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domingo, noviembre 27, 2022
 

Es hora de cobrar el verdadero costo de los combustibles fósiles

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El calentamiento global y sus impactos están determinados por las leyes de la naturaleza. Cuando quemamos combustibles fósiles, sus emisiones atrapan el calor en la atmósfera, lo que aumenta las temperaturas. Las temperaturas más altas hacen que el hielo polar se derrita y el agua de mar se expanda, lo que inunda las comunidades costeras. El aire más caliente absorbe la humedad de la tierra creando sequías y convirtiendo los bosques en yesca (un material que arde muy fácil) para los incendios forestales. El aire más cálido contiene más agua, lo que ahora crea eventos de precipitación tan torrenciales que se denominan «ríos atmosféricos».

Las leyes de la física establecen las reglas en el planeta Tierra. Cuando los científicos afirman que un aumento de 2 grados centígrados en las temperaturas planetarias promedio conducirá a catástrofes climáticas irreversibles, esto no es una opinión; se basa en principios bien establecidos de climatología.

Los sistemas económicos son diferentes. Las reglas económicas las ponen los políticos. Si los mercados económicos no producen los resultados deseados para la sociedad, los gobiernos pueden cambiar las reglas.

Según el ex economista jefe del Banco Mundial, Sir Nicholas Stern, “El problema del cambio climático implica una falla fundamental de los mercados”. Los productos de combustibles fósiles nunca han tenido un precio que incluya los costos reales para la sociedad de la enfermedad, la muerte o la interrupción planetaria que causan. Los gobiernos han permitido que las empresas de carbón, petróleo y gas contaminen gratis, dejando que el público pague los costos de su contaminación. El efecto es hacer que estos combustibles parezcan baratos y, por lo tanto, desincentivar las inversiones en energía limpia. Si el precio de estos combustibles sucios reflejase sus verdaderos costos para la sociedad, las alternativas de energía limpia los habrían expulsado del mercado hace años.

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Durante décadas, las empresas de combustibles fósiles, utilizando su enorme poder financiero y político, han podido trasladar los costos de su contaminación al público. La contaminación por sí sola contribuye a las enfermedades respiratorias que matan a millones de personas cada año en todo el mundo. Se estima que en la actualidad, más de 8 millones de personas mueren cada año por causas relacionadas a la quema de fósiles. Se estima que los crecientes costos económicos para el público de las olas de calor relacionadas con el clima, el aumento del nivel del mar, las sequías crónicas, los incendios forestales destructivos y otros fenómenos meteorológicos extremos alcanzan billones de dólares.

Corregir este fracaso económico debería constituir el núcleo de las políticas de mitigación climática. Durante décadas, los economistas han defendido el uso de la autoridad fiscal del gobierno para exigir a las empresas de combustibles fósiles que paguen un impuesto sobre su contaminación de carbono. Las políticas específicas incluye una precio al carbono, un compensación económica y un ajuste de carbono fronterizo. Con estas políticas implementadas, la demanda de combustibles fósiles disminuiría y la energía renovable obtendría una ventaja competitiva. Una tarifa de carbono fronteriza incentivaría a todas las naciones, incluida China, a adoptar políticas similares, y los ingresos fiscales recaudados de la industria contaminante y reembolsados ​​a los hogares de los consumidores compensarían el aumento de los costos de energía. Estas políticas basadas en el mercado son neutrales en términos de ingresos, no aumentan el presupuesto de los gobiernos, protegen a las comunidades de ingresos bajos y medios y logran una solución global.

Las políticas climáticas contenidas en la Ley de Reducción de la Inflación recientemente aprobada por la administración Biden son significativas. La nueva ley asigna miles de millones de dólares en créditos fiscales, reembolsos, inversiones y préstamos que impulsarán la transición hacia la energía limpia. Los resultados incluirán millones de nuevos empleos, costos de energía reducidos, aire más limpio y esperanza restaurada para nuestros nietos de un futuro más limpio, saludable y seguro.

Sin embargo, por sí sola, esta legislación no nos llevará a alcanzar nuestros objetivos climáticos lo suficientemente rápido. Para evitar impactos irreversibles, los científicos dicen que debemos reducir las emisiones a la mitad para 2030.

Si no existiera la urgencia de dejar de quemar combustibles fósiles, si tuviéramos décadas para hacer la transición a la energía limpia, los mercados finalmente lo resolverían. Ya en la mayoría de las áreas de los EEUU., los consumidores y las empresas están eligiendo energía solar y eólica limpia y renovable porque son más baratas que los combustibles fósiles. Pero las empresas de combustibles fósiles y sus aliados políticos continúan haciendo todo lo posible para retrasar la transición y proteger sus ganancias.

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En sus informes más recientes, los principales científicos del mundo [en materia ambiental], el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, concluyó que la estrategia económica de gravar la contaminación por carbono es la política de mitigación más poderosa y eficiente, señalando que los únicos obstáculos para la transición a una economía de energía limpia son de índole político.

La descarbonización rápida es posible. La energía renovable limpia y asequible está disponible. Las políticas económicas para acelerar la transición están listas para usarse. Todo lo que se necesita es la voluntad política para hacerlo.

Artículo publicado en The Hill por Robert “Bob” Taylor y Craig B. Smith.

Robert “Bob” Taylor es un periodista independiente que se especializa en temas ambientales y anteriormente trabajó como analista económico para la compañía petrolera Shell. Fue colaborador de «Alcanzar el cero neto: lo que se necesita para resolver la crisis climática global», publicado en 2021.

Craig B. Smith, Ph.D., es ingeniero recibido en UCLA. Es el presidente de la empresa internacional de arquitectura/ingeniería DMJM. Es autor de varios libros sobre eficiencia energética y calentamiento global, más recientemente coautor de «Alcanzar el cero neto: lo que se necesita para resolver la crisis climática global».

 
 
 
 
 
 
 

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