La Agencia Internacional de Energía reacciona ante las campañas que cuestionan el uso de biomasa leñosa

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«La energía procedente de la biomasa leñosa puede ser muy positiva para el clima, especialmente cuando se aplican prácticas de gestión forestal sostenible, y cuando la biomasa se utiliza de manera eficiente en las centrales térmicas y eléctricas combinadas, así como en biorrefinerías», dijo en un comunicado la Agencia Internacional de Energía (IEA), el organismo que coordina las políticas energéticas de los Estados Miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).

La declaración de la IEA llega como respuesta a una campaña mediática, principalmente en los países europeos, asociando esta fuente de energía con la sobreexplotación de los bosques.

La combustión es la forma más utilizada de convertir la biomasa leñosa en energía, particularmente en forma de calor y/o electricidad. Esto puede llevar a algunas personas a creer que las empresas y organizaciones del sector de la biomasa están ‘cortando los recursos forestales y quemando los árboles en busca de energía’. Estas ideas son las que pregonan algunos grupos de presión ambiental con campañas en diversos medios de comunicación. «Desde aquí se manifiestan en la mente del lector común y también entre los científicos que no están familiarizados con los sistemas forestales y bioenergéticos», dijo el periodista británico independiente sobre medio ambiente, Robin Whitlock.

«Estas campañas de los medios de comunicación también suelen ignorar los numerosos pasos que ya se han dado hacia la gestión forestal sostenible, en particular en Europa y América del Norte», agregó.

Para aclarar estos conceptos erróneos sobre la bioenergía forestal, la oficina de Bioenergía de la AIE preparó un breve documento en el que se presentan datos clave sobre el uso de la biomasa forestal para la mitigación del cambio climático.

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Teniendo en cuenta el papel crucial de los bosques para el clima y muchos otros servicios ecosistémicos, la gestión forestal sostenible es clave para mantener bosques sanos y productivos, y para controlar los niveles de cosecha a fin de mantener o aumentar las reservas de carbono en los mismos.

En este marco general, los esfuerzos para aumentar la superficie forestal mundial mediante la reforestación y la forestación, y las estrategias de gestión destinadas a mantener o aumentar las reservas de carbono, al tiempo que producen un rendimiento anual sostenido de madera, fibra y energía procedente de los bosques son muy importantes para la mitigación del cambio climático; estas estrategias contribuyen a sustituir los materiales y los combustibles fósiles que consumen mucho carbono, lo cual es crucial en futuras estrategias de descarbonización.

La mayor parte de la biomasa leñosa procedente de energía es un subproducto o residuo de las operaciones forestales y la industria forestal. Algunos ejemplos de manejo forestal son los adelgazamientos, árboles, copas y ramas enfermos o de baja calidad; ejemplos de la industria forestal incluyen virutas, aserrín, corteza y licor negro.

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En general, el objetivo principal del sector forestal es producir productos de alto valor, como madera aserrada y paneles de madera, o pulpa, papel  y otros productos de base biológica. El uso de subproductos y residuos de energía se ha encontrado típicamente para lograr beneficios de mitigación del cambio climático a corto plazo.

La IEA no recomienda utilizar madera de tallo de alta calidad de larga rotación para la producción de energía. Tampoco la tala de bosques enteros. Sin embargo, destaca que no debe ser excluida la madera redonda de menor valor procedente de la silvicultura de rotación corta, los adelgazamientos, los árboles enfermos o de baja calidad.

El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea constató que alrededor del 50 por ciento de la madera utilizada con fines bioenergéticos en la UE se deriva de productos secundarios, como subproductos de la industria forestal y madera post-consumo recuperada, 17 por ciento de copas de árboles, ramas y otros residuos, y 20 por ciento de madera de tallo, que es principalmente madera de adelgazamiento de tallo pequeño y tallos cosechados de mala calidad que no pueden utilizarse en aserraderos o producción de pulpa y papel.

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Para Whitlock, la industria es consciente que cualquier cosecha de biomasa, ya sea para bioenergía, material de construcción, papel u otro uso, debe ocurrir dentro de los límites de sostenibilidad. Ello implica la adopción de principios de gestión y recolección que proporcionan salvaguardias contra la sobrecosecha y el mantenimiento de la sostenibilidad ecológica, así como los valores culturales y recreativos. Y asegura que es esa la razón por la que en los últimos 30 años se han desarrollado y desplegado esquemas de gestión forestal sostenible, como los esquemas aprobados por el FSC o el PEFC.

«Cientos de millones de hectáreas de bosques en todo el mundo están certificados actualmente por FSC o PEFC», dijo el reportero, destacando además que muchos países han adoptado principios similares de ordenación forestal en sus legislaciones forestales nacionales o regionales.

 
 
 
 
 

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