Argentina es un país donde los ciclos económicos se suceden con vértigo y la incertidumbre marca el ritmo de la inversión. Pero aun en este escenario complejo, hay sectores productivos que no detienen su marcha. Uno de ellos es el foresto-industrial, cuya musculatura comienza a recuperar tono tras meses de contracción. La industria de la madera, históricamente relegada en las grandes conversaciones económicas, emerge con señales de estabilización y un renovado impulso exportador que podría marcar un punto de inflexión para su proyección a largo plazo.
Ese es el diagnóstico que traza el último informe de coyuntura elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), entidad que agrupa a más de 1.000 empresas del sector y cumple un rol clave como referente técnico y estratégico de esta cadena de valor. En su análisis más reciente, el consultor de mercado de la entidad, el ingeniero Gustavo Cetrángolo, destaca que noviembre y diciembre de 2025 consolidaron una tendencia incipiente hacia la estabilidad, luego de una recuperación leve en octubre.
“Si bien el contexto sigue siendo desafiante, algunos indicadores permiten pensar en una etapa de transición hacia un escenario más previsible”, señaló Cetrángolo, en un intento por leer en clave optimista los movimientos de un mercado todavía condicionado por tasas de interés elevadas, retracción del consumo y caída de la obra pública.
Una industria estratégica que resiste y se adapta
El sector maderero argentino tiene una particularidad que lo distingue: su capilaridad federal. Desde Misiones y Corrientes hasta el sur del país, los aserraderos y plantas de procesamiento generan empleo directo e indirecto en economías regionales que dependen en buena medida de esta actividad. Pero en el último año, la combinación de inflación, presión fiscal y estancamiento del mercado interno llevó a muchas empresas, especialmente pymes, a un límite operativo.
Los precios de la madera, en ese contexto, se mantuvieron prácticamente sin variaciones durante más de doce meses, generando una feroz competencia comercial que impactó en la rentabilidad. Sin embargo, el sector mostró una notable capacidad de adaptación. Según el informe de FAIMA, muchas firmas ajustaron su producción a la demanda efectiva y comenzaron a explorar con más decisión los mercados externos como alternativa para sostener la actividad.
El dato más contundente que refleja esta estrategia es el crecimiento del 30,7% en las exportaciones de madera aserrada de pino durante los primeros once meses de 2025, impulsadas en gran parte por la demanda de países asiáticos. Históricamente, este tipo de operaciones estuvieron concentradas en grandes empresas forestales, pero en los últimos meses comenzaron a sumarse pequeños y medianos aserraderos, lo que marca un cambio estructural en el perfil exportador del sector.
“Frente a la debilidad del mercado interno, la exportación se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad, reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar el empleo, aun cuando los márgenes sean ajustados”, explicó el consultor de FAIMA, dejando entrever una suerte de nuevo paradigma operativo para el rubro.
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Expectativas y desafíos hacia el futuro
El informe también advierte que la actividad vinculada a la construcción, uno de los principales motores del consumo de madera, se mantiene en una “meseta baja”, aunque con algunos indicadores de mejora intermensual. A este leve respiro se suma un panorama financiero algo más estable hacia fin de año, con señales de moderación en las tasas de interés y un clima de expectativas que comienza a virar levemente hacia el optimismo.
“Estamos atravesando un punto de inflexión para el sector foresto-industrial. La competitividad sigue siendo un desafío central, especialmente por el fuerte aumento de los costos estructurales, pero también hay oportunidades si se avanza en una agenda que mejore las condiciones macroeconómicas, el acceso al financiamiento y la previsibilidad”, sostuvo Cetrángolo, en una frase que resume el delicado equilibrio entre esperanza y cautela que domina el ánimo de los empresarios.
Desde FAIMA insisten en que la industria de la madera mantiene un rol estratégico en la economía argentina: genera valor agregado, empleo genuino en todo el país y es capaz de aportar divisas si se le brinda un entorno propicio. Por eso, remarcan la importancia de acompañar esta etapa con políticas públicas que fomenten la inversión productiva, mejoren la competitividad y fortalezcan los eslabones más débiles de la cadena.
“El desafío es grande, pero el sector ha demostrado históricamente una enorme resiliencia. Con reglas claras y una macroeconomía más estable, la industria de la madera tiene condiciones para recuperar dinamismo y proyectarse a largo plazo”, concluyó el especialista.
Así, en un año signado por los vaivenes políticos y económicos, la madera argentina vuelve a mostrar que, lejos de ser un material del pasado, puede ser columna vertebral de un modelo de desarrollo productivo, sostenible y con arraigo territorial. Todo dependerá de si, esta vez, se le permite crecer sin podas prematuras.


