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jueves, agosto 18, 2022
 

Derribando los mitos del uso de madera en la construcción

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Cosechando ricino con GreenTech Science

El equipo de Bioeconomía TV estuvo en Jesús María, Córdoba, acompañando la cosecha de ricino y dialogando con Matías Baigros, responsable de producción de la compañía.
 
 

La madera es uno de los productos estrella para el desarrollo sostenible. Es renovable, reciclable y cuando proviene de bosques certificados y gestionados, como sucede en nuestro país, es neutra en carbono.

Argentina cuenta con un patrimonio de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, un 55% de ellas certificadas con sellos por gestión sostenible reconocidos internacionalmente. La foresto-industria del país se provee en un 95% de madera proveniente de dichas plantaciones.

La madera es fuente de materia prima para productos de primera necesidad en la población, como viviendas, muebles, papeles, energía, químicos, reemplazando, en muchos casos, el uso de productos no renovables provenientes de la minería y los combustibles fósiles. Con la aparición de las nuevas tecnologías, como la nanotecnología y las biorrefinerías, la madera está encontrando un sinnúmero de aplicaciones adicionales.

Con 13.000 productores forestales y más de 6.000 empresas, la foresto industria argentina es hoy un sector productivo que emplea en forma directa y formalmente a más de 100.000 personas y exporta productos por alrededor de 700 millones de dólares anuales.

Sin embargo, en cierto sector de la sociedad aún persisten creencias en cuanto a las limitaciones de su uso para ciertos proyectos o cuestionamientos sobre su funcionalidad, resistencia y perdurabilidad, que no son más que mitos creados sin fundamentos técnicos.

Sismos y terremotos

Una reciente investigación sobre el comportamiento de la madera ante los terremotos indica que ostenta una eficiencia probada que aventaja al hormigón en cuanto a estándares de seguridad.

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Esto se debe, principalmente, a su mayor capacidad de deformación elástica y a su diseño sísmico centrado en la vulnerabilidad de las uniones por sobre la falla de la materia prima. En tal sentido, es improbable que una construcción fabricada con madera llegue a colapsar.

Esto se fundamenta en que las fuerzas sísmicas son proporcionales al peso del edificio, lo que desencadena en que las construcciones de madera están sometidas a fuerzas que pueden llegar a ser bastante menores que las de una cimentación tradicional.

A ello se suma otra ventaja fundamental que tiene que ver con su gran capacidad elástica. La madera puede deformarse mucho más antes de que se produzca algún tipo de fallo, incluso más que otros materiales tradicionales como el hormigón y otros materiales minerales, que se agrietan y rajan con mayor facilidad.

“La madera – según indica el estudio – permite que la energía sísmica se disipe por medio de las uniones. De ahí que cuantas más uniones tenga un edificio de madera, más va a disipar la energía, lo que evita que el edificio colapse”.

Se podría decir, entonces, que tanto la madera como el hormigón se pueden agrietar y romper si se les exige demasiado, pero el metal, los clavos y los tornillos —las uniones en general— se pueden diseñar para que fallen de manera dúctil al momento de llegar al límite de su capacidad.

El auge por el uso de la madera en la construcción está impulsando una gran cantidad de investigaciones en desarrollos de nuevos procesos y cadenas productivas. De hecho, los estudios para hacerla cada vez más resistente y durable se multiplican en todo el mundo.

Madera modificada-resistencia a hongos y parásitos

Un concepto que ha surgido últimamente es el de “madera modificada”: un tipo de madera más fuerte que la madera estándar. La diferencia radica en que la madera modificada ha sido intervenida térmica o químicamente para mejorar sus propiedades.

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Si el cambio es del tipo térmico se toma una pieza de madera normal no tratada y se calienta hasta 180 °C. El contenido de oxígeno de la madera está ligeramente despojado, lo que evita que se queme. La ausencia de oxígeno ayuda a las paredes celulares de la madera a pasar por cambios que la harán una pieza de madera más fuerte y confiable.

Luego, si se trata de un proceso químico, se introducen diferentes productos para fortalecer y modificar la madera, incluidos el aceite caliente, el gas nitrógeno y el vapor. Estos procesos le dan la opción de usar madera dura o madera blanda, ya que la madera blanda modificada térmicamente tiene propiedades similares a la madera dura.

En Chile, por ejemplo, están estudiando una especie nativa – raulí – antes y después de ser modificado térmicamente para evaluar su desempeño constructivo. El ensayo se está haciendo también con un tipo especifico de eucalipto (Eucaliptus nitens). Se espera que el conocimiento obtenido permita descubrir el potencial de productos con un alto valor agregado y de alto interés del mercado forestal-maderero.

Fuego

Se sabe que la madera de por sí es un material combustible. Sin embargo, toda persona que alguna vez haya intentado encender una fogata, habrá notado que no es sencillo hacer arder madera por sí sola. Una combustión sostenida se logra solamente bajo ciertas condiciones particulares, siendo ése un hecho fundamental para la seguridad contra incendios en construcciones.

Justamente, “la principal protección es una capa de sacrificio de carbonización cuando se diseña un elemento estructural de madera. Estimando la duración total de un incendio y conociendo la tasa de carbonización, es posible dimensionar el elemento de madera de manera tal que, al finalizar el incendio, aún quede una sección suficiente para asegurar la integridad estructural del edificio” explica en un trabajo reciente.

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De hecho, “la alta masividad de los elementos constructivos de madera maciza hace que se requiera de un flujo de calor externo para producir una combustión sostenida. Así, al pirolizar —proceso de descomposición química de materia orgánica y de todo tipo de materiales, causada por el calentamiento a altas temperaturas en ausencia de oxígeno—, se genera una capa de carbón que protege la madera contra el calor de las llamas, aumentando su resistencia al fuego”.

La llama misma generada por un elemento de madera no provee suficiente calor para mantener la producción de volátiles que la alimenten. Hoy los estudios apuntan a lograr una dinámica de incendios en edificaciones de madera mediante la cual sea posible asegurar que éstos se auto-extingan. Una solución podría residir en encapsular el material con planchas de yeso-cartón, haciendo que los edificios de madera encapsulada sean casi de materialidad incombustible.

Investigaciones y análisis comprueban que la madera maciza no sólo cumple con los códigos de seguridad y protección contra incendios prescritos, sino que puede incluso superarlos. Por ejemplo, en una prueba de fuego, una pared de 18 centímetros de espesor de CLT revestida de yeso, resistió tres horas y seis minutos, entregando una hora más que los requisitos actuales del código anti-incendios.

 
 
 
 
 
 
 

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