El cambio climático es una pesadilla en el sur de África

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El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.
 
 

En marzo de 2019, el ciclón Idai desató toda su furia sobre el este de Zimbabwe, afectando también a sus países vecinos: Mozambique y Malawi.

Idai fue catalogado como una de las peores tormentas registradas en África y la más feroz, hasta el momento, sufrida por Buhera, un distrito en la provincia generalmente árida de Manicaland, en el este del país.

Como consecuencia del temporal murieron más de mil personas y las vidas de millones más se vieron gravemente afectadas. «Nuestras gallinas y pavos fueron barridos por el agua», dijo Josephine Ganye, una de las tantas personas que debieron ser evacuadas.

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Sin embargo, la situación actual en Buhera es completamente diferente. Los maíces se están marchitando como consecuencia de la peor sequía registrada en 35 años. Una escena que se está repitiendo en todo el sur de África, donde la falta crónica de lluvia amenaza el hambre y la ruina en masa.

El cambio climático está siendo señalado como el gran culpable

En el lapso de 10 meses, Buhera y muchos otros distritos, han sido golpeados por fenómenos climáticos extremos, que según los científicos son consistentes con los pronósticos del cambio climático.

Ganye está entre las 45 millones de personas en el sur de África que, según las Naciones Unidas, están amenazadas por la hambruna. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) envió una severa advertencia. «Esta crisis de hambre está en una escala que no hemos visto antes y la evidencia muestra que va a empeorar», dijo Lola Castro, directora regional del PMA en el sur de África.

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Durante los últimos cinco años, todo el extremo sur del continente africano, donde las temperaturas promedio están aumentando al doble de rápido que la media mundial, ha sufrido una importante falta de lluvia.

Todos los agricultores, grandes o pequeños, se han visto afectados, así como el resto de la población. «Casi todos en mi área tienen inseguridad alimentaria», dijo Janson Neshava, de 68 años, quien es jefe o líder sénior en Buhera.

«Todavía hacemos las ceremonias tradicionales de lluvia, pero fue en vano. Incluso los humedales ahora están secos y las corrientes que solían fluir durante todo el año están todas secas».

El PMA dice que el 60 por ciento de los 15 millones de habitantes de Zimbabwe actualmente padecen inseguridad alimentaria. Según Patience Dhinda, un funcionario local, esta cifra alcanza el 80 por ciento en Buhera, donde el depósito de granos, que debería albergar la ayuda alimentaria estatal, está vacío.

Hace un año, los cultivos en Buhera ya habían sufrido sequía antes de que Idai los arrastrara. Este año corren el riesgo de ser quemados por el sol implacable.

 
 
 
 
 

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