Informe alerta sobre la salud del suelo de Europa y proponen incorporar la siembra directa

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La salud del suelo está en el corazón del nuevo Acuerdo Verde de la UE y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, los cuales tienen como objetivo abordar la pérdida de biodiversidad, revertir el cambio climático y apoyar el uso sostenible de la tierra.

Sin embargo, la degradación del suelo es «prevalente y extensa en el contexto del territorio de la UE», según un informe publicado en junio de este año por la junta de misiones de la Comisión de la UE para la salud del suelo y la alimentación.

El trabajo llegó a la conclusión de que entre el 25 y el 30% de los suelos agrícolas de la UE están «perdiendo contenido de carbono orgánico, erosionándose o están demasiado compactados, o alguna combinación de estos factores», mientras que entre el 60 y el 70% son «poco saludables».

Una forma en que los agricultores están trabajando para abordar estos problemas es a través de la ‘agricultura sin labranza’, también conocida como siembra directa. La agricultura sin labranza o con labranza reducida es la práctica de sembrar los cultivos sin labrar el suelo. La labranza cero es un componente clave de la ‘agricultura de conservación’.

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La labranza se utiliza para matar las plantas no deseadas y permitir una plantación más fácil. Pero la labranza convencional es costosa, requiere más tareas y puede disminuir la calidad del suelo, causándole compactación y erosión.

Aunque la agricultura sin labranza se practica en la UE, la incorporación de la técnica viene siendo más lenta que en otros lugares. Si bien algunos grupos o asociaciones de agricultores han implementado esta práctica con cierto éxito, no se aplica a gran escala.

La agricultura sin labranza, junto con otras prácticas agrícolas de conservación, ha demostrado ser una forma rentable de controlar con éxito la erosión y mejorar la eficiencia del uso de agua y de fertilizantes.

Con la salud del suelo en la agenda política de la UE, EURACTIV, un red digital de noticias europeas, publicó una entrevista con el agricultor estadounidense Trey Hill donde cuenta los beneficios de haber adoptado la agricultura sin labranza. El portal indicó que la práctica puede contribuir a los objetivos de sostenibilidad de la UE».

En la entrevista con EUROACTIV, Hill enfatizó que los sistemas de labranza cero tienen un enorme potencial para proteger los suelos, mejorar la biodiversidad, reducir los insumos químicos y funcionar como un sistema de captura y secuestro de carbono.

Agregó que sostiene que su innovador sistema es más resistente a los golpes inesperados. «En un buen año, no puedo decir que mis rendimientos sean mucho más altos que mis vecinos, incluso podrían ser un poco más bajos», dijo, pero agregó que esta diferencia en el rendimiento generalmente equivale a menos de lo que hubiera gastado en labrar su campos.

“Pero realmente comienzas a ver la diferencia en los sistemas cuando las condiciones son malas. Si hay una sequía, puedes ver que las áreas bajo cultivo sin labranza son más productivas que las granjas convencionales en las áreas circundantes. La temperatura del suelo es más fresca, conserva el agua, los polinizadores prefieren las condiciones más frías», dijo, y destacó que esto será cada vez más importante de cara al cambio climático.

Según el agricultor la práctica está ganando cada vez más reconocimiento como una práctica convencional que puede ser «factible, efectiva y económicamente ventajosa», aunque admitió que se requiere más investigación para determinar los mejores métodos de labranza cero.

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«Lo que es relevante es tener la creencia y la convicción en lo que estás haciendo y poder aprender de la observación», dijo, y agregó que las tecnologías agrícolas de precisión, como los monitores de rendimiento y las imágenes satelitales, son clave para el éxito de su granja.

Si bien la labranza cero a veces se asocia con ser tecnológicamente atrasada, Hill enfatiza que es importante «adoptar toda la tecnología que pueda ayudar a los agricultores a ganarse la vida siendo parte de la solución».

Como tal, aprovecha al máximo las modernas innovaciones genómicas, químicas y tecnológicas, combinándolas con métodos agrícolas de conservación para crear un sistema híbrido para el «mejor de todos los mundos».

La labranza cero y otras técnicas de agricultura de conservación, como los cultivos de servicio y la integración con la ganadería, han sido ampliamente adoptadas en Argentina. Un proceso que se inició hace 30 años y que convirtió al agro argentino el más sustentable del mundo. Y el más eficiente cuando se mide el consumo de agua de riego, de agroquímicos o gasoil por unidad de producto cosechado. Además, según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero, las emisiones asociadas al agro se redujeron en 15% desde 1990, aún habiendo triplicado su volumen de producción.

 
 
 
 
 

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