COP26: más cerca de los objetivos de París, los privados lideran y Argentina escondió su mejor versión

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Aunque Greta Thunberg, la niña ambientalista que denunció a la Argentina ante la ONU en 2019 por no tomar suficientes medidas contra el cambio climático (la organización no dio lugar al reclamo), diga que la COP26 es un fracaso, lo concreto es que los nuevos compromisos asumidos por las naciones para reducir sus emisiones de carbono por primera vez se ubican dentro de los valores objetivo establecidos en el Acuerdo de París.

La semana pasada me preguntaba si esta iba a ser la COP más importante de la historia. Y quizás lo fue- En la COP21 de 2015, que tuvo como sede París, las naciones acordaron mantener la temperatura media del planeta «muy por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales y hacer el mayor esfuerzo posible para limitar el incremento a 1,5°C. Sin embargo, los compromisos asumidos por los gobiernos en aquel entonces, ni siquiera alcanzaron para mantener la temperatura media del planeta por debajo de los 3°C, lo cual si llegara a ocurrir sería desbastador para planeta. 

Para que París no se convierta en un fracaso, se incorporó una cláusula que exigía a los países actualizar sus compromisos cada 5 años. Los primeros cinco años vencieron el 31 de diciembre pasado, pero debido a la pandemia, los líderes decidieron postergar en la COP25 desarrollada en Madrid para la Cumbre de Glasgow, que se está celebrando esta semana. Y aquí estamos, con promesas de los gobiernos que nos ubican, ¡Por primera vez dentro de los objetivos de París!

Vaya noticia, Pero como dijo John Kerry, delegado de EEUU para el clima, hay que ser cautos porque el trabajo aún no está hecho. Esto es apenas el comienzo. Un buen comienzo y ahora habrá que exigir que esas promesas se cumplan.

Pero lo que más esperanzas me trae es que son los consumidores los que exigen productos ambiental y socialmente responsables. Las grandes, y no tan grandes, empresas tomaron nota y se están esforzando día a día para dar respuestas satisfactorias a estas demandas. Saben que si no lo hacen, a la corta o a la larga, un competidor lo hará y perderán participación en el mercado.

La fortaleza de este nuevo escenario es que esta transición es cada vez más independiente de las legislaciones ambientales de cada país. Justamente porque es el consumidor quien exige sustentabilidad y es el certificado de un tercero lo que lo acredita.

De todas formas, es esperable que se vayan corrigiendo las asimetrías entre los países con legislaciones ambientales más exigentes y aquellos más laxos. Este fue otro de los temas que se trató en Glasgow.

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En primer lugar, toma cada vez más fuerza la idea de extender el gravamen a las emisiones de carbono, hoy reservadas para los sectores de energía, combustibles y minerales fundamentalmente. Y en segunda instancia, crear un impuesto al carbono fronterizo, es decir, imponer un arancel a la importación de productos que compense la diferencia en el carbono entre el país de origen y el de destino.

Aquí es donde la bioeconomía tiene mucho para aportar. La gran cantidad de recursos biodiversos con los que cuenta Argentina y los países de la región, sumado a los encadenamientos productivos de clase mundial nos ubican ante una oportunidad única para el desarrollo de un modelo industrial de base biológica. Pero tenemos un problema. Gran parte del primer mundo cree que nuestra agricultura no es sostenible. Y eso limita todas las cadenas aguas abajo: proteínas vegetales, animales, aceites, biocombustibles, químicos verdes como la glicerina, entre muchos otros.

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Nuestra tarea como argentinos tiene que ser mostrarle al mundo que todo lo que ellos promueven como buenas prácticas agrícolas nosotros lo estamos haciendo desde hace 30 años. No existe país en el mundo que haya adoptando tan masivamente estas prácticas, que consisten en la siembra directa o labranza reducida, rotación de cultivos, cultivos de cobertura, integración entre agricultura y ganadería. Y si vamos a la eficiencia de la agricultura, Argentina lidera el ránking de kilogramos cosechados por cantidad de insumos sintéticos utilizados, o por milímetro de agua o por kg de fertilizante aplicado.

La COP es un buen lugar para hablarle al mundo de sustentabilidad. Especialmente a los que desconfían de nosotros. El presidente Alberto Fernández lo sabe y por eso aprovechó la oportunidad para pedir el pago de deuda contra la prestación de servicios ambientales.

En su discurso, Fernández también prometió una transición energética hacía el hidrógeno, para lo cual dijo que impulsará un proyecto de Ley en el Parlamento. Algo que a esta altura parece una utopía.

Me pregunto si no hubiera sido más provechoso el espacio que da la Cumbre para mostrar estos conceptos o el aporte que hicieron los biocombustibles a la descarbonización en los últimos 10 años, que al fin y al cabo, son acciones concretas y no promesas.

 
 
 
 

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