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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Me encantaría que el tema central de esta columna fuera la exportación de alcohol de Bio4 a España. Una empresa que nació hace 10 años a partir del sueño de 25 productores agropecuarios que decidieron enfrentar los bajos precios del maíz y los altos costos logísticos apostando a una idea innovadora. Asociarse para convertir el grano en biocombustible y alimento para la nutrición ganadera con una planta de escala que les permitiera competir de igual a igual con los grandes jugadores de la agroindustria. Sabían que solos no podían.

A los pocos años de iniciar las operaciones en Bio4, embalados por el éxito, construyeron una planta de biogás para tratar los desechos de la producción de alcohol e integrar las corrientes de calor entre ambas instalaciones. Siguieron apostando por más y el complejo Bio4-Bioeléctrica cuenta hoy con dos unidades de biogás, un feedlot que se nutre de la burlanda de la destilería y abastece con estiércol las plantas de biogás, el doble de capacidad instalada de producción de bioetanol y la reciente incorporación de una unidad de producción de alcohol calidad farmácopea para atender el mercado medicinal.

Ahora han logrado un nuevo hito. Exportar por primera vez al otro lado del Atlántico. Pero en lugar de embarcar alcohol para el mercado medicinal, el de mayor valor, por restricciones de Aduana solo pudieron comercializar un alcohol de calidad intermedia. A tres meses de haberse desatado la pandemia, donde el alcohol medicinal (en gel y líquido) se ha convertido en el bien más preciado, las autoridades parecen no comprender que el cuello de botella está en el fraccionado y la gelificación; y no en su producción. De hecho, en este período, la mayoría de las destilerías estuvieron sin poder operar, con las cisternas llenas sin que nadie les retire el producto.

Así, bajo la excusa de la “soberanía sanitaria”, se está restringiendo el ingreso de divisas que tanta falta le hace al país. Peor aún, se está impidiendo a una empresa poder diversificar su producción en momentos donde su principal producto, el alcohol combustible, ha caído en desgracia por la menor circulación de automóviles durante los bloqueos.

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Mientras Bio4 se las ingeniaba una vez más para huir hacia adelante, con nuevas soluciones, cientos de páginas se escribían sobre la expropiación de Vicentín.

La saga comenzó el lunes por la tarde. En las redes sociales circuló la noticia de que YPFAgro se haría cargo de las operaciones de la cerealera que había caído en cesación de pagos a finales del año pasado. La división Agrícola de la petrolera estatal es una de los principales proveedores de insumos del campo. Le provee combustibles, fertilizantes, silobolsas, semillas y productos para la protección de cultivos. Entre sus esquemas comerciales, la figura de canje por cereal es uno de los más atractivos para sus clientes. A raíz de ello, hace tiempo que venía circulando el rumor de que YPFAgro estaba buscando la forma de incursionar en el negocio de exportación de granos y crushing de oleaginosas. YPF es a la vez, el principal cliente de las compañías productoras de biocombustibles. Sus intenciones de producir combustibles renovables han sido manifestadas públicamente hace un año y medio, cuando el expresidente de la compañía, Miguel Gutiérrez, lo anunció en el panel de apertura de la Semana Internacional de la Bioenergía – Argentina 2018. Y justamente el crushing y la producción biocombustibles eran los dos negocios principales de Vicentín.

Con el correr de la tarde, se sumaba el nombre de Gabriel Delgado como la persona que iba a quedar a cargo de las instalaciones que pasarían a manos YPFAgro. Delgado es un funcionario con buenos antecedentes y una buena imagen dentro del sector rural y la agroindustria. YPF junto a Nutrien, la principal compañía del mundo en producción de fertilizantes, es dueña de Profertil, la mayor planta de producción de urea granulada del planeta, ubicada en Bahía Blanca. Por todo esto, hasta ese momento y sin conocerse los detalles, el «rescate» de YPFAgro con Delgado a la cabeza parecía una solución interesante al complejo problema Vicentín. Pues la cerealera poseía la mayoría de sus negocios en sociedad con Glencore, una multinacional con base en Suiza. Y quien tome las riendas de Vicentín debiera entenderse con esta compañia.

Incluso, varios productores de biocombustibles confían en que el desembarco de la petrolera estatal en el sector podría impulsar el aumento de corte sustituyendo importaciones de combustibles fósiles, o hasta incluso lograr destrabar el precio que se encuentra congelado desde hace 6 meses.

Pero llegó el anuncio del presidente Alberto Fernández con una puesta en escena al mejor estilo chavista. A su derecha contó con la presencia de la Senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, referente de La Cámpora y mano derecha de la vicepresidenta Cristina Kirchner, a la que el presidente señaló como autora del proyecto de Ley de expropiación. Llegaron las frases de “soberanía alimentaria” y “empresa testigo”, dos muletillas imposibles de digerir para el sector agroindustrial.

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Nada tiene que ver Vicentín con la soberanía alimentaria. Si hay algo que nunca estuvo en falta durante la pandemia fueron los alimentos. Pero aún así, la cerealera produce harina de soja, aceite de soja, biodiesel y glicerina refinada. La harina de soja es el principal producto de exportación del país y el responsable de traer las pocas divisas genuinas. Es un insumo estratégico para la producción de proteínas animales, pero muy poco consumido en la alimentación para humanos. Por el lado del aceite, ocurre algo similar. El consumo como alimento en Argentina es casi nulo. El grueso se destina a la exportación y el remanente a biocombustible. Y hasta donde sé, sólo una persona se ha animado a beber biodiesel. Pero no logró, ni creo que lo vaya a hacer, imponerlo como una bebida popular.

En cuanto a la necesidad de una empresa testigo, no debe haber mercado más transparente que el de granos. Cientos de compradores y miles de vendedores y una industria con capacidad ociosa, que compite por abastecer sus líneas de crushing al 100% para maximizar la eficiencia. A ellos les compiten los exportadores, tentados por los países del sudeste asiático con aranceles diferenciales para importar soja en poroto y molerla ellos mismos. Pero por si eso no alcanzase, el mismísimo Ministerio de Agricultura cuenta con una Subsecretaría de Mercados Agropecuarios, que fija el precio FOB oficial a diario sobre el cual calcula el valor de las retenciones. También la Bolsa de Comercio de Rosario, la Bolsa de Cereales, y otras instituciones afines publican valores de referencia. Y como si fuera poco, también lo hacen los mercados internacionales como el de Chicago y Róterdam.

Cientos de páginas más se escribieron el resto de la semana. El campo al borde de salir a la ruta, cacerolazo en todo el país, comunicados de casi todas las cámaras agroindustriales rechazando la expropiación y decenas de propuestas alternativas de diferentes bloques políticos. Pero al parecer, como canta Mick Jagger, la única salida es el «rescate emocional».

Voy a ser tu salvador, firme y verdadero
Voy a ir a tu rescate emocional

 
 
 
 

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