lunes, abril 22, 2024
 

En los arándanos, las ciruelas y las moras está la clave para los colorantes sostenibles del futuro

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Un equipo de científicos de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, ha alcanzado un avance significativo al recrear en el laboratorio los revestimientos cerosos en frutas oscuras, como arándanos y moras, lo que podría conducir a la producción de colorantes sostenibles. Este descubrimiento, publicado en la revista revisada por pares Science Advances bajo el título «Autoensamblaje, color estructural desordenado de la floración de la cera de la fruta», revela un mecanismo de coloración estructural responsable de la apariencia azul de estas frutas, a pesar de no contener pigmentos azules.

La investigación, liderada por Rox Middleton, ha demostrado que la apariencia azul de frutas como arándanos y ciruelas se debe a un mecanismo de coloración estructural en lugar de la presencia de pigmentos azules. Este hallazgo abre nuevas oportunidades en la fabricación de colorantes sostenibles, biocompatibles e incluso comestibles para diversas aplicaciones, incluidos los textiles.

«El azul de los arándanos no se puede ‘extraer’ mediante la compresión, porque no se encuentra en el jugo pigmentado que se puede exprimir de la fruta», explicó Middleton. Este descubrimiento desafía la creencia convencional de que el color de las frutas oscuras se debe a la presencia de pigmentos específicos.

El equipo de investigación ahora planea investigar formas más simples de recrear y aplicar este revestimiento en otras superficies, lo que podría conducir a la fabricación de colorantes UV y azules más sostenibles y biocompatibles. Este avance podría permitir la creación de materiales ópticos biomiméticos que son autosuficientes, autolimpiantes y autoreparadores.

«Este estudio demuestra que la naturaleza ha evolucionado para usar un truco realmente ingenioso: una capa ultradelgada para un colorante importante», destacó Middleton. «Fue realmente interesante descubrir que había un mecanismo de coloración desconocido justo debajo de nuestras narices, en frutas populares que cultivamos y comemos todo el tiempo».

Este descubrimiento no solo podría revolucionar la industria de los colorantes, sino también abrir nuevas puertas hacia una tecnología más sostenible y respetuosa con el medio ambiente en una variedad de aplicaciones industriales y de consumo.

 
 
 

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