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lunes, agosto 15, 2022
 

Más biotecnología para más bioeconomía

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¿De qué se habló en Ethanol Talks, el evento que reunió a brasileros y argentinos para llevar el bioetanol a todo al mundo?

La embajada de Brasil en Argentina, junto a las empresas que integran las cadenas de valor del bioetanol de ambos países, organizaron un foro para poner en la agenda de la movilidad sustentable al biocombustible. BioEconomíaTV estuvo presente y dialogó con los principales protagonistas del evento.
 
Emiliano Huergo
Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia
 

La primicia que lanzamos esta semana en BioEconomía de que Impossible Foods incorporará en los envases de su producto estrella, la Impossible Burguer, una etiqueta de ‘alimento modificado genéticamente’ sacudió el mundo de los alimentos. Aproximadamente el 60% de los alimentos procesados que se encuentran en las góndolas de los supermercados contienen algún tipo de ingrediente transgénico. Pero hasta ahora, las compañías elaboradoras venían tratando de ‘esconder’ el uso de insumos obtenidos por la biotecnología.

La iniciativa de la compañía californiana, que tiene entre sus accionistas a Serena Williams y al rapero Jay-Z, es el último paso en su intensa campaña para respaldar el uso de la biotecnología en la producción sostenible de alimentos. Desde mayo, Impossible Foods cuenta en su portal de internet con una herramienta desarrollada por la Universidad de Michigan que permite calcular la huella ecológica de la hamburguesa que uno consume, ya sea en un local de comidas, o a través del delivery a su domicilio. En comparación con una hamburguesa tradicional de carne de vacuna, producir la Impossible Burguer requiere de 96% menos de tierra y 87% menos de agua, mientras reduce la emisión de gases de efecto invernadero en 89%.

Los beneficios ambientales y el éxito de la Impossible Burguer para lograr el sabor, el color, la textura y la forma de cocción idénticos a una hamburguesa de carne vacuna, fueron posibles gracias al uso de la biotecnología.

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El ingrediente secreto de la hamburguesa es la leghemoglobina de soja, una proteína en forma de globo que se encuentra en los nódulos de la raíz de la planta. Cuando la leghemoglobina se calienta, igual que la hemoglobina presente en la carne, libera hemo. Esto es lo que le da esa apariencia jugosa y realista. Pero en realidad la leghemoglobina de la Impossible Burguer no proviene directamente de la soja. La compañía ha extraído de la soja el gen responsable de producirla y lo ha implantado en células de levaduras. De esta forma se puede disponer del ingrediente clave durante todo el año y de forma mucho más eficiente.

La biotecnología ha sido clave para el progreso de la agricultura y la medicina. Los cultivos tolerantes a herbicidas, a insectos, y a estrés hídrico y suelos salinos, han permitido reducir los costos agrícolas a la vez que multiplicaron los rendimientos. Modificaciones genéticas han permitido también el desarrollo de mejores alimentos. Ya sea a partir de su mejor conservación después de cosechados o a partir de lograr mejores propiedades nutricionales, como se consiguió en el arroz dorado, cuya patente es libre. Esta variedad ha sido modificada genéticamente para producir beta caroteno, un precursor de la vitamina A. El déficit de Vitamina A es uno de los mayores problemas de salud pública en poblaciones vulnerables de Asia y Africa y afecta a más de 250 millones de niños. El arroz dorado proporciona entre el 30% y el 50% de las necesidades de vitamina A.

Otro caso emblemático del aporte de la biotecnología es la insulina, que facilita la vida a 400 millones de personas que padecen diabetes en el planeta. Hasta hace 40 años, se obtenía del páncreas de los cerdos. Se necesitaba sacrificar un cerdo para obtener las dosis necesarias para tratar una persona por tres días. Mediante la ingeniería genética se ha logrado secuenciar el genoma de la insulina e introducirlo en la E. coli, transformando la bacteria en una fábrica de producción de insulina. La insulina se extrae de la bacteria, se purifica y se comercializa como medicamento.

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La biotecnología también será clave para abordar otro de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad, que es reducir la contaminación plástica. Numerosas investigaciones para convertir biomasa en plásticos biodegradables y/o compostables que puedan reemplazar sus equivalentes fósiles, se están llevando a cabo en distintas regiones del planeta. La producción de PLA y PHB, dos prometedores bioplásticos que pueden obtenerse de biomasa celulósica como residuos de cosecha o de la industria forestal requieren de levaduras capaces de digerir el material de forma eficiente. La clave está en dotar a estas levaduras de los genes capaces de debilitar las paredes celulares y solo será posible con el desarrollo de la biotecnología.

En esta misma línea, esta semana informamos que en un grupo de científicos encontró en Japón unos microorganismos que se alimentan de plásticos. Los bichitos eran capaces de descomponer el PET, uno de los plásticos más utilizados y contaminantes. Pero gracias a la biotecnología lograron revelar la estructura detallada de la enzima crucial y produjeron una versión mejorada uniendo dos enzimas para crear una superenzima que acelera en 6 veces el proceso de descomposición. Si bien todavía está en etapa experimental, se especula que podría llegar a estar disponible comercialmente en uno o dos años.

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Pero aun así, los prejuicios instalados respecto a la biotecnología y la bioseguridad bajo el principio “precautorio”, donde la ideología ha demostrado tener más peso que la ciencia, están impidiendo que muchos avances importantes puedan ponerse en práctica, generando un enorme lucro cesante que castiga la producción de alimentos y de productos de baja huella ambiental, pero sobre todo, impidiendo a la sociedad beneficiarse de ellos.

Sabemos que en las próximas décadas la agricultura y la producción de alimentos se enfrentarán a la enorme presión de tener que producir lo suficiente para alimentar a 10 mil millones de personas, con mayores ingresos per cápita, que demandarán más y mejores alimentos. Y las preocupaciones por el cambio climático impulsarán una mayor utilización de los productos agrícolas y forestales para la elaboración de combustibles, plásticos, insumos agrícolas y productos medicinales. El desafío será abastecer esta demanda en un marco de restricción de superficie cultivable, de aumento de emisiones de gases de efecto invernadero y la creciente exigencia de respeto por la sustentabilidad de los ecosistemas.

Con los avances biotecnológicos conocidos a la fecha, no será suficiente.

 
 
 
 
 
 
 

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