Falsas dicotomias

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

En una entrevista que Jorge Fontevecchia le hizo en Radio Perfil el miércoles 15 de abril, Ezequiel Huergo presentó una interesante tesis que analiza estadísticamente los aumentos en las tasas de mortalidad los años posteriores a las crisis económicas.

El trabajo de Huergo, a quien no conozco a pesar de que compartimos el apellido y al Ing. Luis A. Huergo como tatarabuelo, instala la idea de que existe una falsa dicotomía entre salvar vidas o salvar la economía. Asegura que hay sobradas evidencias que prueban que a mayor pobreza es mayor la mortalidad. Durante la extensa entrevista, dice que es posible estimar con bastante exactitud la cantidad de muertes que se producirían por cada punto de caída en el PBI. Si se pudiera conocer el dato de las pérdidas de vidas por Coronavirus, podría elegirse el mal menor, asegura.

En la misma semana, un equipo internacional de expertos en clima cuantificó entre U$S 336 y U$S 422 billones el beneficio neto para la economía mundial por mantener la temperatura media del planeta dentro de los umbrales acordados en París para 2100. Pero de no alcanzar estos objetivos, la pérdida podría llegar a los U$S 600 billones (U$S 600 trillones para la convención numérica anglosajona).

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En 2015, los países se comprometieron a reducir voluntariamente sus emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global a «muy por debajo» de dos grados centígrados. El acuerdo comprometió a los estados a trabajar hacia un límite de temperatura más seguro de 1,5° C a través de planes individuales de reducción de emisiones conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC).

Según las Naciones Unidas, las emisiones globales deben caer más de un siete por ciento por año hasta el 2030 para alcanzar el objetivo de 1,5° C. Sin embargo, las NDC adoptadas por los países ponen al planeta en camino a un aumento de entre 3° C y 4° C por encima de la línea de base histórica para fin de siglo.

Hasta que se desató la pandemia, las emisiones globales de gases de efecto invernadero en 2020 venían aumentando respecto a los niveles de 2019. Con la caída de la actividad económica, se observan mejoras en la calidad del aire, pero temporales de no adoptar cambios estructurales una vez que la economía vaya poniéndose en marcha.

Así como Ezequiel Huergo alerta sobre el aumento de las muertes luego de una crisis económica, la secretaría de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas, lo hace con el aumento de emisiones. “La experiencia sugiere que la disminución de las emisiones durante las crisis económicas es seguida por un rápido aumento. Necesitamos cambiar esa trayectoria”, dijo. Y no en vano. Hace un par de semanas contábamos en este mismo espacio que Trump había flexibilizado las normativas ambientales en las emisiones industriales y en la eficiencia que se exige a los autos nuevos. Dos medidas que tendrían un impacto de mil millones de toneladas de emisiones de CO2 equivalentes adicionales hasta 2040.

El pedido de Taalas hace referencia a otra falsa dicotomía que se ha instalado en los gobiernos. Tener que elegir entre crecimiento económico o reducción de emisiones. Justamente, la bioeconomía conjuga ambas acciones a través de un modelo de industrialización basado en la transformación integral de los recursos biológicos bajo un marco de respeto por el medio ambiente.

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Wrong Way

 

Y esto es sin dudas una una gran oportunidad para países como Argentina, donde las variables de eficiencia y de secuestro carbono en el suelo, ubican al agro argentino como el más sustentable del mundo. Es además, el único sector del país que viene reduciendo sus emisiones netas de CO2eq desde el año 2000, aún habiendo triplicado su producción.

El combo se completa aguas abajo con biocombustibles, energías renovables, economía circular y soluciones logísticas eficientes. Prácticamente, no hubo un programa o una política específica de fomento para lograr este crecimiento. Por el contrario, los esfuerzos de la política de los últimos 70 años estuvieron enfocados en capturar parte de su renta para el desarrollo, sin éxito, de otros sectores.

Cuando la pandemia quede atrás, el mundo seguramente no será el mismo. Es muy probable que los países se vuelvan más proteccionistas en el corto plazo. Pero son muy pocos los que tienen la posibilidad de autoabasterce de productos esenciales como alimentos, energía y medicamentos. Mucho menos, los que tienen saldos exportables. Y menos aún, con productos de baja huella ambiental. Las consecuencias del cambio climático son devastadoras,  tarde o temprano, volverá a ser un tema central en la agenda política del mundo. Y allí habrá que estar listos para transformar este problema en una oportunidad.

Y será todo mucho más fácil si el gobierno reconoce la posición de liderazgo que tiene el sector agroindustrial y  si los sectores urbanos e industriales se convencen de que los éxitos que se logran en la producción agroindustrial repercuten en el país en su conjunto y que sus beneficios contribuyen al bienestar de toda la sociedad.

 
 
 
 

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