Dos propuestas…,muy distintas

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Mientras que el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), una iniciativa de las entidades agroindustriales referentes en pos de aportar a la recuperación económica del país, sigue sumando adhesiones, el sector petrolero ha vuelto nuevamente a la carga contra una de las industrias de mayor valor agregado y que más aportan a la sostenibilidad ambiental y social del país. La industria de los biocombustibles.

El CAA surgió como respuesta al primero de los diez puntos del plan de reactivación post-Covid que ideó el ministro Kulfas. Textualmente este punto dice: “Exportar más para generar más divisas y superar las restricciones monetarias que sufre el país y que obliga al gobierno a tomar medidas antipáticas”.

Con la incorporación de 13 nuevas entidades, ya son 53 las organizaciones que se sumaron a la iniciativa que pretende alcanzar los U$S 100 mil millones en exportaciones, y la creación de 700 mil nuevos puestos de trabajo. En este grupo de entidades está representado prácticamente todo el sector agroindustrial: productores de cereales y oleaginosas, ganaderos, azucareros, fruticultores, la industria forestal, los frigoríficos, los vitivinicultores y las bodegas, los fabricantes de maquinaria agrícola, de productos veterinarios, de fitosanitarios y fertilizantes, los semilleros, los productores de biocombustibles, los corredores de granos, el sector de la pesca y los puertos. Una representación bien federal y plural, con los actores unidos bajo el mismo propósito de huir hacia adelante: escaparle a la crisis produciendo más, de forma sustentable, cuidando el ambiente con prácticas y procesos que no impacten en el ecosistema y con un impacto fiscal neutro para que el gobierno no tenga que aportar ningún tipo de subsidio. Ello requiere de propuestas constructivas y que permitan alcanzar los consensos en todo el especto político. En eso andan.

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Pero el diablo, disfrazado de petróleo, metió la cola una vez más. El viernes informamos que el sector de hidrocarburos habría presentado a la secretaría de energía un documento con los lineamientos que debe incluir la nueva Ley de biocombustibles. Recordemos que la vigente tiene validez hasta abril del año próximo. La propuesta de los petroleros persigue un único propósito. Quitarle toda participación al sector de los combustibles renovables.

El primer tema que menciona el documento hace referencia al costo fiscal de los biocombustibles y pide que sean gravados con los impuestos que le caben a los combustibles fósiles. Según los petroleros, al estar el biodiesel y el bioetanol excluidos de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, por cada litro que se consume en reemplazo a sus equivalentes fósiles, el Estado deja de percibir los ingresos de esos tributos. Aquí hay un claro y malintencionado mensaje de querer considerar a los biocombustibles como productos similares a los combustibles fósiles. Aunque cumplen la misma función no tienen nada que ver unos con otros. En primer lugar, los biocombustibles no son hidrocarburos. Su producción engloba procesos biológicos, enzimáticos o fermentativos. En segundo lugar, los biocombustibles son renovables y reducen en al menos 70% las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes nocivos para la salud. Por eso merecen tener un tratamiento fiscal completamente diferente, cualquiera sea su mezcla o proporción de uso. Bajo el argumento de las petroleras, se deberían gravar entonces a todos los autos que reducen el consumo de combustible, ya que también provocaría un lucro cesante para el estado. Algo totalmente ridículo que no merece el mínimo análisis.

Pero lo más llamativo es que sean los petroleros los que mencionen el costo fiscal cuando el gas natural comprimido (GNC), el gas licuado de petróleo (GLP) y el gas natural licuado (GNL) están exentos de impuestos a los combustibles siendo hidrocarburos, productos no renovables y causantes de gases de efecto invernadero. También reciben otro subsidio directo en forma de precio sostén que nos viene costando miles de millones de dólares bajo la promesa de que Vaca Muerta, algún día, nos traerá una lluvia de inversiones y divisas por exportaciones que nunca terminan de llegar.

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Otro punto en cuestión es el verdadero costo de las emisiones de CO2 que debería reflejarse en el impuesto. Algunos especialistas hablan de U$S 200 la tonelada de CO2 equivalente emitido. Esto implica que un impuesto a las naftas de 45 centavos de dólar, el doble de lo que tributan hoy entre los dos impuestos que le caben.

La propuesta de las petroleras pide que se las habilite para participar de la producción de biocombustibles y solicitan la instrumentación de incentivos para la construcción de plantas de gran escala. O sea, están pidiendo subsidios para destruir lo que ya está en marcha.

El biodiesel, el bioetanol y el biometano, son por lejos las soluciones más inmediatas para descarbonizar el transporte. La producción de estos combustibles renovables en Argentina cobra mayor relevancia ya que, gracias a la baja huella ambiental de la agricultura y su cadena logística asociada, se logran valores de reducción de carbono respecto a sus equivalentes fósiles muy por encima de la media mundial. Un análisis que efectuó la consultora en energías, sostenibilidad y gobernanza, Verónica Gesse, muestra que desde 2009 los biocombustibles argentinos evitaron la emisión de gases de efecto invernadero por una cantidad equivalente a la que emiten todos los argentinos juntos durante 3 años.

En el mundo, especialmente en los países agrícolas como el nuestro, está creciendo a gran velocidad la producción de biocombustibles. En lo que va del año en EEUU, por lo menos 4 refinerías de petróleo se reconvirtieron para elaborar biocombustibles. En Brasil, desde hace varios años la nafta se viene cortando al 27,5% con bioetanol y está liberado el uso voluntario de alcohol combustible en estado puro (Tecnología Flex Fuel). El corte de biodiesel en el gasoil se ubica en el 12% y alcanzará el 15% en 2023. Y el año pasado se instrumentó un mecanismo de compensación económica donde las petroleras deben comprarle a los productores de biocombustibles un bono de descarbonización. En Indonesia, el mayor productor y exportador mundial de aceite de palma, el presidente Joko Widodo, acaba de anunciar que implementará el corte de biodiesel en el gasoil al 40% a partir del próximo año. Actualmente está en el 30%.

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En lo personal, lo que más me duele es que el sector petrolero no pueda ver más allá de sus intereses. Ni siquiera en este momento tan delicado. Perfectamente podrían haber elevado propuestas superadoras buscando consensuar con los sectores afectados. Por ejemplo, el 30% del gasoil que se consume en el país, que es de origen importando, podría reemplazarse con biocombustibles en una mezcla compuesta de 20% de biodiesel y 10% por diesel renovable (HVO), que puede elaborarse en las refinerías de petróleo, tal como está ocurriendo en EEUU. El HVO también se podría utilizar para abastecer a las centrales termoeléctricas, que por Ley deberían estar cortando al 20% con biodiesel y no lo están haciendo.

Nos encontramos frente a dos modelos de propuestas para salir de la crisis. Uno integrador, federal, basado en producir más a partir de lograr consensos. Otro que apunta a la salvación de un solo sector a costa de destruir lo que existe.

¿Vos por cuál te inclinarías?

 
 
 
 

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