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sábado, julio 2, 2022
 

Circularidad al palo: australianos fabrican una botella de vino con vino

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Las botellas de vidrio utilizadas en la comercialización de vino son ineficientes y representan la mayor contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero de la industria. 

A la vez, el desperdicio de alimentos hortícolas es un problema importante a nivel mundial, ya que libera metano (un potente GEI) una vez que llega al vertedero. En Australia, los desechos de uva del proceso de vinificación (orujo) son el grupo de residuos hortícolas más grande y representan el 26% de los desechos agrícolas anuales.

Un grupo de estudiantes del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) en Australia, se propucieron abordar ambas problemáticas y desarrollaron T’Wine, una botella de vino de 750 ml  de origen biológico, biodegradables completamente al final de su uso y un 50% más liviano y un 25% más pequeño que las botellas de vidrio convencionales, lo que permite optimizar la logística de venta del vino.

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«Nuestra inspiración y objetivo es agregar valor al orujo de uva, algo ineludible en la industria del vino. Al diseñar botellas de vino recargables hechas de biopolímero derivado de orujo, este producto aborda simultáneamente el problema de la producción de residuos orgánicos de la industria del vino y el uso de material virgen para fabricar botellas de vidrio. En última instancia, nuestro objetivo es convertir la industria del vino en una economía circular», dijeron los estudiantes.

La innovación fue finalista en la competencia de Innovación Abierta de la Ciudad de Melbourne 2020 y el proyecto fue seleccionado para recibir apoyo del RMIT Activator LaunchHUB, que ofrece un programa de 12 semanas que brindará al grupo apoyo financiero, legal y comercial en el período previo al lanzamiento.

Los estudiantes completaron el proyecto en un estudio de biodiseño dirigido por el Dr. Ollie Cotsaftis, investigador y profesor de la industria y desarrollaron una gama de productos adicionales que incluyen botellas reutilizables y una aplicación para gestionar las compras con una etiqueta digital.

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Para crear T’wine, los investigadores elaboraron el biopolímero PHB a partir de subproductos de la vinificación: orujo de uva, CO2, etanol y agua. El PHB tiene propiedades similares al poliprileno (PP), un plástico común para el envasado de alimentos, pero se descompone fácilmente en la naturaleza. Las botellas se pueden rellenar en cualquier bodega y sus etiquetas contienen un código QR que les permite cambiar dinámicamente cuando se rellenan. Al final de su vida útil, se pueden convertir en vermicompost para la agricultura.

Thomas dijo que el grupo comenzó explorando biopolímeros para el concepto, teniendo en cuenta un enfoque circular. «Hicimos un esfuerzo consciente para elegir un material de desecho que no competiría con una fuente de alimento. Esto nos llevó al desperdicio de uva, el sector de desechos hortícolas más grande de Australia», dijo.

T’Wine está en proceso de ponerse en contacto con las partes interesadas de la industria del vino y prepararse para el programa LaunchHUB, que comienza en noviembre.

 
 
 
 
 
 
 

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