El cultivo de colza florece en Kenia

Lo más leído

Columna semanal

La bioeconomía como modelo de desarrollo industrial sostenible

El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.
 
 

La región agrícola de Mau, en Kenia, está atravesando momentos de cambios. Hasta hace poco, los agricultores solo producían maíz, papa, cebada y trigo. Pero en la búsqueda de mejores opciones, las granjas se han convertido en un mar verde y amarillo, creado por el crecimiento del cultivo de colza.

La oleaginosa ha sido un alivio para los productores agrícolas de la zona, cuya producción de cebada y trigo viene en franco descenso, según cuenta Boniface Kinyua, gerente de la granja Sansora y pioneros en la producción de colza en la localidad Mau Narokel, al portal Nation Africa. «La colza se ha convertido en el cultivo ideal para aumentar nuestras ganancias mientras buscamos romper el ciclo de la cebada y el trigo», dijo.

Colza como cultivo de rotación

«Comenzamos a usar colza como un cultivo de rotación en nuestra granja de 140 hectáreas en 2016 y está teniendo un impacto positivo en la producción, ya que su incorporación ha mejorado el control de raigrás, impulsando los rendimientos de trigo de 2 tons por hectárea a 3 toneladas por hectárea», destaca Kinyua y agrega que «También los fungicidas funcionan mejor y mejora el control de enfermedades en comparación con la práctica del monocultivo».

Las instituciones gubernamentales también han adoptado el cultivo de colza por sus beneficios asociados. William Ruto, gerente de la granja Inchili de la Corporación de Desarrollo Agrícola (ADC), dice que el uso de colza como cultivo de rotación reduce el costo de los insumos en la producción de semillas de papa y controla el famoso raigrás.

Ruto dijo que antes de comenzar la cosecha, tenían un gran desafío en el manejo de malezas.

Mejorar el control de enfermedades

La firma del gobierno posee 670 hectáreas y alrededor de 30 están sembradas con colza. «Esperamos cosechar 144 toneladas de colza, lo que se traduce en un rendimiento de casi cinco toneladas por hectárea. Con el precio de mercado de USD 0,36 por kilo, significa que esta finca generará USD 52.000», dice Ruto, señalando que venderá su cosecha a una empresa privada que lo procesa para obtener aceite.

La colza se puede plantar como cultivo principal. Sin embargo, recomiendan que se utilice en rotaciones con trigo, arvejas y cebada.

Lectura sugerida

Jason Kamunya, gerente de proyectos del Centro de Excelencia para la Rotación de Cultivos en Agventure, dice que la introducción de la colza ha ayudado a los agricultores a producir de manera más sostenible al reducir la erosión y mejorar la humedad del suelo.

Anteriormente, los agricultores cultivaban trigo o cebada y luego dejaban la tierra en barbecho, lo que significa que no ganaban nada. «Pero con la colza, cuando se llega a la próxima cosecha, los fungicidas tendrán la oportunidad de funcionar mejor y mejorar el control de enfermedades», dice Kamunya.

Según el especialista, el cultivo que madura en cinco meses también mejora la salud del suelo, gracias a sus raíces profundas. “La colza consume nitrógeno que no es deseado por la cosecha de cebada. También agrega azufre y boro al suelo”, dice.

Cuando uno cultiva colza y la sigue con trigo, la producción de trigo sube a 4,5 toneladas por hectárea. Cuando se cultiva una hectárea que no se ha rotado con colza, se cosechan menos de 3 toneladas, dice Jackson Yenko, un agrónomo de la zona. Señala que la colza se cultiva por su aceite altamente nutritivo, que se extrae de las semillas.

«El cultivo contiene compuestos químicos que repelen las plagas de los cereales y funciona bien en los esquemas de rotación», destaca Yenko.

Agrega que la estructura de raíces profundas del cultivo de colza hace que los cereales sean más resistentes a los períodos secos. «Los agricultores pueden cultivar una rotación de trigo, colza y cebada, lo que ayuda a controlar mejor la erosión del suelo. El cultivo también es un supresor natural de malezas». La colza suprime el raigrás y el pasto bromo, que se han convertido en malas hierbas rebeldes y muy difíciles de controlar.

Mejora la fertilidad del suelo

Las semillas de pasto bromo pueden permanecer inactivas en el suelo hasta por tres años o más, explica Yenko.

Lectura sugerida

Observa que las raíces profundas de la colza ayudan a abrir grietas en el suelo y extraen nutrientes del nivel inferior del suelo y los llevan al nivel superior. «El trigo y la cebada son cultivos de raíces poco profundas y la colza trae los nutrientes a la parte superior del suelo ayudándolos a acceder al banco de nutrientes y mejorar la estructura y el drenaje del suelo».

Yenko dice que cuando las hojas de colza se secan, caen a la superficie y se descomponen, aportando materia orgánica que mejora la fertilidad del suelo. «Tienen un contenido más alto de nitrógeno y fósforo que la paja de trigo y cebada, y esto conduce a una mayor producción y reduce el costo de operación».

La profesora Miriam Gaceri Kinyua de la Universidad de Eldoret dice que la rotación de colza mejora el rendimiento y reduce la acidez del suelo. «La rotación de colza rompe el ciclo de las enfermedades, mejora el balance de nutrientes, el drenaje, la capacidad de retención de agua y estimula una gama más amplia de bacterias y hongos beneficiosos del suelo», dijo y señaló que los pequeños agricultores también pueden cultivar la oleaginosa.

 
 
 
 
 

Últimas Noticias

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral

Con motivo de la celebración de la 'Semana de la Movilidad Sostenible', el autor relata su experiencia de transitar diferentes trayectos del ‘Camino Inca’. Un legado de conocimientos sobre ingeniería agrícola, experiencias en el uso y aprovechamiento de plantas como fuentes de alimentos y medicamentos, y destrezas en el uso de materiales locales para la construcción de viviendas.