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Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y para 2050 la Organización de las Naciones Unidas espera que esa proporción alcance el 68%. Esto significa que habrá muchas más viviendas, carreteras e infraestructura.

Según el diario The Economist, sólo en la India, el equivalente a una ciudad del tamaño de Chicago o de Rosario tendrá que desarrollarse cada año para satisfacer la demanda de viviendas. Este auge en la construcción es un mala señal para hacer frente al cambio climático, porque la fabricación de acero y hormigón, dos de los materiales de construcción más comunes, genera alrededor del 8% de las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono del mundo. Si las ciudades se expanden y, al mismo tiempo, quieren mantenerse amigables con el clima, habrá que pensar en otros materiales.

La madera es una de las alternativas sostenibles más prometedoras. Sin embargo, no es la madera cotidiana, el aglomerado o la madera contrachapada lo que atrae el interés de los arquitectos. Más bien, es un material llamado madera de ingeniería. Se trata de un material compuesto de diferentes capas, cada una diseñada para satisfacer los requisitos de componentes específicos como suelos, paneles, columnas y vigas.

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Además de diseñar la forma de un componente, los diseñadores pueden alinear las fibras en las capas para proporcionar niveles de resistencia que rivalizan con el acero, en un producto que es hasta un 80% más liviano. Además, esta madera suele venir prefabricada en grandes secciones. Eso reduce el número de entregas que se deben realizar en una obra de construcción.

Todo esto marca una gran diferencia en las emisiones de dióxido de carbono. Michael Ramage, de la Universidad de Cambridge, describió un edificio de madera de 4 pisos y 300 metros cuadrados construido en esa ciudad. Erigirlo generó 126 toneladas de CO2 equivalente. Si se hubiera construido con hormigón, el recuento habría subido a 310 toneladas. Si se hubiera utilizado acero, las emisiones habrían superado las 498 toneladas. De hecho, desde un punto de vista, este edificio podría ser visto como «negativo de carbono». Cuando los árboles crecen, encierran el carbono en su madera, en este caso el equivalente a 540 toneladas de CO2. Preservarlo en el edificio de Cambridge en lugar de que sea reciclado por escarabajos, hongos y bacterias, asegura que ese carbono  esté fuera de la atmósfera por un prolongado período de tiempo.

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Si la construcción con madera despega, crecerán las preocupaciones sobre si hay suficientes árboles. Pero con bosques gestionados de manera sostenible, no debería ser un problema, dice el Dr. Ramage. Un departamento de tamaño familiar requiere unos 30 metros cúbicos de madera, y estima que los bosques sostenibles de Europa crecen por sí solos esa cantidad cada siete segundos.

Tampoco es el fuego un riesgo, ya que esta madera no se quema fácilmente. Según un informe del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, en Alemania, las grandes maderas estructurales son resistentes al fuego porque sus núcleos internos están protegidos por una capa natural que le confiere propiedades ignífugas. Por lo tanto, es difícil que el fuego los destruya. Y, para mayor incombustibilidad, se pueden adicionar tratamientos ignífugos adicionales a la madera. En total, entonces, parece que la madera como un material de construcción puede obtener un nuevo contrato de vida.

 
 
 
 
 

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