miércoles, febrero 11, 2026
 

La CEPAL impulsa un debate regional para medir el verdadero peso económico de la bioeconomía

La CEPAL impulsa un debate clave sobre cómo medir el impacto económico de la bioeconomía en América Latina. Países como Colombia, Ecuador y Costa Rica ya avanzan.

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En América Latina, donde los discursos sobre transición ecológica suelen chocar con realidades económicas dispares, hay una pregunta que aún carece de respuestas claras: ¿cuánto vale, realmente, la bioeconomía? Esta fue la interrogante central de un seminario organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en alianza con la Comunidad Latinoamericana de Capital Natural (ComLAC), que reunió a especialistas regionales para debatir cómo medir el aporte económico de la bioeconomía y el capital natural en contextos tan diversos como los de Colombia, Costa Rica o Ecuador.

La bioeconomía no es un sector: es una red productiva basada en ciencia y recursos biológicos

Lejos de ser un concepto abstracto o una moda pasajera, la bioeconomía fue definida por Adrián Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola de la CEPAL, como un verdadero modelo de desarrollo productivo, sostenido en el uso, conservación y regeneración de recursos biológicos, con un fuerte respaldo en ciencia, tecnología e innovación. En su visión, la bioeconomía no opera como un sector aislado, sino como un sistema de cadenas de valor interconectadas, con capacidad de transformación profunda, especialmente en América Latina y el Caribe, una región privilegiada tanto por su biodiversidad como por sus capacidades científicas.

Rodríguez subrayó que hablar de bioeconomía implica hablar de soberanía productiva, innovación y sostenibilidad económica. Pero para que ese debate pase del plano teórico al terreno político, es indispensable contar con números concretos. Y ahí aparece uno de los grandes desafíos regionales: la falta de métricas comunes que permitan dimensionar con precisión el peso económico de este modelo productivo.

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Sin datos no hay política: la urgencia de una medición regional coordinada

Juan Pablo Castañeda, representante de ComLAC, puso el foco en la necesidad de que los países latinoamericanos fortalezcan la cooperación técnica para avanzar en metodologías de medición que consideren la heterogeneidad de ecosistemas y las limitaciones estadísticas. La demanda por métricas sobre bioeconomía y capital natural crece en la región, pero su construcción aún enfrenta desafíos técnicos relevantes. Para Castañeda, integrar capacidades y consensuar enfoques comunes es el paso clave para que la bioeconomía deje de ser una promesa y se consolide como motor económico regional.

Renato Vargas, consultor de la CEPAL, aportó datos contundentes: en 13 países de la región, las actividades bioeconómicas representan en promedio el 17,5% de la producción total y casi el 28% de las exportaciones. Estos cálculos, realizados junto al Banco Central de Costa Rica, fueron posibles gracias a la adaptación del sistema de cuentas nacionales —el lenguaje estándar de la macroeconomía— para identificar y cuantificar actividades bioeconómicas, a pesar de la ausencia de metodologías específicas.

Pero Vargas no dejó lugar a dudas: “Estos ejercicios solo son posibles cuando existe una definición clara del concepto y un respaldo institucional firme que transforme la medición en una herramienta real para el diseño de políticas públicas”.

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Colombia: política pública como motor estadístico

Uno de los casos más avanzados de la región es el de Colombia. Diego Cobaleda, del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), explicó que la creación de la cuenta satélite de bioeconomía responde a mandatos explícitos de política pública: desde el documento CONPES de crecimiento verde hasta la política de reindustrialización. El criterio rector de la medición es triple: el origen biológico de los productos, su alineación con la misión de bioeconomía nacional, y la incorporación de conocimiento e innovación.

Entre 2019 y 2024, la cuenta colombiana muestra un crecimiento acelerado del valor agregado bioeconómico. Para Cobaleda, esto confirma que cuando existe una estrategia política clara, es posible orientar la producción estadística y consolidar sectores emergentes que antes permanecían invisibilizados.

Ecuador: de la biodiversidad a los números

En Ecuador, Juana Morán, subgerente del Banco Central, detalló cómo se transformó una serie de iniciativas normativas dispersas en un esfuerzo concreto de medición macroeconómica. Gracias al acompañamiento técnico de la CEPAL, el país logró construir una cuenta satélite de bioeconomía integrada con el sistema de cuentas nacionales. Los primeros resultados son prometedores: en 2023, la bioeconomía aportó 0,6 puntos porcentuales al crecimiento del producto bruto.

Según Morán, contar con cifras oficiales no solo permite evaluar impactos, sino también legitimar la agenda bioeconómica ante otros sectores del Estado. “Sin datos, no podíamos demostrar que este enfoque tenía un peso económico real”, explicó durante su intervención.

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Costa Rica: una estrategia nacional con respaldo estadístico

Silvia Arguedas, del Banco Central de Costa Rica, presentó el caso de su país como pionero en el uso de cuentas nacionales para monitorear el avance de la Estrategia Nacional de Bioeconomía 2020–2030. El ejercicio piloto reveló datos contundentes: en 2021, las actividades bioeconómicas representaron el 13,4% del valor agregado nacional, generaron el 16,7% del empleo y explicaron cerca del 29% de las exportaciones.

Más allá de los porcentajes, Arguedas destacó que la medición permitió observar vínculos entre bioeconomía, descarbonización y metas climáticas, evidenciando que estos campos no solo están conectados, sino que se refuerzan mutuamente cuando se convierten en políticas articuladas con respaldo estadístico.

Una herramienta clave para la transformación productiva regional

Las conclusiones del seminario fueron claras: sin estadísticas confiables, la bioeconomía sigue siendo una idea potente pero difícil de implementar. Con datos, en cambio, puede convertirse en una vía concreta de transformación productiva, capaz de generar empleo, agregar valor y construir resiliencia ecológica y económica.

La experiencia regional demuestra que medir no es solo contar: es dotar a la política pública de una brújula concreta para avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible, inclusivo y basado en los activos más abundantes que tiene América Latina: su capital natural y su talento científico. La CEPAL, junto a actores como ComLAC y los bancos centrales nacionales, parece decidida a liderar ese camino.

 
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