiciones de trabajo significan que la industria de la moda, y en particular las prendas de algodón baratas, como los jeans, son extremadamente perjudiciales para el medio ambiente y la sociedad.

Agregó que tales impactos son aún mayores cuando se toma en cuenta el auge de la moda Fast Fashion, ropa barata en respuesta a las últimas tendencias. Tales artículos inevitablemente terminan en un vertedero antes de que estén «desgastados».

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Esto es de conocimiento común, y se han sugerido muchas «soluciones» a esta situación.

Actualmente está en boga el concepto de «Slow Fashion», un enfoque que considera los procesos y recursos necesarios para hacer ropa y recomienda la compra de prendas de calidad que duraren más tiempo. Otra opción a menudo promocionada es la recomendación de que simplemente se compre menos, algo alentado por los grupos de protesta involucrados en el «Día de no comprar nada» o en iniciativas como «Septiembre de segunda mano» de Oxfam, que fomenta el mercado de prendas de segund mano.

Diseñando una salida

El portal agrega que intentar reducir la demanda de ropa nueva sin duda será una parte importante de un futuro más sostenible. Pero lo que esto ignora es el hecho de que la industria de la moda no es un sistema de necesidad. Más bien, está impulsado por el deseo, la aspiración, la política de género y la cultura de las celebridades. Cambiar el comportamiento, al alentar a los consumidores a que dejen de comprar cosas nuevas, es más urgente y multifacético que crear una solución de materiales alternativos y estéticamente viables.

Destca que esto no parece reflejarse en la mayoría de los intentos de diseño hasta ahora para crear una moda circular sostenible. Por ejemplo, iniciativas como la «moda de comercio justo» y el algodón orgánico, por ejemplo no parecen ser capaces de abordar adecuadamente la complejidad del sistema de moda o los diferentes componentes del mismo. El algodón orgánico sigue siendo perjudicial para el medio ambiente y el precio de la moda del «comercio justo» es a menudo prohibitivo para muchos consumidores, destaca The Conversation.

Otra tendencia de diseño reciente es el uso de electrónica y «materiales inteligentes» para hacer que las prendas sean interactivas y más atractivas, supuestamente otorgándoles mayor longevidad. Pero hay poca investigación sobre cómo se pueden deshacerse de tales textiles, y tampoco es probable que sean baratos, dice el artículo.

Más abajo describe que los materiales que ya son abundantes en la naturaleza ofrecen las mejores alternativas. El ácido poliláctico (PLA), una sustancia hecha de almidón vegetal y que ya se usa para fabricar bolsas transportadoras biodegradables, pero que tiene el potencial de convertirse en textiles. O Tencel y Lyocell, materiales que están hechos de pulpa de madera sostenible y que ya están en el mercado.

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También hay experencias en materiales derivados del colágeno, «proteína animal» y un polímero natural, que aunque no es tan popular entre los veganos, es utilizado en «Zoa», la alternativa de lujo de Modern Meadow al cuero, elaborado con materiales de desecho. Para The Conversation, es en estos materiales sostenibles en los que se debería enfocar la industria.

Materiales de hongos

Cada vez son más las empresas que producen materiales alternativos a partir de hongos. Envases, materiales de construcción y cuero, son algunos ejemplos. En el mundo de la moda, Stella McCartney, está colaborando con Bolt Threads en una gama de accesorios de cuero de hongos llamada «Mylo».

Hay varios proyectos y empresas que trabajan en esta área y sus resultados son diversos y creativos. El medio británico destaca algunas iniciativas como la de MycoWorks, que ha creado «un nuevo tipo de cuero cultivado rápidamente a partir de micelio y subproductos agrícolas en un proceso de carbono negativo». Asegurar que el material es sostenible, versátil y libre de animales.

MuSkin, otra alternativa de cuero, está hecha de Phellinus ellipsoideus, un hongo que pudre la madera en los bosques subtropicales. Mientras tanto, Ecovative Design, que comenzó haciendo una alternativa a los envases de plástico, pero se ha diversificado para crear cuero y espuma a partir de micelio.

Y en un área similar, sin usar hongos sino microbios, hay cuero elaborado de la bacteria celulósica scoby que se usa en la preparación del té de kombucha. Hay muchas compañías que experimentan con esta técnica, como Biocouture. Este material, cuando se seca, se parece al cuero marrón claro y tiene una textura plástica flexible.

Los beneficios de cultivar un material similar a un textil a partir de hongos o bacterias en lugar de algodón, telas artificiales o, lo que es peor, mezclas como el «polialgodón» son muchas. Los hongos son naturalmente abundantes en la naturaleza, crecen rápidamente (en una variedad de materiales de desecho) y su crecimiento utiliza mucha menos agua que la fabricación textil tradicional. En teoría, un producto fúngico también es completamente biodegradable, puede ser fuerte, puede ser colorido, repelente al agua, puede ser comestible y puede tener propiedades medicinales. Y la lista continúa.

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Para finalizar, el artículo destaca que que las alternativas textiles basadas en hongos o bacterias aún podrían estar lejos. Pero mientras continúa el consumo excesivo y el derroche tóxico de la industria textil y de la moda, el diseño en esta área también puede verse como un acto de protesta ambiental.

 
 
 
 
 

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