Los biocombustibles y su rol protagónico en la batalla por convertirse en el ‘Uber del espacio’

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Apenas unos días después de que la empresa argentina Lia Aerospace lance de la localidad de Magdalena el Zonda 1.0, un cohete impulsado con biodiesel, bluShift Aerospace, otra startup enfocada en revolucionar la industria de cohetes, lanzó de forma exitosa en Maine a Stardust 1.0, su primer prototipo de cohete comercial, impulsado también con biocombustible.

Luego de dos abortos de despegue debido a las condiciones climáticas, el prototipo finalmente logró despegar y alcanzó el kilómetro de altura esperado, marcando un hito importante para una empresa que sueña con proveer misiones a medida para poner en órbita pequeños satélites.

Stardust 1.0 es un pequeño cohete de 6 metros de longitud y capaz de operar con una carga útil de 8 kg desarrollado para actuar como banco de pruebas para futuros cohetes bluShift capaces de lanzar nanosatélites. Está diseñado para ser propulsado con un combustible sólido de origen biológico.

«Salió todo a la perfección», afirmó el director ejecutivo de bluShift, Sascha Deri, luego del lanzamiento. «Aterrizó justo donde esperábamos y donde estaba planeando. No podría haber salido mejor», dijo eufórico.

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Stardust 1.0 consiguió volar más de 1.200 metros hasta desplegar un paracaídas para caer de vuelta a la Tierra.

bluShift Aerospace, fundada en 2014, tiene como objetivo servir de transporte para poner en órbita pequeños satélites desde la costa de Maine, sobre todo aquellos sobre los que se quiera tener más flexibilidad y control sobre sus órbitas, algo que no siempre se puede conseguir en misiones de mayor envergadura (donde este tipo de satélites viajan a modo de carga secundaria) y que están patrocinadas por grandes nombres tales como SpaceX o Rocket Lab. «Queremos ser el Uber del espacio, proporcionando un servicio especializado para lanzamiento de nanosatélites», afirmó Deri antes del lanzamiento.

El propio Deri es quien inventó el biocombustible. El especialista no está dispuesto a revelar su fórmula pero afirma que los ingredientes pueden obtenerse de granjas de todo el mundo. El equipo ha pasado más de seis años refinando la fórmula y diseñando un motor híbrido modular, que también es único. «Queremos demostrar que un biocombustible puede servir tan bien, o mejor en algunos casos, que los combustibles tradicionales para impulsar cohetes y cargas útiles al espacio», declaró. Y agregó que «En realidad, cuesta menos por kilogramo que el combustible tradicional para cohetes y no es tóxico. Además es neutro en carbono, lo que es mejor para nuestro planeta».

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El Zonda 1.0 también fue diseñado para utilizar biodiesel como combustible y peróxido de hidrógeno como agente oxidante y para que la nave pueda ser recuperada, apostando a la sostenibilidad.

De la misma forma que la startup argentina, bluShift tiene en carpeta crear otros dos prototipos más grandes (Stardust 2.0 y su «primo mayor», el Starless Rogue, para poder transportar cargas mayores. Según el CEO, Stardust 2.0 podrá estar listo para su primera prueba a finales de este año, si bien la compañía aún tiene que encontrar un lugar en la costa de Maine para lanzar cohetes de mayor envergadura.

 
 
 
 
 

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