¡Fuego!

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

El fuego se ha convertido en el gran protagonista de las últimas dos semanas. Y como suele suceder en Argentina con los temas delicados, no faltó el uso político e ideológico de este terrible desastre. Nuevamente el blanco elegido por los pseudo-ambientalistas fue el sector agrícola.

He leído de todo, en los medios y en las redes sociales. Pero hubo un post que me generó mucha impotencia. Textualmente decía que “nada de lo que se está incendiando es un campo de soja transgénica o de maíz”. Me apena tanto ensañamiento contra el sector más dinámico del país. Si la economía argentina aún no explotó por el aire es por la gran competitividad de sus cadenas agroindustriales, reconocidos en el mundo por su sustentabilidad. Si no se quemaron campos con soja o con maíz es porque no había. Ambos son cultivos que se siembran en verano y a esta altura del año ya se han cosechado. Pero además en las sierras no hay campos agrícolas. Y el hecho que sean transgénicos no tiene nada que ver. Nuestro organismo no logra distinguirlo, mucho menos lo hará el fuego.

La catástrofe de las sierras cordobesas coincide con el segundo mayor incendio forestal de la historia de California. Un tremendo desastre que lleva consumidas más de 100 mil hectáreas. La magnitud del fenómeno es tal que el gobernador de la quinta economía del mundo acaba de solicitar la ayuda internacional para combatir las llamas. También Australia viene de sufrir una de sus peores, sino la peor, temporada de incendios forestales de su historia. Desde de septiembre del año pasado hasta mayo de este año, los innumerables focos destruyeron más de 10 millones de hectáreas y varios miles de edificios. Quizás los pseudo-ambientalistas no sepan que ni en California, ni Australia, se produce soja o maíz.

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Estos sucesos tienen más que ver con el cambio climático, que está provocando con mayor frecuencia sequías más extremas y largos períodos de temperaturas por encima de los valores normales. Esta alteración del clima genera las condiciones propicias para que, ante cualquier incidente provocado por la naturaleza o el hombre, el fuego se vuelva incontrolable.

Pero una cosa es segura. Nada tienen que ver los productores de soja y de maíz en estos incendios. Más del 95% de estos dos cultivos se producen en el país bajo las prácticas agrícolas más sustentables del planeta, que justamente contribuyen a mitigar el cambio climático. El modelo lo hemos explicado cientos de veces. Se basa en el cuidado del recurso suelo a partir de la reducción de labranzas, la rotación de cultivos y los cultivos de servicio. La Unión Europea y EEUU están estudiando mecanismos para premiar económicamente a los agricultores que adopten la tecnología surgida en AAPRESID hace 30 años. Justamente, este Think Tank de productores argentinos tuvo su congreso anual estas dos últimas semanas. El lema fue “Siempre Vivo Siempre Verde. Una propuesta para dar un salto más en la escalada de la sostenibilidad a partir de mantener en el suelo siempre un cultivo vivo, y así controlar mejor el avance de las malezas resistentes y reducir aún más el uso de fitosanitarios. Los pseudo-ambientalistas tampoco deben saber que la soja y el maíz argentino logran los mayores rindes por unidad de consumo de fitosanitarios, de consumo de fertilizantes, de consumo de gasoil o de consumo de agua. Tampoco quizás sepan que a pesar de haber cuadriplicado su producción en este tiempo, fue el único sector del país que ha reducido sus emisiones netas de gases de efecto invernadero. El campo hace los deberes.

Aún sin haber determinado las causas de los incendios, también se acusó a la expansión de la ganadería. Es real que la quema de pastizales ha sido una práctica ganadera para que crezca limpio el pasto en primavera. Pero está relegada a un puñado de pequeños productores, no tecnificados y donde muchos operan en la marginalidad. Están muy lejos de representar un sistema productivo en un mercado que cada vez más demanda trazabilidad. Sobre todo, cuando el destino es la exportación, donde además se exigen habilitaciones especiales y certificados de buenas prácticas. Hace pocas semanas, contamos en el portal que uno de los mayores procesadores de carne del mundo recibió un fuerte sacudón de parte de uno de sus inversores por no haber detectado que un lote de novillos estuvo en una etapa temprana de su crianza en un campo sancionado por el gobierno de Brasil. La mayoría de los productores ganaderos del país hace las cosas como se debe. Es de muy mala fe poner en duda todo un modelo por un par de granjeros irresponsables.

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Todo se transforma

Aquellos países o regiones con producción forestal saben que el mejor camino para controlar estos incendios es la prevención. Y una de los métodos más efectivos es reducir la carga de fuego de los bosques retirando el exceso de biomasa, que es una verdadera bomba de tiempo. Diversos estudios en Europa han demostrado que con esta práctica se logra reducir el riesgo de incendios entre el 60% y el 80%. Y si se combina con una estrategia bioenergética los beneficios se multiplican. El aprovechamiento de la biomasa residual como fuente de energía limpia permite la creación de empleos durante todo el año y por su puesto la sustitución de energía fósil, principal responsable del cambio climático. Y que en pleno siglo XXI se obtiene causando explosiones a 7.000 metros bajo el suelo. ¡De locos!

Pero eso a nadie le importa. Ojalá llueva.

 
 
 
 

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