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domingo, julio 3, 2022
 

El ‘Buttergate’ pone a los tamberos canadienses bajo la lupa

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La controversia denominada ‘Buttergate’ ha causado serios dolores de cabeza a los productores tamberos canadienses, pero esperan que las acciones que están tomando, permita dejarlo definitivamente como un recuerdo agrio. Se trata de una situación llena de lecciones sobre la confianza pública en el sistema alimentario, tanto en Canadá, como en todo el mundo.

Todo empezó con la pandemia. En Canadá y otras regiones del planeta, los gobiernos exigieron a los ciudadanos recluirse en sus casas provocando que muchas personas cocinen y horneen mucho más que antes. Como consecuencia, la demanda de manteca o mantequilla, que se consume principalmente en el hogar pero también en restaurantes finos, tuvo un salto en más del 12% de la demanda típica, según datos de Dairy Farmers of Canada (DFC).

Para satisfacer esta demanda, muchos productores tamberos canadienses incorporaron, o aumentaron la proporción de ácido palmítico en las dietas de sus rodeos, lo que les permitió producir leche con un mayor contenido de grasa.

Este cambio en la dieta tuvo una consecuencia no deseada en la producción de manteca. Que no se ablanda como lo hace la manteca normal a temperatura ambiente.

A fines de 2020, los cuestionamientos llegaron a las redes sociales. El Dr. Sylvain Charlebois, uno de los analistas de la industria alimentaria más reconocidos en Canadá, y además, director senior del Laboratorio de Análisis Agroalimentario de la Universidad de Dalhousie alertó a través de Twitter de la situación en diciembre. Pero fue recién en febrero de 2021 cuando estalló el tema.

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Una de las autoras de libros de cocina más famosa de Canadá, Julie Van Rosendaal, planteó preguntas al público sobre la manteca y la repercusión fue enorme. «¿Has notado que ya no está suave a temperatura ambiente?», posteo. Cientos de cocineros caseros respondieron con problemas similares.

Los medios de comunicación recogieron la historia y, a fines de febrero, Charlebois escribió un artículo en el que afirma que cree que la mayor parte de la manteca de Canadá definitivamente se ha vuelto más dura.

En Canadá, el sector lácteo tiene una presencia importante en las 10 provincias y la oferta se establece a través cuotas de producción en función de las previsiones de demanda. Agregar suplementos energéticos a base de aceite de palma a la alimentación de las vacas es una práctica de décadas que se dice que aumenta la producción de leche de las vacas y aumenta el contenido de grasa de la leche.

Desde el verano, cientos de agricultores de todo el país han intensificado el uso de sustancias de aceite de palma en un intento por aumentar la oferta. La Asociación de Procesadores de Lácteos de Canadá dijo a Real Agriculture que no ha habido cambios en la producción de manteca ni en las regulaciones nacionales de ingredientes.

Se han realizado pocas investigaciones sobre el verdadero impacto del aceite de palma en los lácteos, pero los expertos agrícolas dicen que la manteca hecha de vacas alimentadas con aceite de palma tiene un punto de fusión más alto y, por lo tanto, puede ser más difícil de esparcir a temperatura ambiente.

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Charlebois dijo que el aceite de palma es un ingrediente legal en la alimentación de las vacas lecheras, pero la investigación muestra que puede aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas en las personas.

Su producción también daña el medio ambiente, dijo, lo que la convierte en una práctica «éticamente cuestionable» para la industria láctea, que según Charlebois depende en gran medida del gobierno canadiense y, por extensión, de los contribuyentes.

«Esperemos que la industria láctea pueda limpiarse antes de que su contrato moral con los canadienses se dañe permanentemente», concluyó.

En respuesta a las quejas, Dairy Farmers of Canada emitió un comunicado argumentando que los productos de palma «ayudan a proporcionar energía a las vacas y no se han identificado efectos indeseables derivados de su uso en las raciones de alimentación de las vacas».

Señalaron que los agricultores de otros países, incluidos el Reino Unido y los Estados Unidos, también utilizan suplementos de productos de palma. El grupo dijo que, no obstante, reuniría un comité de expertos, compuesto por varias partes interesadas de los productos lácteos, incluidos los consumidores, para abordar las preocupaciones.

En respuesta a esta crisis, la asociación de productores de lácteos de Quebec pidió que se deje de utilizar ingredientes que contengan aceite de palma o sus derivados. Agropur, una gran cooperativa de productos lácteos también de Quebec, declaró que acogió con satisfacción la decisión y que está «activamente involucrada en las discusiones con las asociaciones de productores de leche y sus clientes y consumidores sobre el aceite de palma».

Sin embargo, el profesor emérito de la Universidad de Saskatchewan, David Christensen, explicó en un artículo en CBC que sin aceite de palma o sus derivados, los productores de leche canadienses tendrán pocas opciones. No existe un suplemento tan eficaz como el ácido palmítico, aseguró, para aumentar la grasa de la leche para cumplir con los requisitos de la manteca.

La situación plantea varios problemas graves de confianza pública. El primero de ellos es que los canadienses se han sorprendido y disgustado porque la composición (y usabilidad) de un producto tradicional se ha modificado sin su participación o consentimiento, y con un ingrediente que se ha demostrado que aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca y que en algunas partes del mundo implica prácticas insostenibles.

En otras palabras, han estado consumiendo grasas que no deseaban consumir y, sin saberlo, han gastado dólares en productos que no han estado a la altura de sus expectativas y que potencialmente ha puesto en riesgo su salud.

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Por otro lado, los consumidores canadienses también se han sorprendido de que se esté alimentando al ganado con un ingrediente importado para aumentar el nivel de grasa de la leche; quizás habían percibido la manteca canadiense como un producto totalmente canadiense (producida con ingredientes totalmente canadienses y cultivados en granjas canadienses), pero ese no fue el caso en 2020.

Sin embargo, John Jamieson, presidente y director ejecutivo del Centro Canadiense para la Integridad Alimentaria (CCFI) dijo que no hay evidencia de que alguien haya cambiado deliberadamente la composición de la mantequilla sin informar al consumidor y que ha leído varios artículos de investigadores independientes que afirman que la composición de la mantequilla se puede cambiar debido a muchos factores diferentes.

Jamieson cree que “si el sector adopta un enfoque sincero y admite irregularidades, la mayoría de la gente lo aceptará. Luego, el sector debe seguir con acciones correctivas. No creo que el público espere la perfección, pero sí creo que esperan avances, un compromiso y acciones que conduzcan a la mejora continua. También creo que la industria alimentaria es tan buena como su eslabón más débil», dijo.

Mientras tanto, Charlebois contó que se está desarrollando una tecnología que permitirá a los procesadores de lácteos detectar los ácidos palmíticos en la leche que reciben.

 
 
 
 
 
 
 

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