Las exportaciones argentinas de madera aserrada de pino crecieron un 22,89 % durante los primeros ocho meses de 2026 respecto del mismo período del año anterior. Hay demanda internacional, materia prima y capacidad industrial instalada. Pero dos problemas de distinta naturaleza siguen condicionando la posibilidad de que ese crecimiento se sostenga y se amplíe. Uno se juega dentro de las plantas, en la capacidad de demostrar con documentación verificable de dónde proviene la madera que se procesa. El otro se juega afuera, en los más de mil kilómetros que separan las cuencas forestales del nordeste argentino de los puertos desde donde esa madera sale al mundo.
En Misiones y Corrientes, siete pequeñas y medianas empresas forestoindustriales decidieron abordar el primero de esos problemas en conjunto. A través de APICOFOM Sustentable, comparten una certificación PEFC de Cadena de Custodia que les permite implementar procedimientos de trazabilidad, respaldar declaraciones auditables sobre el origen de sus productos y acceder a mercados donde esas credenciales ya dejaron de ser un diferencial para convertirse en requisito. El segundo problema lo expone el último informe mensual de mercado elaborado por el ingeniero Gustavo Cetrángolo para la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), la entidad que nuclea a empresas del sector a nivel nacional. La logística aparece allí como uno de los principales cuellos de botella para las exportaciones, en un contexto donde el mercado interno sigue mostrando niveles bajos de actividad y la salida al exterior se vuelve estratégica.
Siete empresas, un certificado compartido
Cada vez más compradores internacionales formulan la misma pregunta antes de cerrar una operación con madera: ¿de dónde proviene? Responderla con documentación verificable se ha vuelto condición de acceso. La certificación PEFC de Cadena de Custodia es un sistema que permite a las organizaciones identificar y gestionar los materiales forestales que ingresan a sus procesos y realizar declaraciones auditables sobre el origen de los productos que comercializan. El estándar contempla materiales procedentes de bosques con gestión forestal certificada, materiales reciclados y fuentes controladas.
Implementar esos procedimientos de manera individual puede representar para una PyME un desafío técnico y organizativo considerable. El modelo grupal impulsado por APICOFOM, la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Corrientes, ofrece una alternativa viable: compartir una estructura de certificación, intercambiar conocimientos y facilitar el acceso sin que las empresas deban tener el mismo tamaño, fabricar los mismos productos o atender los mismos mercados.
La diversidad del grupo lo confirma. Forestal Guaraní integra actividades que van desde la producción forestal en Corrientes hasta la fabricación de paneles de entramado ligero y vigas multilaminadas para construcción industrializada en madera. Forestal y Ganadera Indumarca, con planta en Concepción de la Sierra, trabaja con madera proveniente de bosques implantados y elabora productos destinados a la construcción y el equipamiento de viviendas. San José SRL es una empresa familiar que comenzó como aserradero y encontró en la fabricación de muebles (sillones, mesas, mobiliario) una vía para darle salida comercial a piezas que de otro modo tendrían menor demanda. Aserradero Puerta de Misiones, de la localidad de San José, mantiene una trayectoria ligada a la transformación de plantaciones de pino y eucalipto en tablas, tirantes y machimbres. Valerio Oliva Forestal suma experiencia extensa en la elaboración de molduras, madera cepillada y piezas para distintas aplicaciones, con antecedentes de comercialización en mercados externos.
Dos incorporaciones que amplían el alcance
La experiencia fue presentada en agosto durante un encuentro sectorial en Posadas e inicia ahora una nueva etapa con la incorporación de Mercopallet y De las Misiones. Las dos empresas representan eslabones distintos de la cadena. Mercopallet lleva más de cuatro décadas fabricando pallets de pino y productos de madera para embalaje y transporte, con instalaciones de secado y certificaciones de calidad ISO 9001:2015 y de tratamiento térmico conforme a la norma fitosanitaria NIMF 15, relevante para embalajes utilizados en comercio internacional. De las Misiones se dedica a la venta, distribución y asesoramiento en productos para la construcción, y suma al grupo una actividad vinculada con la llegada de los materiales al mercado y su aplicación en obra.
“La certificación en grupo permite que las PyMEs accedan a herramientas que, de manera individual, muchas veces resultan más complejas o costosas. Compartir experiencias, conocimientos y recursos fortalece la competitividad de las empresas y genera nuevas oportunidades comerciales en un mercado donde la sostenibilidad y la trazabilidad tienen cada vez mayor peso”, destacó Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina, la organización que administra el sistema de certificación forestal con presencia en más de 50 países.
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Más de 1.000 kilómetros hasta el puerto
La trazabilidad resuelve una parte de la ecuación exportadora. Pero ningún certificado puede acortar la distancia física entre las cuencas forestales del nordeste argentino y los puertos desde donde la madera sale al mundo.
Las principales zonas de producción forestal se concentran en Misiones, Corrientes y el norte de Entre Ríos. Los grandes puertos de exportación están a más de mil kilómetros. Para el pino, uno de los productos de mayor inserción internacional del sector, ese recorrido se traduce en un costo que erosiona márgenes antes de que la mercadería cruce la frontera. Y cuanto menor es el valor agregado del producto, mayor resulta la incidencia proporcional del flete sobre el precio final.
Durante los últimos años se ensayaron distintas alternativas para achicar esa brecha. Se impulsaron bitrenes para aumentar la carga por viaje. Se habilitó el Puerto de Posadas para movimiento de contenedores. Se avanzó en el desarrollo del Puerto de Corrientes y se depositaron expectativas en el Puerto de Ituzaingó. Pero desde el sector consideran que mejoras puntuales no alcanzan. La competitividad depende cada vez más de la posibilidad de combinar modalidades de transporte dentro de un sistema integrado.
El ferrocarril Urquiza y una escala que ya existe
El ferrocarril Urquiza atraviesa gran parte del corredor forestal argentino y tiene un potencial enorme. Las cifras ya lo muestran. Según el informe, operaciones privadas articuladas mediante acuerdos comerciales con Belgrano Cargas movilizan hasta 50.000 toneladas mensuales utilizando la línea Urquiza, con centros de acopio en estaciones y sistemas de seguimiento de la mercadería durante todo el recorrido. Esa escala equivale a aproximadamente 1.500 contenedores mensuales de 40 pies.
A esa capacidad operativa se suman varios proyectos que podrían modificar el mapa logístico regional. Se prevén obras de mejora sobre 210 kilómetros de vías y puentes del Urquiza, con un impacto estimado de duplicar su capacidad de transporte. La rehabilitación del cruce Paso de los Libres–Uruguayana abriría conexión con la red ferroviaria brasileña. Y nuevas inversiones previstas en Paraguay podrían mejorar la vinculación hacia puertos argentinos y regionales. La posibilidad de conectar el corredor forestal con redes que lleguen hasta el puerto brasileño de Rio Grande y, eventualmente, con terminales como Zárate y Montevideo dibuja un escenario diferente para la salida exportadora.
Transporte fluvial y la competencia entre modos
El río también entra en la discusión. Durante el reciente seminario por el 80° aniversario de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), una empresa de navegación planteó que determinados cambios regulatorios vinculados al cabotaje podrían generar ahorros de hasta 1.000 dólares por contenedor. El alcance concreto de esa estimación requiere todavía mayor análisis, pero vuelve a poner sobre la mesa el peso de la logística en el costo final de cada embarque.
Para FAIMA, no se trata de elegir entre camión, tren o barcaza, sino de generar condiciones para que las distintas modalidades puedan complementarse y competir entre sí. Una mayor multimodalidad permitiría que cada producto encuentre la alternativa más eficiente según origen, destino, volumen y grado de elaboración.
Certificación y logística como agenda conjunta
Las exportaciones de madera aserrada crecen, la demanda internacional tiene capacidad para absorber mayores volúmenes y la Argentina cuenta con recursos forestales, industria instalada y una base de PyMEs distribuidas en varias provincias. La experiencia de APICOFOM Sustentable muestra que la certificación grupal es un camino viable para que empresas de distinto tamaño y actividad puedan respaldar el origen de sus productos ante compradores cada vez más exigentes. El informe de FAIMA, por su parte, plantea que avanzar hacia una estrategia logística integral —rutas, bitrenes, ferrocarril, puertos y navegación fluvial como partes de un mismo sistema— será determinante para que los kilómetros que separan a la madera de los mercados de destino dejen de funcionar como barrera.


