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jueves, agosto 18, 2022
 

En defensa de los biocombustibles argentinos

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Cosechando ricino con GreenTech Science

El equipo de Bioeconomía TV estuvo en Jesús María, Córdoba, acompañando la cosecha de ricino y dialogando con Matías Baigros, responsable de producción de la compañía.
 
 

En los últimos meses, organizaciones europeas “pseudoambientalistas” han intensificado sus críticas a la utilización de ciertos tipos de biocombustibles, que generalmente coinciden con aquellos que son producidos fuera del bloque. Estas agrupaciones suelen utilizar argumentos muy sensibles a la opinión pública, como posibles escenarios de deforestación o inseguridad alimentaria en el caso que se promueva su mayor utilización. Bajo estos argumentos, han convencido al sector político para avanzar sobre cambios en las reglas de juego que limiten la utilización de estos combustibles limpios bajo el “Principio Precautorio”, provocando serios perjuicios a empresas de diferentes partes del mundo y, sobre todo, demorando la lucha contra el cambio climático.

Los modelos sobre los que se basan los argumentos de estas organizaciones no están basados en datos verificables de la realidad. Parten del concepto de ‘ILUC’, que se refiere a un potencial cambio indirecto del uso del suelo por la mayor utilización de estos biocombustibles. Las organizaciones plantean que esta expansión podría provocar deforestación a partir de la expansión de la frontera agropecuaria, el avance sobre la superficie destinada a la producción de alimentos, o sobre praderas o pastizales naturales. Sin embargo, un estudio realizado por un equipo interdisciplinario con especialistas de distintos países revisó la documentación presentada por estas organizaciones y desmiente categóricamente los argumentos expresados en ella.

En defensa de los biocombustibles argentinos
Jorge Hilbert, asesor de nivel internacional en Gestión de Actividades de Innovación en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina.

Específicamente, los hallazgos del equipo internacional encontraron que los escenarios planteados por las ONGs se basan en el resultado de proyecciones de modelos econométricos que fueron diseñados para lograr estudiar escenarios y no para predecir el futuro de lo que pueda suceder con el uso del suelo. Específicamente, se encontró que los impactos directos e indirectos en el uso del suelo por la mayor producción de bioenergía, basados en datos históricos, fueron sobreestimados significativamente. En particular para aquellos cultivos que se utilizan para elaborar biocombustibles convencionales, como el biodiesel de aceite de soja. Otra de las conclusiones que encontraron los expertos, es que es más probable que la bioenergía moderna logre aumentar los factores de reforestación, en lugar de aumentar las tasas de deforestación, como plantean etas organizaciones.

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Todo cambia

La teoría de la ILUC es controvertida y no se ha logrado un consenso en la comunidad científica sobre su validez. Los datos y hechos contradicen la teoría. Muchos científicos desafían la credibilidad de los modelos económicos utilizados para aproximar los valores teóricos de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) proyectadas desde ILUC, que encuentran discrepancias de hasta el 400%. De hecho, la Unión Europea nunca llegó a un acuerdo para incluir ILUC como un factor de emisión adicional a sumar. En la nueva directiva, que entraría en plena vigencia el año que viene, será incorporado indirectamente a través de un factor de ‘Riesgo ILUC’ relacionado con una serie de medidas restrictivas.

En el caso argentino, el estudio muestra que las tasas de deforestación -basadas en informes anuales de Greenpeace- están disminuyendo considerablemente desde que comenzó la producción de biodiesel. Las mismas evolucionaron desde 300.000 has/año antes del surgimiento de la industria de biocombustibles a sólo 1.279 has en áreas rojas y 58.262 has sobre las áreas amarillas. Esto representa una reducción del 80 % en sólo cuatro años.

Al mismo tiempo, el equipo internacional alerta sobre la peligrosidad de realizar los análisis sobre el uso de la bioenergía sin considerar la amplia interacción e integración que existe entre los sistemas de aprovisionamiento de alimentos y bioenergía. En el caso del biodiesel argentino, que se exporta a la Unión Europea, el aceite de soja utilizado como materia prima es un subproducto de la harina proteica, cuyo principal destino también es la U.E. Ligar la expansión del cultivo de soja con los biocombustibles es un grosero error.

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Energía por el suelo

Las acciones de estas organizaciones solo están provocando que se demore la masiva adopción de biocombustibles, impidiéndole al mundo poder cumplir de sus objetivos de reducir drásticamente las emisiones en el transporte. Según nuestros estudios utilizando las normativas europeas, los biocombustibles argentinos superan holgadamente el 70 % de reducción de emisiones de carbono y son producidos bajo estrictos sistemas de certificación y auditorías ambientales.

El estudio completo puede descargarse desde este enlace.

Por Jorge Hilbert, asesor de nivel internacional en Gestión de Actividades de Innovación en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina.

 
 
 
 
 
 
 

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