Cannabis, marihuana, cáñamo y CBD ¿Qué es cada uno?

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La bioeconomía como modelo de desarrollo industrial sostenible

El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.
 
 

El pasado 15 de julio, informamos en el porta que el ministro de salud de Argentina, Ginés González García, presentó a las organizaciones cannábicas, médicos, docentes y científicos del país un borrador para una nueva reglamentación de la ley  27.350 sobre el Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados. 

La nueva propuesta habilita el autocultivo de plantas de cannabis y la venta en farmacias de aceites, tinturas o cremas de cannabis. También busca impulsar el cultivo estatal y la producción en laboratorios públicos de cannabis con fines terapeúticos.

Si bien el consumo de cannabis con fines medicinales viene creciendo a buen ritmo, incluso en nuestro país, todavía genera polémicas que tienen que ver, quizás, con que no se conoce muy bien a que nos referimos cuando hablamos de cannabis.

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Todas las plantas de cannabis, incluyendo el cáñamo y la marihuana -las dos cepas más populares- pertenecen a la familia Cannabacea, integrada también por la planta de lúpulo, Humulus lupulus, un ingrediente que le otorga el gusto amargo a la cerveza.

Desde una perspectiva botánica, la marihuana y el cáñamo son exactamente la misma especie, Cannabis sativa. Pero hay una gran diferencia entre ambas que hace que el cáñamo sea legal y el cultivo de marihuana ilegal en la mayoría de los países y tiene que ver con el contenido de Tetrahidrocannabinol (THC).

La marihuana es cualquier cepa de cannabis con más de 0,3% en peso seco de THC y puede referirse a la especie Cannabis sativa, como a otra especie relacionada: la Cannabis indica. Ambas cepas se utilizan principalmente con fines recreativos por sus efectos psicoactivos. Normalmente la marihuana se cultiva en interiores, su crecimiento es mucho más lento que el cáñamo y solo interesa cosechar su flor. Las diferentes cepas de marihuana pueden contener diferentes niveles de THC, que van desde el 10% hasta el 30%, casi 33 veces más que el cáñamo más potente.

El cáñamo es una cepa de Cannabis sativa que contiene menos de 0,3% de THC. Normalmente se cultiva al aire libre, tiene un crecimiento muy veloz y se adapta a una gran variedad de climas. En el cultivo de cáñamo se aprovecha toda la planta, ya que también es de gran interés para cultivo industrial.

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Además de THC, el otro compuesto característico de estas plantas es el contenido de  cannabidiol (CBD) que que se encuentra tanto en la flor del cáñamo como en la de la marihuana. No tiene propiedades psicoactivas y ha demostrado poseer beneficios naturales para la salud, además de presentar propiedades como inhibidor del THC. Varios científicos adhieren a la idea que los cannabinoides muestran respuestas positivas ante enfermedades de carácter neurológicas como la epilepsia, a enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson, Esclerosis Múltiple, autismo), a enfermedades digestivas como la anorexia, a inflamaciones de los intestinos, a enfermedades de piel, a trastornos de salud mental, al dolor, a enfermedades autoinmunes, a la osteoporisis, y al tratamiento del cáncer y los cuidados paliativos.

El aceite de CBD tiene diferentes técnicas de producción. Todas comienzan con la cosecha del cáñamo cuando termina su período de floración. La planta se corta cerca de la raíz, se eliminan las semillas y las hojas y luego se separa la fibra, donde está contenido el CBD.

En la preparación casera se calienta la materia vegetal para activar los cannabinoides y se le agrega aceite de grado alimenticio como oliva, coco, lino, o alguno similar y se mantiene a temperatura para ir evaporando el aceite hasta lograr la concentración deseada. Se trata de un método muy económico y seguro que no requiere de equipamiento complejo, pero tiene la contra que los rendimientos son muy bajos y el producto tiene una vida útil muy corta.

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Otra técnica es reemplazar el aceite por etanol. El proceso trabaja a menor temperatura que en el caso del aceite.

La técnica más compleja es mediante el uso de CO2 supercrítico, muy popular en la industria farmacéutica. El método requiere de equipos especiales, pero logra un producto de mejor calidad. Es el método utilizado para la producción industrial.

 
 
 
 
 

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