miércoles, febrero 28, 2024
 

Biodiesel: frente a la oportunidad o el miedo al cambio

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Según chat GPT el miedo al cambio es una de las dificultades psicológicas y emocionales más frecuentes en los seres humanos. Tememos al futuro, a lo incierto, a lo que puede ocurrir, y sobre todo dudamos de si vamos a ser capaces de afrontarlo. El miedo al cambio o a la incertidumbre nos causa ansiedad, angustia, y con el tiempo desánimo.

Durante muchos años la industria del biodiesel intentó crecer y creció, pero por muchos más años tuvo que luchar porque la dejen crecen, contra las trabas, normativas y resoluciones que no llevaban a ningún lado, peleó contra un cumulo de funcionarios de turno expertos en promesas, gambetas y silencios. La ley 26.093 en el 2006 estableció las primeras reglas: quien, cuanto, cómo y a cuánto vender los biocombustibles, permitió una inmensa cantidad de inversiones, los empresarios tomaron sus riesgos y por una vigencia de 15 años y prorrogable por otros 4 años… esa a su vencimiento fue prorrogada en 2021 por dos decretos y ese mismo año, abrogada por la Ley 27.640. Hoy el proyecto de ley ómnibus presentado en el congreso impulsaría cambios de pautas sobre los biocombustibles. Intentaré detallar los puntos que incluye, al menos los más relevantes, y hacer algunas apreciaciones personales.

  • La autoridad de aplicación puede reducir los mandatos de manera excepcional, ante situaciones de escasez comprobada, similar a lo que establece la legislación actual, pero sin discriminar al bioetanol de maíz con relación al bioetanol de caña, o sea, poniendo a todos los biocombustibles en igualdad de condiciones
  • No se permitirá la importación de biocombustibles durante los próximos dieciocho (18) años. Creería que una cláusula de reciprocidad con el resto de los países en cuestión es más indicado, siempre que busquemos trabajar en favor de la eficiencia y competitividad
  • Elevar el corte interno a B10; además de un aumento del 1% en seis meses a B15 en 2026
  • Eliminar los sistemas de cuotas y las fórmulas de fijación de precios (Anteriormente, el Estado asigna a cada productor de biodiésel cuánto producir y a qué precio vender), la libre competencia entre todos
  • En ningún caso ningún productor podría tener más del 14% del mercado esto estaría pensado para evitar el riesgo de cartelización
  • Las Petroleras no podrán participar en el mercado interno hasta que la mezcla obligatoria de biocombustibles supere el 18% y solo participarían en el abastecimiento del volumen excedente. A priori, puedo mencionar las experiencias en Brasil y EE.UU. donde las petroleras pueden participar del mercado, y el mercado se ha beneficiado de esa participación, pues han llevado mayor competitividad, mejoras tecnológicas, etc. Además si pedimos que esa industria productora de hidrocarburos que se reconvierta, se transforme, sea «mas verde»… ¿pero por ley se les prohíbe su participación en el mercado? Al menos merece una discusión más amplia
  • Nuevamente los biocombustibles no están alcanzados por el impuesto al CO2 y los combustibles líquidos, tal y como estaba originalmente. Uno de los grandes beneficios del uso de biocombustibles es una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, en torno al 70-80%, en comparación con la alternativa fósil convencional. Igualarlos fiscalmente no parece justo, sobre todo cuando hablamos de impuestos sobre las emisiones de CO2 (ICO2), porque castiga al biodiésel por algo que no está haciendo, lo pone en desventaja competitiva, esta nueva carga fiscal los haría económicamente poco atractivos frente a los combustibles fósiles.

En general deberíamos estar a favor de medidas que planteen un aumento en el corte domestico de biocombustibles lo que no implica necesariamente que todas las medidas sean correctas o mejorables.

Cuando un mercado duplica su tamaño y se desregula puede haber algunos inconvenientes. Podría ocurrir que la cantidad vaya en detrimento de la calidad y/o crecería el riesgo al quiebre de las empresas mas pequeñas que por falta de escala, pueden ser menos competitivas, pérdida de rentabilidad, etc., pero todas esas barreras son posibles de superar. Para el caso del biodiesel las plantas productoras, de la primera a la última, están sometidas a un minucioso test de calidad, camión por camión, batch por batch, incluso podemos citar que en el 2018 existió una experiencia única desarrollada en Rosario, Santa Fe llamada BIOBUS (la pueden encontrar fácilmente colgada de la página del Gobierno de Santa Fe), donde unidades de colectivos funcionaron durante meses, cien por ciento a biodiesel puro, sin mezclas, B100, y no tuvieron ni un solo desperfecto técnico ocasionado por el combustibles, o al menos nada distinto que si hubiesen funcionado con gasoil puro incluso no se encontraron mayores gastos de mantenimiento de las unidades, con lo cual el tema de la calidad no es un argumento válido al menos para aplicar a todos… ¿Se puede superar? Sí. ¿Se puede controlar mejor? Totalmente.

Respecto al riesgo de quiebre por escala, es real, porque las economías de escala reducen los costos de producción y aumenta la eficiencia, entonces una planta fabril con una capacidad instalada de 10.000 ton/año estaría en peor posición que una de 800.000 ton/año, mas si sus tecnologías son similares entre otras cosas. En la ley ómnibus justamente esto se busca evitar, intenta emparejar la cancha cuando establece que la contribución de mercado de cada una de las empresas participantes en “la licitación no podrá exceder el 14% del total de la demanda del mercado nacional para el mes correspondiente” y “la adjudicación de volumen a cada empresa en las licitaciones no excederá el porcentaje máximo de su capacidad instalada registrada”. Esto último lo que busca es aplicar una regla ecuánime para repartir los volúmenes a licitar. Igualan por el uso de la capacidad instalada; donde el uso de la capacidad instalada de los exportadores/integrados no puede ser mayor que el de las empresas que están incluidas en la ley 27.649, las autodenominadas Pymes. Los productores de materias prima, los aceiteros que exportan biodiesel, para mandar biodiesel al mercado interno, tienen que descontar el volumen que exporten. Repartir los volúmenes a licitar, igualando el uso de capacidad instalada o la capacidad ociosa de los segmentos de exportación y no exportación (domestico). De esta manera las Pymes no competirían en las licitaciones con los grandes integrados; pero si compiten entre ellas (si bien entre las Pymes hay asimetrías, por ejemplo geográficas como distancia de la materia prima o a los centros de mezclado del biodiesel la competencia se daría entre empresa con mayores similitudes).

Existe otro punto que hasta ahora fue poco mencionado y es que las pymes son señaladas poco competitivas en precios respecto a las integradas, en parte esto podría deberse a la prima que cobran las empresas productoras de aceite por sobre el precio FAS (precio de exportación menos derechos); con la regla de que el volumen a cada empresa en las licitaciones no excederá el porcentaje máximo de su capacidad instalada registrada se amortiguan las diferencias, el precio del aceite entra para todos en el valor de la licitación, tiene un efecto buffer.

Los distintos actores del mercado están revolucionados… de golpe mucha libertad. Pasar de un corte real del ~5% al 10% y progresivamente al 15% y con amplia participación puede asustar. Para algunos hay mucho en juego y en riesgo y no quieren el cambio; otros buscan entrar a fondo; y también en menor medida están las posiciones intermedias. Algo tienen en común: todos batallaron en el pasado por el cambio. Hay un mantra que reza: o cambias o todo se repite. No le tendría miedo a la competencia cuando habría normas que parecen lógicas y que nivela la cancha entre grandes y pequeños, además del otro lado te espera una muerte tibia. En el mundillo de los funcionarios públicos hay todo un anillo exclusivo para ellos, los que sumen y propongan cosas nuevas bienvenidos; los que se opongan al crecimiento del sector deberían cargar con la responsabilidad de esas decisiones.

Lo que propone la ley ómnibus es superador de lo actual, busca el crecimiento de la industria y del país, es inclusivo, equilibrado y propone apertura. Honestamente, también se debe decir que es mejorable o perfectible, como está de moda decir en estos tiempos. A modo de ejemplo, no conozco ningún estándar mínimo de comportamiento de gases de efecto invernadero para los biocombustibles que se aplica para Argentina y esto también deberia cambiar. Las plantas existentes necesitan una certificación creíble de terceros para revelar públicamente cuáles son las puntuaciones de Intensidad de Carbono (gCO2e/MJ) del combustible que producen. Esto se relaciona de manera importante con los compromisos del país en el marco de la COP y cómo se lograrán esos compromisos. Además, simplemente no podemos permitirnos la mala publicidad de no tener incentivos para hacer que los biocombustibles existentes sean más ecológicos si queremos que las industrias de biocombustibles sigan siendo comercialmente viable. Por lo tanto, también animo a que se publiquen algunos contenidos sobre la sostenibilidad medioambiental de los biocombustibles y las mejoras certificables en curso como táctica defensiva para la industria en su conjunto.

Argentina ya se ha quedado atrás, está lejos, por depender demasiado del control del gobierno, y necesita una política más orientada al mercado para efectuar el cambio que es muy necesario… un programa estático, como el actual, solo significa que la brecha crecerá entre la política, el mercado y la tecnología de los biocombustibles de Argentina con Europa, Estados Unidos e incluso Brasil.

El miedo nos puede paralizar y también nos ayuda a evitar situaciones peligrosas. Sin embargo, cuando este miedo se generaliza puede convertirse en un problema que nos impide avanzar y crecer. Avancemos en la dirección en que el miedo crece, para salir de la zona de confort, saltemos los obstáculos, tenemos todas las herramientas para crecer y esta industria ha demostrado sobradas veces su resiliencia. Hay que animarse, crezcamos.

Por Gabriel Sinópoli. 

 
 
 

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