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jueves, agosto 18, 2022
 

Exportar alimentos con valor, la gran oportunidad hacia 2030

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Cosechando ricino con GreenTech Science

El equipo de Bioeconomía TV estuvo en Jesús María, Córdoba, acompañando la cosecha de ricino y dialogando con Matías Baigros, responsable de producción de la compañía.
 
 

En los próximos años el mundo le ofrecerá a la Argentina una oportunidad sin precedentes. Ante un contexto de crecimiento poblacional, particularmente de la clase media, la demanda de alimentos aumentará tanto en volumen como también en valor y diversidad, y solo un puñado de países estarán en condiciones de abastecerla.

El primer gran paso para aprovechar este escenario es comprender los mercados y los importantes cambios que se están generando en el consumidor global, super exigente e informado, y cada vez más consciente de su responsabilidad social. Podríamos resumir tres grandes tendencias.

1-La salud y la alimentación van de la mano

Hay una conciencia social muy fuerte de los beneficios que trae a la salud una dieta equilibrada y nutritiva. Por ello se consumen menos hidratos de carbono y grasas, y aumenta la demanda de proteínas, vitaminas y fibras. Desde el punto de vista geopolítico, en lo que respecta a las proteínas, en Occidente, comienza a bajar levemente el consumo de aquellas de origen animal al reemplazarse por proteínas de origen vegetal provenientes de legumbres y semillas. En Oriente, su consumo también seguirá aumentando, así como también lo harán las proteínas de origen animal, especialmente la carne de carne de cerdo, pollo y vaca a tasas de entre el 2 y el 3% anual, en un mercado que cuenta con el 61% de la población mundial.

Se piensa en sustitutivos del azúcar a base de frutas y verduras. Aparte de alternativas como la stevia y la miel, se pueden generar jarabes dulces de frutas, verduras, plantas y almidones. Las exportaciones de frutas finas y los frutos secos van a continuar creciendo.

También, comienza a demandarse cada vez más y a mayores valores, aquellos alimentos y/o componentes que aporten beneficios específicos y probados a la salud física y mental. Son los llamados alimentos funcionales y nutracéuticos. Por otra parte, se habla de “superalimentos” (como término marketinero, ya que no están reconocidos así de forma oficial) para referirse a cierto grupo de productos ricos en determinados nutrientes, como las semillas de cáñamo, chía, quínoa, sésamo, arándanos, paltas, almendras, granada, kale, gérmen de trigo, maíz morado, coles, entre otras que podemos producir en Argentina.

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Pero la mayor preocupación del consumidor es la seguridad de que lo que se come sea inocuo y seguro, mucho más luego de la pandemia. Según la FAO, cada año en el mundo se enferman 600 millones de personas – casi 1 de cada 10 habitantes – por ingerir alimentos en mal estado y alrededor de 420.000 mueren por esta causa. Por ello, el consumidor le otorga mucho valor a la calidad de las materias primas y sus procesos, a conocer su origen y el camino recorrido hasta llegar a sus manos. Toda esa información es lo que llamamos trazabilidad. Según un estudio de IBM hecho en 26 países, el 79% de los consumidores considera importante que las marcas brinden autenticidad garantizada, como certificaciones y transparencia, y están dispuestos a pagar por ello un 37% más.

2-Dietas especiales para diferentes nichos

De acuerdo a un estudio de IBM, los consumidores de todas las edades o ingresos están dispuestos a pagar primas mucho más altas por productos alineados con sus valores y necesidades personales. Así, por ejemplo, en los últimos años viene registrándose una gran proliferación de productos sin TACC, libres de gluten, grasas, alérgenos u otros componentes. También se están desarrollando productos para un público determinado como los adultos mayores, niños, deportistas, entre otros.

Otra fuerte tendencia es la inclinación por el vegetarianismo y el veganismo. Los motivos son varios y tienen que ver con cuestiones ambientales, éticas, nutritivas, de preferencias, de moda, etc. Un informe de la Comisión Europea señala que el mercado de alimentos para proteínas vegetales está experimentando un crecimiento de dos dígitos, impulsado por la demanda de alternativas a la carne y a los lácteos. Se estima que este mercado pasará de 18.500 millones de dólares en 2019 a 40.600 millones de dólares para 2025, según datos de MarketsandMarkets.

Además, no solamente el público vegano es el único que buscan alimentos elaborados con proteínas vegetales. El 86% de las personas que compran estos productos, también consume carne. Incluso el mercado resulta atractivo para las empresas cárnicas que no quieren quedarse afuera como Cargill o Nestlé. En esta misma línea, Burger King revolucionó la industria del Fast-Food cuando lanzó la “Impossible Burguer”, una hamburguesa idéntica a una de carne pero hecha 100% a partir de plantas. El éxito fue tal, que a su competencia Mc Donalds no le quedó otra alternativa que anunciar la suya a partir de este 2021. En Rosario la empresa local Frizata hizo su propio lanzamiento.

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Por último, una ola abstemia, en especial en los más jóvenes, obliga a repensar el portfolio de bebidas sin alcohol. En el mundo crece el mercado de las aguas saborizadas, bebidas energizantes y otro tipo de infusiones, ya sean frías o calientes.

3-Comer y algo más.. Una experiencia

No sólo importa el producto en sí sino los atributos que vienen con él, los valores que persiguen, los servicios que brinda. Según GlobalData, “el 60% de los consumidores están centrados en la experiencia de compra y no en el producto.

Hay una tendencia de parte de los consumidores a aquellos productos que fueron generados cuidando el planeta, o que respetan el bienestar animal, o están libres de antibióticos. También a los aspectos sociales, como el comercio justo, a las empresas responsables socialmente y que agregan valor a las comunidades. Podemos observar en diversos estudios cómo crece año tras año la demanda de alimentos orgánicos por encima de los tradicionales. Por otra parte, el 70% de estos compradores pagaría un 35% más para compras sostenibles, como productos reciclados o ecológicos y un 57% incluso está dispuesto a cambiar sus hábitos de compra para ayudar a reducir el impacto ambiental.

Al mismo tiempo, crecen las opciones de comidas listas o precocidas donde sólo es necesario calentar o cocinarla unos minutos. El delivery alcanza un nuevo nivel a través de las nuevas aplicaciones y plataformas virtuales.
También están cobrando una mayor popularización nuevos alimentos y nuevas experiencias de consumo como comidas étnicas, comer fuera de casa o el turismo gastronómico. Las empresas apuntan a los millenials con productos más originales, ampliando su oferta con ingredientes más saludables o con productos ecológicos, como snacks más sofisticados y sanos, frutas deshidratadas, alimentos fermentados, sabores umami, harinas alternativas, entre muchos más.

Exportar alimentos con valor, la gran oportunidad hacia 2030
Mayco Mansilla.

Todos estos mercados están en expansión y muchos de ellos, incluso, se encuentran insatisfechos actualmente. Como la demanda excederá la oferta, es lógico pensar que los valores de estos nichos continuarán incrementándose y la brecha de precios entre productos convencionales y diferenciados continuará creciendo.

Las empresas que mejor entiendan las necesidades de los consumidores y las que estén en eslabones más próximos a ellos son los que tendrán mayores posibilidades de capturar valor. Esto representa para la bioeconomía argentina una oportunidad sin precedentes. En primer lugar, porque solo 10 países van a poder exportar alimentos a gran escala hacia 2030: Australia, Nueva Zelanda, Canadá, EEUU, Rusia, Ucrania y los 4 países del Mercosur. Pero además, la Argentina cuenta con ventajas sobre algunos de ellos. Los dos primeros de la lista tienen limitaciones climáticas para poder incrementar su producción. Respecto de los países norteamericanos, podemos producir a menores costos, y frente al resto tenemos mayor diversidad de ambientes y mayor tecnología. Además, contamos con el conocimiento y la tecnología para hacerlo de forma sostenible y eficiente. Aún con las dificultades políticas, gremiales y estructurales con las que contamos estamos en condiciones de poder competir. Ejemplos de ello, sobran.

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Ahora bien, necesitamos transformar esta situación en ventajas competitivas, diversificando, trazando, certificando, transformando, adaptando, agregando conocimiento y servicios, mejorando la calidad del producto y de los procesos, innovando. Para ello, es imprescindible crear equipos interdisciplinarios y alianzas estratégicas. Significa una gran oportunidad para diversificar nuestra matriz productiva, generar empleo de calidad, capturar mayor valor y generar el desarrollo federal, equilibrado y sostenible que Argentina necesita.

Por Mayco Mansilla, ingeniero agrónomo y maestrando en Negocios Agroalimentarios. Además es Gerente Técnico de la Chacra de Valor Agregado en Aapresid.

 
 
 
 
 
 
 

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