Microsoft compró créditos de carbono agrícolas a una cooperativa brasilera de pequeños agricultores

Lo más leído

Columna semanal

COP26: más cerca de los objetivos de París, los privados lideran y Argentina escondió su mejor versión

Las promesas de los líderes por primera vez nos ubican dentro de los objetivos del Acuerdo de París. Una descarbonización que viene liderada por los privados, que representa una oportunidad para Argentina, pero que necesita mostrar lo bueno que hace.
 
 

Como parte de su compromiso de convertirse en carbono neutral para 2030, la compañía tecnológica Microsoft compró 242 unidades de créditos de carbono agrícolas (CRU) a la Cooperativa Agricola Mista de Tomé-Açu (CAMTA), que nuclea a más 1.800 pequeños agricultores del Nordeste de Brasil.

La operación fue realizada a través de Acorn, el mercado de créditos de carbono agrícolas de Rabobank y gracias a los esfuerzos de a startup holandesa-brasileña reNature, que se asoció con CAMTA para permitirle obtener su primera ronda de créditos de carbono.

Microsoft invirtió unos 25.000 reales (U$S 4,647) en pagos para los agricultores de CAMTA, proporcionando a cada productor aproximadamente 100 reales (U$S 18,59).

En febrero pasado, Microsoft incursionó en el mercado de los créditos de carbono agrícola al comprar a una Wilmot Cattle Co, una compañía ganadera australiana un equivalente a 43.338 toneladas de carbono a través de una plataforma de blockchain.

Créditos de carbono agrícolas: una ayuda a los pequeños agricultores 

Acorn tiene como objetivo proporcionar a los pequeños agricultores acceso al mercado emergente de créditos de carbono. También espera ayudar a abordar el cambio climático en las comunidades rurales, así como la inseguridad alimentaria y la degradación de la tierra. Su objetivo es trabajar con 15 millones de agricultores en todo el mundo para cubrir en 2025 un área tres veces mayor al tamaño de los Países Bajos con sistemas agroforestales y capturar el equivalente a 150 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono al año, dijo la compañía.

Lectura sugerida

El programa Acorn está abierto a agricultores con menos de cinco hectáreas que se han dedicado a la agrosilvicultura o agricultura regenerativa durante cinco años o menos, y que aún no han monetizado ningún crédito de carbono. La tierra también debe haber estado libre de deforestación durante los últimos cinco años.

Cofundada por Felipe Villela y Marco de Boer, reNature tiene como objetivo ayudar a los agricultores en la transición a prácticas regenerativas. Brinda asistencia técnica, monitoreo de impacto, recursos financieros y acceso a mercados premium internacionales. Su objetivo general es alcanzar los 100 millones de hectáreas regeneradas para 2030 y, al mismo tiempo, apoyar a más de 10 millones de productores en la transición.

La startup había logrado recaudar de inversores privados 550.000 euros (677.000 dólares) a principios de este año.

CAMTA, que tiene sus raíces en la comunidad japonés-brasileña, comprende 132 agricultores, con más de 10 años de experiencia en el cultivo de sistemas agroforestales en aceite de palma, acai, cacao, pimienta, castaña y otras frutas, según Villela.

El ejecutivo describe a los agricultores de CAMTA como «inmediatamente interesados» en participar en el proyecto. “Nunca esperarían recibir dinero por los árboles que plantaron hace 10 años para dar sombra al cacao”, dijo en diálogo con AFN .

Elegir una metodología de contabilidad de carbono

A medida que los mercados de carbono ganan más impulso en la agricultura, se están formulando preguntas sobre el método correcto para cuantificar el carbono secuestrado. El meollo del debate se reduce a cuestiones como si las muestras de suelo siempre son necesarias, la profundidad adecuada para el muestreo, la frecuencia con la que deben registrarse los muestreos o si el modelado estadístico es suficiente para cuantificar el carbono secuestrado.

Lectura sugerida

Acorn está desarrollando CRU basados ​​en una medida de carbono almacenado en árboles plantados y biomasa en la cubierta vegetal. Las CRU de Acorn solo se venden después de que los árboles hayan convertido su carbono en biomasa. Dice que la medición se realiza utilizando tecnología de teledetección, incluidas las imágenes de satélite.

Acorn también tiene sus CRU certificadas por organizaciones como Verra / VCS Verified Carbon Standard y The Gold Standard.

Villela afirma que esto distingue los CRU de Acorn de otros créditos de carbono porque «representan carbono real que ya no está en la atmósfera». “Hemos realizado una medición de verificación en tierra calculando el potencial de biomasa y validado los datos con tres socios tecnológicos de imágenes satelitales diferentes de Rabobank”, destacó.

“La metodología de Acorn no es nada nuevo, es un método antiguo para medir el carbono en la superficie. [Pero] es único por su precio-calidad y su enfoque en los pequeños agricultores agroforestales”.

Los mercados de carbono en la agricultura ganan terreno

Los mercados de créditos de carbono agrícolas están ganando cada vez más atención. Un informe reciente de McKinsey indica que la demanda de créditos de carbono agrícolas podría aumentar 15 veces o más para 2030 y 100 veces para 2050. Jugadores como Cargill, Farmers Edge, FBN, Indigo Ag, Land O’Lakes, Nori y Regrow Ag se  están involucrando en el juego.

Lectura sugerida

Villela tiene algunos reparos sobre el sector que continúa expandiéndose a un ritmo meteórico.

“Hemos visto muchas iniciativas de créditos de carbono que todavía dependen de la agricultura convencional, labrando intensamente el suelo, sin utilizar cultivos de cobertura, sin diversificar el sistema y solo viendo [el mercado] desde una perspectiva premium”, dice.

“No están muy interesados ​​en tener un enfoque más holístico, impactar positivamente en la biodiversidad o aumentar la salud del suelo, la calidad del agua y la resiliencia socioeconómica de los agricultores”.

 
 
 
 
 

Últimas Noticias

En Illinois encuentran una población de cáñamo de agua tolerante a dicamba y crece la incertidumbre sobre las malezas resistentes

Los científicos en malezas de la Universidad de Illinois, en EEUU, han confirmado la tolerancia al herbicida dicamba en una población de cultivo de cáñamo de agua (Amaranthus tuberculatus) en la localidad de Champaign.