Reflexiones de un… ¿debate?

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

El viernes, en una sesión especial, el Senado de la Nación Argentina aprobó por unanimidad el proyecto de Ley presentado por la legisladora santafesina, María de los Ángeles Sacnun, para prorrogar hasta el 2024 la Ley 26.093, que establece el marco regulatorio para la producción, comercialización y uso obligatorio y voluntario de biocombustibles dentro del Territorio Nacional.

En los últimos meses, la continuidad del programa de biocombustibles viene ocupando un especio importante en los medios, incluido este. De un lado, el sector petrolero jugando su partido para tratar de sobrevivir en un mundo que quiere decirle basta a los fósiles y ven en los biocombustibles una seria amenaza; y del otro, los que apuntamos a un planeta más sustentable y justo apoyado en las nuevas energías. Especialmente, los que estamos convencidos de que el camino es el nuevo paradigma de la bioeconomía, donde los biocombustibles juegan un rol central.

Conocer los motivos por los cuales los legisladores iban o no apoyar la continuidad de la Ley 26093 era de particular interés para mí.

Al poco tiempo de comenzada la sesión, las palabras de los legisladores me trajeron a la memoria una reflexión que me surgió el domingo pasado, mientras miraba por tele el Gran Premio de Portugal de Fórmula 1. Una Fórmula 1 que ya incorporó las fibras vegetales a algunos elementos de los monocascos, pero en cuanto a lo deportivo se ha vuelto un tanto predecible. Antes que se largue la competencia, uno ya se sabe que la lucha va a estar del cuarto puesto para atrás. En el último escalón del podio estará el holandés Verstapen, con su Red Bull, y delante de él, los dos Mercedes; con Lewis Hamilton en el primer puesto. Debo admitir que el británico, como dice El Chavo, ‘me cae gordo’. Hace un año, la megaestrella posteó en sus redes sociales que la agricultura es el gran problema del cambio climático. Y dijo que todos debiéramos ser veganos, que “Es la única manera de salvar nuestro planeta hoy». Sí, él, que se mueve por los autódromos en un monopatín eléctrico, pero al mismo tiempo en un año quema 2 toneladas de combustible, consume 1.000 cubiertas y se toma 200 vuelos, nos dice que no comamos carne para salvar al mundo. En fin, habrá que esperar al 2022 para ver si con los nuevos motores, que utilizarán biocombustibles, la Fórmula 1 se pone un poco más interesante.

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Volviendo a la reflexión, mientras miraba la carrera, que por primera vez se corrió en el autódromo de Algarve, en el sur de Portugal, recordé que no hace mucho subimos un artículo sobre los viñedos portugueses, donde casi la mitad de las bodegas de la región de Alentejo (la más importante en vinicultura) están utilizando compost, energías renovables, reduciendo el uso de agua, con programas de reciclaje y compromisos sociales con las comunidades locales, ayudando en colegios y hogares. Y me puse a pensar qué otras noticias tenía de ese país. Y la verdad que ninguna. Tampoco he escuchado nada sobre Portugal en los medios más importantes. Entonces me dije, que lindo debe ser un país donde no hay grandes conflictos políticos.

Y esto viene porque durante el debate, si es que puede llamarse debate porque hubo consenso absoluto sobre lo que se iba a aprobar, los legisladores se encargaron de poner casi como tema central cuánto había hecho su partido por los biocombustibles. Y en realidad, los dos bloques principales alternaron buenas y malas cuando les tocó gobernar. Y si hay Ley de biocombustibles es porque Claudio Molina, director ejecutivo de la Asociación de Biocombustibles e Hidrógeno, luego de leer dos notas en Clarín Rural de mi padre, «Póngale un choclo a su tanque» y «Póngale un poroto a su tanque», redactó el proyecto de Ley que sirvió de base para la 26.093 en el año 2000. Luego de mucho insistir, en 2004, encontró en Carlos Mallaviabarrena, asesor del Senador Luis A. Falcó, el puente para ir junto a un puñado de miembros que hoy componen la organización a golpear las puertas de cada uno de los legisladores para mostrarles los beneficios de incorporar los combustibles renovables a la matriz energética. Así entusiasmaron a Javier De Urquiza, que fue clave para involucrar al oficialismo en el proyecto. Nadie imaginó en aquel momento que los biocombustibles podrían llegar a ser tan importantes como los son hoy.

Más allá de esto, es sumamente rescatable es que durante el debate, los 15 senadores que tomaron la palabra, le dieron un fuerte respaldo a los biocombustibles, y todo lo que de ellos deriva, como la mitigación de gases de efecto invernadero, la creación de nuevas empresas, el agregado de valor, la federalización de la economía, la creación de pymes, las nuevas industrias aguas abajo que fueron surgiendo, el ahorro y la generación de divisas por sustitución de importaciones de fósiles y exportaciones de biocombustibles, y todo lo que venimos escribiendo a diario en este portal. Y también hubo coincidencia en que es necesaria una nueva Ley, que cree una política de estado en favor de los combustibles biológicos.

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Pero quisiera detenerme sobre algunos puntos que fueron expuestos por los legisladores. El primero tiene que ver con un planteo del senador por la provincia de Jujuy, Guillermo Snopek, quien se refirió a que el maíz debe ser destinado al alimento de los argentinos. El hambre de los argentinos poco tiene que ver con que el maíz se utilice para producir biocombustibles. Apenas 1,5 millones de toneladas de las más de 50 que se producen en el país se destina a biocombustibles. Si fuera así, las más de 60.000 hectáreas que se siembran en Jujuy con caña de azúcar, debieran destinarse a la producción de proteínas. Pero ni siquiera tiene sentido esta discusión. Bajo el nuevo enfoque de la bioeconomía, donde se incluyen los biocombustibles, se persigue la máxima eficiencia. Del cereal se extrae el almidón para elaborar combustible y las proteínas y las fibras que tiene el grano, que son las que aportan el valor nutritivo, se destinan para la producción de alimentos. Por eso el debate ‘alimentos vs energía’, que fue planteado en la década del ’90, ha quedado obsoleto, y hoy hablamos de lo que en inglés se conoce como las tres F: ‘Feed, Fuel, Fiber‘ (alimentos + energía+fibras). De hecho, el senador por Salta, Juan Carlos Romero, habló de la necesidad de impulsar la producción de etanol de maíz en el Norte, donde hay un enorme potencial para producir el cereal, pero el elevado costo del flete hasta el puerto lo hace inviable. Por eso se necesita procesarlo localmente. Y hasta se puede combinar con la producción de etanol de caña en el período fuera de zafra, haciendo más eficiente el funcionamiento de las destilerías.

De forma más o menos similar, la senadora por Buenos Aires, Gladys González, pidió ser más ambiciosos en temas ambientales. Y habló del uso del suelo, de los biocombustibles de segunda y tercera generación que no utilicen materias primas derivadas de cultivos cuyo fin es la producción de alimentos, hasta tanto lleguemos a la movilidad eléctrica. Aquí cabe la misma observación que en el caso anterior. Y me puedo referir también a la soja, donde una tonelada de grano entrega 800 kg de harina de soja (45% de proteína) y 200 kg de aceite. Más o menos la cuarta parte del aceite de soja producido en el país termina en biodiesel. Y parte de la glicerina, un co-producto de la producción de biodiesel, se utiliza como insumo para elaborar alimentos. La otra parte va para reemplazar fósiles en cosméticos, medicamentos y químicos. Y pensar que un futuro la movilidad tiene que ser exclusivamente eléctrica es no entender la real dimensión de lo que significa la movilidad sostenible. Es más eficiente un vegetal para capturar la energía del sol que una célula fotovoltaica. Por eso es menor la huella ambiental de un automóvil flex que utiliza etanol en Brasil, que un automóvil 100% eléctrico enchufable que ha cargado sus baterías con energía renovable exclusivamente, cuando se mide todo el ciclo de vida, del auto y de la energía que consume.

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Bioenergías a fondo

El último en tomar la palabra fue el Senador Uñac, presidente de la comisión de Minería y Combustibles. Explicó que era necesario aprobar la renovación de la Ley 26.093 por cuatro años, ya que no había tiempo legislativo para discutir una nueva Ley que garantice la seguridad jurídica que se requiere para que vuelvan las inversiones. Y entonces me pregunto, ¿Si estamos todos de acuerdo, por qué no la tratamos antes? No me digan que no hubo tiempo, porque sí lo hubo para declarar ‘lugar histórico nacional al predio donde se emplaza la gruta que alberga a la Virgen del Valle, en el barrio de Choya en Catamarca’, ¡Posta! No digo que no sea importante, ¿Pero era realmente más urgente que los biocombustibles?

Solo espero, que antes de 2024, tengamos la Ley de biocombustibles que se merece. Incorporando el biometano, el combustible flex, el jet-fuel, mayores cortes, y sobre todo, las garantías necesarias para que el precio y los cupos que correspondan se fijen de manera transparente y con la certeza que no van a poder ser modificados a voluntad del funcionario de turno. Y volverán a fuir las inversiones en biocombustibles con todas las externalidades positivas que de ellos derivan. Por el bien del planeta, y por el bien del país.

 
 
 
 

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