No juguemos con el tiempo

Lo más leído

 
 
Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Desde hoy, 23 de agosto, los humanos viviremos hasta fin de año consumiendo el capital natural de nuestro planeta. En términos más didácticos, quiere decir que los recursos que teníamos para este año ya los hemos agotado. A partir de ahora, todas nuestras actividades estarán quitándole al planeta parte de su capital ecológico y provocando emisiones de gases de efecto invernadero que no podrán ser absorbidas.

La fecha, que se conoce como el Día del Sobregiro de la Tierra (Earth Overshoot Day) es calculada cada año por la Global Footprint Network (GFN) e indica el momento en que las personas nos consumimos todos los recursos que el planeta Tierra puede generar en el año. Se obtiene a partir de la suma de todas las demandas de consumo del mundo (alimentos, agua, madera, minerales, etc) y se compara con los recursos naturales que el planeta genera en un año.

Hacía 15 años que el Día del Sobregiro de la Tierra no llegaba tan tarde. Desde GFN dijeron que no hay motivos para celebrar pues se debe fundamentalmente al menor consumo de energía provocado por las restricciones de circulación que impusieron los gobiernos para controlar el avance de la pandemia de Covid-19 y recordó que el año pasado tuvo lugar el 29 de julio, la fecha más temprana desde que se llevan los cómputos, hace unos 70 años.

Hasta fines de la década de los sesenta, el planeta gozaba de un superávit ecológico, que fue disminuyendo año tras año y que a principios de los setenta se transformó en un déficit ecológico. En 1970 el Día de Sobregiro fue el 29 de diciembre; en 1980, el 3 de noviembre; en 1990, el 11 de octubre; en 2000, el 23 de septiembre; y en 2010 el 8 de agosto.

Lectura sugerida

La GFN también calcula los Country Overshoot Days (COD), que es la fecha del año en la cual se consumen los recursos que genera anualmente el planeta si se replicara el patrón de consumo de un país determinado al resto de la humanidad. Para el caso de Argentina, el COD de este año estaba estipulado para 26 de junio, antes que se desate la pandemia. Es decir, que en un año los argentinos consumimos más recursos de los que la Tierra puede generar en dos.

La opción para revertir esta situación es a través del impulso a la bioeconomía, que se fundamenta en la transformación de los recursos biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios para todos los sectores de la economía. Un espacio donde Argentina tiene una inmejorable oportunidad para establecer un modelo de desarrollo industrial a partir de la enorme cantidad y diversidad de recursos naturales que posee, de una agricultura que es modelo en el mundo por su baja huella ambiental, del inmenso potencial de la industria forestal y de los eficientes encadenamientos productivos agroindustriales que confluyen en Rosario, donde se ha instalado el mayor complejo agroindustrial del mundo.

Lectura sugerida

Es el camino que vienen marcando los biocombustibles desde hace más de una década. Y esta semana alcanzaron un nuevo hito. El grupo Bahía Energía, que produce biodiesel para el mercado interno, inauguró en Ramallo una planta para refinar glicerol, un subproducto de la elaboración de biodiesel con múltiples aplicaciones en industrias de alto valor agregado como alimentos, cosmética o medicamentos. El destino de la glicerina farmacopea será el mercado externo, donde en estos 10 años Argentina se convirtió en el principal exportador. Como también lo es en biodiesel.

Pero estamos ante una delicada situación. Queda poco tiempo para que pierda vigencia la Ley que regula el uso de biocombustibles, y mientras se debate si se le dará continuidad por tres años más mediante un Decreto o se promulgará una nueva Ley superadora que contemple subsanar algunos vacíos legales que tiene la vigente e incorporar nuevas materias primas y tecnologías que han surgido en los últimos años, alertamos de una embestida del sector petrolero que busca poner fin a esta industria.

En solidaridad con los petroleros y a contramano de lo que vienen practicando sus casas matrices, la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), también envió una carta al ministro Kulfas oponiéndose a los biocombustibles. Según publicó el diario La Nación, la misma hace hincapié en la menor recaudación del estado por el mayor uso de biocombustible, un tema que nos ocupamos de desenmascarar en la editorial del domingo pasado.

Más adelante, la carta menciona que las automotrices necesitan más tiempo para ir hacia mezclas mayores de biocombustibles, de forma de poder trabajar en homologaciones y calibraciones. Resulta muy llamativo este argumento pues las terminales argentinas están exportando autos a Brasil, donde el corte de biodiesel con gasoil es del 12% (B12), un 20% mayor que en Argentina (B10).  Y está estipulado que vaya creciendo a razón de 1% por año hasta alcanzar el 15% (B15) en 2023. En Brasil el biodiesel se elabora a partir de múltiples materias primas (sebo, aceite de palma y aceite de soja), que hace que sea mucho menos homogéneo que el que se fabrica en nuestro país. En EEUU, más del 80 por ciento de los vehículos diesel cero kilómetros respaldan completamente el uso de B20, a pesar de que la normativa exige un corte del 10%.

Lectura sugerida

Por su parte, el presidente de Indonesia, un país donde la fecha del COD está estipulada para el 18 de diciembre, anunció que a partir del año que viene implementará una mezcla de 40% de biodiesel. Actualmente están en el 30%.

Respecto al bioetanol, hace varios años que le vendemos autos a Brasil, donde el corte ha ido creciendo hasta llegar al 27,5% actual. Además, disponen de la tecnología Flex que permite cualquier mezcla entre gasolina (cortada con etanol) y alcohol puro. No se podría decir que estamos hablando de mezclas que no son conocidas por las terminales argentinas. Menos aún si se tiene en cuenta que EEUU aprobó el año pasado el uso de 15% de etanol (E15) de forma voluntaria para todos los vehículos fabricados después del 2001 y con vigencia inmediata en todo el territorio. Sin embargo, los tres fabricantes de Detroit (Chrysler, General Motors y Ford) que cuentan con el 45% del mercado ya habían homologado el uso de E15 en todos los modelos a partir de 2012. Es decir 7 años antes que lo exija la EPA, el órgano que controla el uso de combustibles. Honda, Toyota, Volkswagen y Tata (Land Rover y Jaguar) hicieron lo propio en 2017. Por su parte, BMW cuenta con homologaciones para el uso de cualquier mezcla entre E10 y E25. Entre todos suman más del 80% del mercado.

Señores de ADEFA, no jueguen con el tiempo. El planeta no puede esperar.

 
 
 
 

Últimas columnas

La bioeconomía como modelo de desarrollo industrial sostenible

El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.