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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Ayer, 6 de junio, se cumplieron 150 de la graduación del primer ingeniero recibido en el país. Fue Luis Augusto Huergo, mi tatarabuelo, en 1870. El mismo año que el país, por primera vez en su historia, lograba autoabastecerse de trigo. Los rumores de que la Argentina había dejado atrás las guerras civiles habían llegado a Europa. En poco tiempo, la llanura pampeana se había convertido en un imán para los ciudadanos europeos que buscaban mejores condiciones de vida. Los buques llegaban a borbotones al puerto de Buenos Aires.

Una buena cantidad de esos inmigrantes se fueron instalando en las colonias de Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Entre Ríos. Y con ellos comenzaba el proceso de expansión territorial y productivo que llevó al país a convertirse en el “Granero del Mundo”. El despegue de la agricultura fue acompañado por el surgimiento de industrias procesadoras: molinos de trigo, curtiembres, frigoríficos, ingenios azucareros, bodegas, etc.

Las obras de Huergo estuvieron ligadas a la construcción de la infraestructura necesaria para consolidar el desarrollo y el progreso de la nación. Justamente el tema de su tesis de graduación fue la construcción de vías de comunicación para fortalecer las exportaciones. En su primer trabajo como ingeniero se le encomendó la instalación de 120 puentes para los caminos de la república. En 1876 fue nombrado director de las Obras del Riachuelo, desde donde amplió el puerto para permitir el arribo de barcos de gran calado. Hasta entonces debían fondear a varios kilómetros de la costa. La carga se trasladaba en carretas hasta donde llegaban los caballos. Luego se traspasada a pequeñas embarcaciones que la llevaban hasta los navíos.

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Trabajó también en la canalización de los ríos Tercero, Cuarto, Quinto, para dotal al Salado del caudal necesario para que puedan circular barcazas cerealeras. Incluso, llegó a tener listo un proyecto para unir el salado con el Río de la Plata y otro para hacer navegable el Río Carcarañá. Desde el centro de la provincia de Córdoba hasta su desembocadura en el Paraná. Una iniciativa que intentó reflotarse hace unos pocos años.

Aparece en el libro del centenario de Ledesma junto a los hermanos Leach, creadores del Ingenio La Esperanza. Había estado en la zona estudiando la viabilidad de hacer navegable el Río Bermejo, con el propósito de que pueda exportarse azúcar directamente desde el norte. Su mayor logro, y a la vez su mayor frustración, fue el nuevo puerto de la ciudad de Buenos Aires. Una historia sobre la que se han escrito muchas páginas y vamos a omitir en esta columna.

En el año 1900, fue el encargado de dirigir técnicamente la construcción del frigorífico, el puerto y la playa de maniobras ferroviarias de la Compañía Sansinena de Carnes Congeladas en la localidad que hoy lleva el nombre de General Cerri, a pocos kilómetros de Bahía Blanca. Un mega-emprendimiento del empresario Enesto Torquinst, con historia también en el negocio azucarero, la producción de cerveza.

Durante su segunda presidencia, Julio Argentino Roca, ideólogo y artífice de la Conquista del Desierto, solicitó a Huergo que estudie las posibilidades que podría tener la Patagonia para desarrollarse industrialmente. En aquel momento, siendo profesor universitario, llevó un grupo de alumnos a recorrer la región. Años más tarde, junto a Humberto Canale, uno de esos alumnos, creó la primera empresa agroindustrial de la Patagonia. La Bodega Canale Huergo, hoy Canale, en la localidad de General Roca, Río Negro.

Ya casi sobre el final de su vida, el Ingeniero se involucró en la exploración de petróleo. Estaba convencido que era una opción superadora al carbón y un recurso estratégico para el desarrollo del país. Aceptó la dirección honoraria del primer yacimiento de petróleo descubierto en la Argentina, solamente con el objetivo de truncar que sea cedido a los intereses de la Standard Oil de Rockefeller. En aquel momento, no había voluntad parlamentaria para aprobar que el Estado asumiera el rol explorador y explotador, porque los intereses de la política nacional estaban relacionados con la del extranjero: ceder los beneficios del petróleo a los inversores privados. Se le atribuye a Huergo haber sido primer organizador de la distribución de la producción de petróleo en el país. Entre sus logros se destaca la construcción del primer muelle de avance para atracadero de barcos donde hoy está el muelle de YPF, el proyecto de construir la primera destilería del país, la obra de montaje de las primeras cisternas en Buenos Aires y el uso de buques cisternas para el transporte de petróleo por mar y ríos argentinos.

El petróleo mejoró los estándares de vida de casi todos los habitantes del país. Pero hoy tenemos una opción superadora: la biomasa y sus derivados. Basta un breve repaso solamente por las notas que publicamos esta semana para tomar verdadera dimensión de donde estamos parados. La marina de EEUU desarrolló un combustible especial para misiles, el JP10, elaborado completamente a partir de maíz, un recurso sumamente abundante en ese país. El hecho que se pueda elaborar con recursos locales es una cuestión estratégica para la defensa nacional, dijo la marina. Algo que no sucede con el de origen fósil, que requiere de moléculas importadas. Además, al ser más barato, justifica ampliar su uso a nuevas aplicaciones. Por otro lado, una empresa canadiense invierte U$S 12 mil millones en biocombustibles y fibras a partir de cáñamo. Braskem, la petroquímica más grande de América, fue galardonada por sus biopolímeros derivados de caña de azúcar. De hecho, el material se va usar en las cachas de Hockey sintéticos del Juegos Olímpicos de Tokio, que dicho sea de paso, tendrá al hidrógeno como combustible estrella. Presentamos nuevos envases biodegradables a partir de maíz, que despertaron el interés de grandes compañías de bebidads. El potencial de los hongos para la industria química, textil, alimenticia, etc. Otra refinería de petróleo más que se convierte a biocombustible deja de procesar fósiles y Scania, que se abastece en todo el mundo únicamente con energía renovables. Los nuevos alimentos bajos en carbono, como los  casos Mafrig y ADM  y Tomorrow Foods, el emprendimiento surgido en el corazón de la Pampa Húmeda; y la importancia de la digitalización para medir las emisiones y garantizar con fundamentos científicos de la sustentabilidad de los procesos. Y admás, el caso Ecohair, que logró certificar el Protocolo de Nagoya. El champú anticaída de cabello elaborado a partir de la jarilla. Un emprendimiento privado que paga regalías al Conicet y a la provincia por el uso sustentable de un recurso genético silvestre. Un modelo de altísimo valor agregado y gran impacto social.

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Hernán Huergo, en el prólogo de su libro Luis A. Huergo y la Cuestión del Puerto, destaca que una de las glorias que más apreció Huergo en su carrera fue haber sido fundador y elegido por sus pares para ocupar la primera presidente de la Sociedad Científica Argentina. Un hombre que más allá de haber sido ingeniero, el primero del país, puso los conocimientos científicos a disposición de las decisiones políticas. Como dijo el astrofísico Neil deGrasse Tyson, discípulo de Carl Sagan: “Lo bueno de las ciencias es que siempre tienen la verdad, quieras creerla o no”.

En homenaje a Luis Augusto Huergo, el 6 de junio se celebra el Día del Ingeniero. Una profesión central en este nuevo modelo de desarrollo que plantea la bioeconomía. Y desde aquí, en nombre de todo el equipo de BioEconomía, les enviamos nuestros respetos a todos los ingenieros que trabajan día a día para que podamos vivir en un planeta más limpio y más justo.

 
 
 
 

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