Todo Trigo

El próximo jueves, la cadena de trigo tendrá su cita anual. Por las razones de público conocimiento, en esta oportunidad el Congreso A Todo Trigo será transmitido por streaming de forma gratuita a través de su plataforma virtual.  Y en medio de la difícil situación económica que nos trae la pandemia, el trigo emerge como un paliativo. Con precios firmes y pronósticos climáticos favorables, la Bolsa de Cereales estimó una cosecha superior a las 20 millones de toneladas. Una buena noticia para un país urgido por el ingreso de divisas.

Pero también, una buena noticia para el suelo. El trigo aporta sustentabilidad a la agricultura argentina. Más del 60% de la producción nacional se realiza bajo doble cultivo, colaborando en los sistemas de rotación de cultivos y aportando cobertura para mitigar la erosión y ahora combatir la problemática de malezas resistentes.

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Pero en realidad, es mucho más que un cultivo de servicio. Con la introducción del germoplasma francés, hace 20 años, el potencial de rinde dio un salto fenomenal. En el sudeste de la provincia de Buenos Aires ya no sorprenden los rendimientos por encima de los 100 quintales, mientras que en la zona núcleo hay productores que logran de forma sostenida rendimientos entre 70 y 80 quintales. Y en las últimas campañas quedó comprobado que con buena fertilización, el rendimiento no compromete el contenido de proteína o gluten. Y a la espera de las aprobaciones regulatorias de Brasil, EEUU, y otros mercados importantes está en las gateras el trigo tolerante a estrés hídrico y suelos salinos. Una tecnología que promete dar otro salto productivo.

El trigo es también el origen de una cadena de mucho valor. La harina convertida en alimentos tiene un enorme valor agregado. Según la Federación Argentina de la Industria Molinera, una tonelada de harina convertida en productos panificados hace que su valor se multiplique por 7,5, mientras que en pastas la cifra asciende a 8 y en galletitas su valor se multiplica por 10. Una particularidad de esta cadena es que prácticamente no genera residuos. El grano se aprovecha en su totalidad para elaborar harinas y afrechillo. Y a la vez, es quizás una de las más federales. La molinería está presente en 12 provincias, pero la harina se convierte en pan, facturas y pizza en todas las localidades del país.

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Aunque no es muy común en nuestro país, aproximadamente el 20% del trigo que se produce en el mundo es utilizado como grano forrajero. El picado y ensilaje de la planta en verde no ha sido adoptado de forma masiva, aunque estudios nutricionales indican buenas propiedades para la producción de leche. Sin embargo, en Australia está creciendo el “Headlage”, un forraje que consiste en el ensilaje de la espiga completa cuando el grano se encuentra en estado lechoso. El rendimiento en materia seca es el doble que el grano seco, pero su costo se reduce a la tercera parte.

Y cada vez más importante es el aprovechamiento de los rastrojos. Como por ejemplo en las camas vacunas de los tambos estabulados. Una práctica que crece ya que ofrece gran confort a las vacas y la posibilidad de mezclarse con el estiércol y potenciar la producción de biogás. Incluso encuentra como materia prima para materiales sostenibles, ya sea para construcción o bioplásticos.

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En el Reino Unido, el trigo es la principal fuente de bioetanol. Del mismo proceso se obtiene la burlanda, que es la fuente de alimento preferida de los feedlots y tambos y dióxido de carbono, que es comercializado a los fabricantes de cerveza. Anteriormente, esta industria utilizaba el dióxido de carbono fósil, pero las necesidades por reducir la huella de carbono, llevaron a optar por el gas de origen renovable.

El trigo es un actor fundamental de la bioeconomía. Es alimento, forraje, fertilizante, energía, materiales, bebidas espirituosas. Es un actor central en la bioeconomía. Por eso esta jornada de A Todo Trigo se vuelve más que interesante. Y en esta oportunidad, con un nuevo ingrediente. El desafío que nos impone la pandemia de tener que adaptarnos a la vida virtual.

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