jueves, octubre 1, 2026
 

Qué necesita la tecnología para dejar de ser una promesa en el campo

En el AmCham Agribusiness Forum 2026, CNH puso el foco en uno de los grandes desafíos de la transformación tecnológica del agro: conectar herramientas, empresas y usuarios alrededor de problemas concretos que realmente valga la pena resolver.

Compartir

 

En Argentina se siembra más de 33 millones de hectáreas al año. Según un relevamientos del INTA Manfredi con datos de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), alrededor del 21 % de esa superficie ya opera con alguna herramienta de agricultura de precisión. Banderilleros satelitales, monitores de rendimiento en cosechadoras, controladores de siembra variable y sistemas de guía automática forman parte del equipamiento habitual en buena parte de la región pampeana. La oferta tecnológica creció sostenidamente en la última década y posiciona al país entre los de mayor adopción a nivel global.

Pero disponer de tecnología y usarla de manera efectiva no es lo mismo. La brecha entre las herramientas que un productor tiene en su máquina y las que efectivamente incorpora a sus decisiones cotidianas sigue siendo uno de los nudos del agro argentino. Esa distancia entre disponibilidad y adopción fue, precisamente, el eje de la participación de CNH —la empresa global especializada en maquinaria y tecnología agrícola y de construcción, propietaria de las marcas Case IH, New Holland y CASE CE— en el AmCham Agribusiness Forum 2026, organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) bajo el lema “Competitividad para potenciar el desarrollo federal”.

Por qué la etiqueta de una agricultura ‘limpia y verde’ ya no alcanza para Australia

Innovación abierta en el agro: empezar por el problema

En el panel “Tecnología y AgTech: articulación público-privada para transformar el agro”, Matías Arias, responsable de Innovation & Customer Experience de CNH, presentó el enfoque que la compañía viene aplicando para integrar nuevas soluciones a su oferta productiva. El punto de partida, según Arias, no es la tecnología disponible sino el problema que necesita resolverse.

“En CNH no empezamos buscando startups o tecnologías; empezamos identificando problemas relevantes. La innovación abierta consiste en conectar capacidades del ecosistema alrededor de desafíos concretos”, explicó.

Arias destacó cuatro factores que definen, en la experiencia de la compañía, si un proceso de innovación logra resultados tangibles. El primero es que exista un desafío real, un problema que merezca el esfuerzo de ser resuelto. El segundo, contar con un sponsor comprometido dentro de la organización, alguien que sostenga el proyecto más allá de la etapa de entusiasmo inicial. El tercero es la capacidad de experimentar y aprender rápido, con ciclos cortos de prueba que permitan ajustar antes de escalar. Y el cuarto —que Arias subrayó como el más determinante— es la adopción efectiva de la solución por parte de quienes trabajan en el campo.

“Una tecnología genera impacto cuando las personas deciden incorporarla a su forma de trabajar. La tecnología habilita el cambio; la adopción lo convierte en realidad”, agregó.

Por tercer año consecutivo, un desafío de CNH dio origen al proyecto ganador de una competencia entre estudiantes secundarios

Integrar en vez de acumular plataformas

A medida que crece la cantidad de equipos, sensores, plataformas de datos y sistemas de gestión disponibles para el agro, el riesgo es que cada nueva herramienta sume complejidad en vez de simplificar el trabajo. Arias planteó que el valor de la tecnología no debería medirse por la cantidad de pantallas que el productor necesita administrar, sino por su capacidad de integrarse a los procesos existentes y facilitar mejores decisiones con menos fricción.

“Ya no se trata de administrar plataformas, sino de integrar naturalmente la tecnología al trabajo cotidiano y lograr que las herramientas se conviertan en hábitos de trabajo reales”, señaló.

El planteo conecta con un desafío que atraviesa a toda la cadena de maquinaria agrícola. La conectividad, la automatización y la inteligencia artificial abren posibilidades concretas para mejorar la eficiencia operativa, pero su impacto real depende de que el productor, el contratista o el técnico las incorporen a su rutina sin necesidad de convertirse en especialistas en software. La capacitación acompaña, pero no alcanza si la herramienta no se vuelve parte del flujo de trabajo habitual.

CNH en Argentina: producción local y articulación con el ecosistema

CNH tiene una trayectoria de más de 180 años en el sector a nivel global. En Argentina opera desde su planta de Ferreyra, en el cinturón industrial de Córdoba, inaugurada en 2013 con una inversión inicial de 110 millones de dólares. La fábrica tiene capacidad instalada para producir unas 2.000 cosechadoras, 800 cabezales y 4.000 tractores por año bajo las marcas Case IH y New Holland. En el mismo predio funciona un Centro de Capacitación e Innovación, abierto en 2019, por el que ya pasaron más de 11.000 técnicos.

En julio de 2025, la compañía sumó otro eslabón a su estrategia de innovación abierta al incorporarse al Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires, un polo tecnológico, educativo y científico que articula empresas, startups, universidades y centros de investigación. “Esta alianza nos permite ampliar nuestras conexiones con un ecosistema diverso y valioso, lo que refuerza nuestro objetivo de brindar soluciones en áreas clave como la productividad, la sustentabilidad, la tecnología y la gestión”, señaló en esa oportunidad Paulo Máximo, líder de Innovación de CNH para América Latina.

IA y satélites: el plan del USDA para modernizar la forma en que recopila y comparte datos agrícolas

Una transformación que también es cultural

Arias cerró su participación en el foro con una reflexión que trasciende lo técnico. Según el ejecutivo, la transformación más profunda del agro no será solamente tecnológica. “Las transformaciones profundas ocurren cuando las personas y las organizaciones deciden aprender, experimentar, colaborar y hacer algo diferente con las nuevas capacidades disponibles”, concluyó.

El planteo deja una pregunta abierta para todo el ecosistema agtech argentino. El país cuenta con la base productiva, la escala y la capacidad técnica para integrar tecnologías de última generación. El desafío pendiente es que esa integración deje de depender del productor más curioso o del contratista más conectado y se convierta en un estándar operativo accesible para toda la cadena.

 
BioEconomia.info_logo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad en la página 'Política de Privacidad'.