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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Dos noticias de alto impacto sacudieron el mundo de la energía. Por un lado, Total, una de las 10 mayores compañías petroleras del mundo anunció que dejará de procesar petróleo en la refinería Grandpuits, en Seine-et-Marne, para ser adaptada para producir biocombustibles y biopolímeros.

En 2015, la multinacional de origen francés inició las reformas en la refinería ubicada en La Mède, Francia, para reemplazar el petróleo por aceite de colza, girasol, palma y carinata, así como sebo vacuno y otros materiales biológicos. Luego de haber invertido más de U$S 300 millones, la ahora biorrefinería comenzó a operar el año pasado con una capacidad para producir hasta 500.000 toneladas de combustible diésel renovable.

Este segundo paso que da Total en su plataforma ‘Crudo Cero’ tiene un significado muy especial el ámbito bioeconómico. La iniciativa va más allá de los combustibles y se sumerge dentro del campo de la química verde, un espacio hasta ahora poco explorado por las empresas energéticas. La compañía francesa anunció que el proyecto incluye la construcción de una unidad de producción de PLA, un prometedor bioplástico compostable con aplicaciones para packaging de alimentos, envases rígidos y varias aplicaciones industriales. También contemplará la construcción de una planta de recupero de plásticos con una innovadora tecnología de reciclaje químico para elaborar polímeros con aplicaciones en la industria del packaging.

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La punta del ovillo

El espaldarazo a los biocombustibles de parte de una de las mayores petroleras del planeta se vio contrarrestado por las nuevas que llegaron desde el otro lado del Atlántico. El gobernador de California, Gavin Newsom, acaba de firmar un decreto para prohibir la venta de automóviles a pistones a partir del año 2035. Una iniciativa que ya ha adoptado el Reino Unido y que viene siendo motivo de debate en los Estados Miembros de la Unión Europea.  Francia, España, Dinamarca y los Países Bajos han manifestado su intención de imponer medidas similares. Sin embargo, serían incompatibles con la legislación comunitaria, según informó la comisaria europea de Industria y Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska, luego de una consulta del parlamento danés del año pasado. El argumento es que, si la venta, matriculación o importación de vehículos es legal en Europa, no puede prohibirse en un país. Siempre prevalece la legislación del bloque sobre la de los Estados Miembros. En su lugar, están avanzando restricciones de circulación para estos vehículos en los centros urbanos.

California representa el 11% de las ventas de automóviles de EEUU, el segundo mayor mercado detrás del chino. Aunque habrá que ver qué pasa con los transportistas, viajantes y turistas de estados vecinos que visiten California, el decreto de Newsom podría parecer a priori un golpe duro para los biocombustibles y para los farmers, ya que el 40% del maíz producido en EEUU se destina a la elaboración de etanol. En la decisión del gobernador, seguramente, ha influenciado el hecho de que California no es un estado productor de soja ni maíz, aunque si un gran consumidor de ambos granos. La medida no debe desesperar a la industria de biocombustibles, ya que hay otros indicios que le auguran un esperanzador futuro. Repasemos.

Aunque siempre se ha considerado a los biocombustibles como combustibles de transición hasta que llegue la electrificación, hay sectores del transporte que difícilmente puedan electrizarse. La aviación comercial, la industria naviera y la maquinaria off-road dependerán de los biocombustibles por muchos años más. Y prueba de ello es que en lo que va del año, tres grandes empresas petroleras estadounidenses han comenzado a adaptar 4 refinerías para dejar de procesar petróleo y utilizar aceites vegetales para elaborar biocombustibles, en línea con el anuncio reciente de Total.

Otro dato interesante, es un informe de Bloomberg de esta semana que muestra que se ha disparado 40% el precio del aceite de soja como consecuencia de la mayor demanda de aceite para elaborar biodiesel y diesel renovable. Empresas como Amazon han elegido este combustible para reducir su huella de carbono y lograr ser carbono neutral en 2030. Y el transporte de cargas es otro de los sectores donde la electrificación tardará bastante en llegar.

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No juguemos con el tiempo

En el caso del etanol, alrededor de su producción se ha montado un enorme sistema de industrias que procesan sus co-productos que se han convertido en insumos difíciles de reemplazar por industrias de gran interés para la sociedad. Un hecho que quedó demostrado durante la pandemia cuando el cierre de las plantas, producto de la estrepitosa caída en la demanda de biocombustibles, obligó a la ganadería a buscar nuevas fuentes de alimento más caras y menos nutritivas, así como a las cervecerías y empresas que requieren de frío, a buscar alternativas para el CO2. Y de a poco el etanol se está convirtiendo en una molécula de gran interés en la industria química, un sector que está en la búsqueda de nuevas fuentes biológicas. Prueba de esto es que el césped sintético en los estadios de los Juegos Olímpicos de Tokio, postergados para el próximo año por la pandemia, estarán elaborados a partir de carpetas plásticas que tienen su origen en el etanol.

Desde el punto de vista ambiental, se sabe que la electrificación enchufable del transporte por ahora no es la mejor solución. Aun utilizando energía renovable para cargar las baterías de los autos, cuando se miden las emisiones en todo el ciclo, es decir, considerando las asociadas a la producción de la electricidad con las que se cargan las baterías, no se logran menos emisiones de gases de efecto invernadero que utilizando biocombustibles. El motivo es la huella ambiental de la gran cantidad de minerales que requieren las baterías (fundamentalmente), y las estaciones de recarga. Distinto será cuando llegue la era del hidrógeno. Y allí el bioetanol y la biomasa tienen mucho camino para recorrer.

Lo que está claro, es que los tiempos cambian. Aunque algunos no lo quieran ver.

 
 
 
 

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