Bioenergías a fondo

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Una serie de acontecimientos de alta relevancia ubicaron nuevamente a la bioenergía como la gran protagonista de la agenda semanal. Por lo menos, para los que estamos dentro del mundo de la bioeconomía.

El jueves por la tarde, la comisión de Minería, Energía y Combustibles del Senado de la Nación dictaminó favorablemente el proyecto de Ley para prorrogar hasta diciembre del 2024 el régimen nacional de biocombustibles, que vence en abril próximo. El expediente llegaría al recinto el próximo jueves 29 de octubre.

Aunque el régimen actual tiene falencias que no otorgan las garantías jurídicas suficientes para dar sustento a nuevas inversiones, ni tampoco permite el ingreso de nuevos jugadores a la actividad, como viene el año, la renovación de la Ley tal como está es una señal positiva. La Liga Bioenergética, un organismo integrado por el sector público y privado de las provincias productoras de biocombustibles, había redactado un proyecto de Ley superador, que, entre otros aspectos, incluía la introducción de nuevos combustibles, como el Flex y el biometano, y recortaba los grados de libertad de la autoridad de aplicación para modificar precios y volúmenes a su antojo. Pero su tratamiento se dilató y día a día aumenta el riesgo de llegar a abril con las manos vacías, dejando ocioso un fenomenal complejo de agregado de valor y sostenibilidad construido en estos años. Sobre todo, ante la fuerte embestida del sector petrolero, que activó todo su poder de lobby para destruir al sector.

En el mismo día, la legislatura de la provincia de Santa Fe convirtió en Ley el Programa Provincial de Uso Sustentable de Biocombustibles, que extiende el uso masivo de combustibles renovables a una gran cantidad de actividades. La provincia lleva implementadas varias iniciativas para promover el uso de biodiesel en el transporte de pasajeros. A mediados de 2018, la entonces Secretaria de Energía durante la gestión de Lifschitz, Verónica Geese, anunció la creación de la iniciativa Biobus. A través de esta, los ómnibus de transporte urbano de pasajeros de la ciudad de Rosario comenzaron a funcionar con mezclas de 25% de biodiesel. Unas pocas unidades se destinaron a un ensayo con combustible 100% biodiesel. Tras el éxito de este, todas las unidades, así como la flota de vehículos de la empresa provincial de energía eléctrica comenzaron con el uso exclusivo de biocombustible. Con la nueva legislación, se espera que el uso de biocombustible se extienda a todas las flotas del estado provincial y los gobiernos municipales, tanto en motores diésel como a gasolina.

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Para que no queden dudas, teniendo en cuenta algunas falacias escritas por reconocidos lobistas del sector petrolero en los últimos meses, salió a luz esta semana un ensayo en EEUU conducido por la Urban Air Iniatiative (UAI), una ONG dedicada a mejorar la calidad del aire y proteger la salud pública mediante la reducción de las emisiones de los vehículos, que muestra que el bioetanol, aún con mezclas altas (30%) reduce las emisiones por el escape de forma significativa. Esto vale para las emisiones de monóxido de carbono (CO), óxidos nitrosos (NOx), material particulado (PM) y en menor medida: dióxido de carbono (CO2). Siempre considerando lo que sale por el escape del auto y no el ciclo completo del combustible. Para este último caso el INTA demostró que el biocombustible tiene una huella de carbono en promedio 70% menor que la gasolina convencional. Pero la fortaleza de este ensayo es que se utilizaron los sistemas portátiles de medición de emisiones (PEMS). El mismo equipamiento que utilizó la Universidad de West Virginia para detectar el software ilegal que introdujo en sus automóviles Volkswagen que derivó en el escándalo del Diesel Gate. La compañía alemana reconoció que los 11 millones de vehículos comercializados en EEUU estaban equipados con un software que alteraba los resultados de los controles técnicos para mantener las emisiones dentro de los parámetros legales, pero que cuando circulaba en calle, las mismas eran 40 veces superiores.

Continuando con el delivery de noticias bioenergéticas, Cargill anunció -también esta semana- que iniciará la construcción de una nueva planta de biodiesel en el puerto de Gante, Bélgica. Invertirá unos 150 millones de euros para elaborar el biocombustible a partir de distintas materias primas, como aceites ácidos residuales del refinado de aceites vegetales, aceites reciclados de restaurantes e incluso lodos de depuradoras de agua. Con la nueva instalación, la multinacional de origen estadounidense pretende aprovechar el endurecimiento de la legislación europea que pretende sustituir, en la composición del biocombustible, los productos agrícolas comestibles por residuos y desechos de aceite. Esta nueva unidad se anexará al bioclúster que Cargill ha creado en Gante, donde ya dispone de una planta de crushing de oleaginosas, una refinería de aceites vegetales y una planta de biodiesel convencional que elabora 400.000 toneladas por año, que le permiten ser el único complejo en Bélgica, y uno de los pocos de Europa, que puede elaborar biodiesel partiendo de la semilla.

La bioeconomía se basa en logar la máxima eficiencia durante la fotosíntesis y en los procesos de conversión de los productos biológicos. Esto se traduce en producir una semilla oleaginosa con prácticas sostenibles y luego separar sus diferentes compuestos para crear diferentes productos. Por ejemplo, podemos usar la cáscara en una caldera, la proteína para elaborar alimentos y el aceite para usos industrias o biodiesel. Por eso no tiene sentido la discusión ‘alimentos vs energía’, porque en realidad se trata de alimentos más energía más industria. Si además podemos utilizar el aceite reciclado para hacer nuevos productos, como en el caso de Cargill, la ecuación cierra aún mejor, porque estamos logrando una mayor eficiencia. Pero si se restringe el uso del aceite de soja, colza, girasol, o cualquier otro para hacer biocombustibles, nos estamos perdiendo una gran oportunidad de reemplazar combustibles fósiles, y, sobre todo, de producir más proteína.

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Y ya que hablamos de biocombustibles y circularidad, seguimos entregando noticias. En Brasil, Shell, a través de su Raízen Energía, puso en funcionamiento la primera central de energía eléctrica a biogás producido a partir de residuos de la producción de azúcar y etanol. Raízen energía es el mayor productor del mundo de azúcar y etanol, y ahora opera la mayor planta de biogás de América del Sur.

Y antes de despedirnos, volvemos a Santa Fe, más precisamente a Venado Tuerto, uno de los dos mayores clúster semilleros del país. Allí, la compañía Seeds Energy puso en funcionamiento una planta de biogás que utiliza los residuos de la producción de semillas de maíz para generar energía eléctrica para el sistema interconectado nacional. Se trata de la segunda planta de esta empresa. La primera, justamente está instalada en Pergamino, el otro clúster semillero. A diferencia de la cosecha tradicional, en el maíz con destino para semilla se cosecha el choclo entero. Y luego en el semillero, se separa el grano del marlo y la chala. Estos últimos, de gran contenido energético, ahora son destinados a producir energía en un biodigestor.

Hay un enorme interés por capitalizar los residuos agrícolas, pecuarios e industriales con alta carga orgánica para convertirlos en energía a partir de biogás. Pero del proceso también se obtiene el digestato, una especie de lodo muy rico en nutrientes y materia orgánica, de gran interés para una agricultura sustentable. Simplemente se trata de devolverle al campo los nutrientes que necesita para producir más biomasa. O sea, más bioeconomía.

 
 
 
 

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