Cada caja de cartón corrugado, cada envase de papel, cada etiqueta pegada a un frasco tiene detrás un árbol, un plan de manejo, una cadena industrial. Durante décadas, el comprador internacional le bastaba con que el producto cumpliera en calidad y precio. Hoy quiere saber de dónde salió la fibra, cómo se manejó el bosque que la produjo, qué pasó en cada eslabón de la transformación y si todo eso está respaldado con documentación verificable.
Este martes 12 de agosto comenzaron a aplicarse las primeras disposiciones del Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR, por sus siglas en inglés), una normativa que establece requisipasatos de diseño, reciclabilidad, reutilización, documentación técnica y responsabilidad a lo largo de toda la cadena de valor de los envases comercializados en la Unión Europea. Las obligaciones más exigentes se implementarán de forma gradual durante los próximos años, pero la dirección está marcada: quien quiera vender envases en Europa deberá poder contar —y probar— la historia completa de lo que vende.
Qué pide Europa y que necesita demostrar Argentina
La cadena forestoindustrial argentina abarca desde los productores que plantan y cosechan hasta los fabricantes de celulosa, papel, envases y embalajes que transforman esa materia prima. Para todos ellos, el PPWR llega en un momento particular: la Unión Europea es un destino importante para las exportaciones del sector, y el reciente acuerdo con el Mercosur abre nuevas puertas comerciales al mismo tiempo que endurece las condiciones para cruzarlas.
“La apertura de mercados siempre representa una oportunidad, pero la competitividad ya no dependerá únicamente de la calidad del producto o del precio. También será necesario demostrar, con información verificable, cómo se produjo cada producto y cómo funciona toda la cadena del packaging”, explica Juan Sackmann, presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP), una de las cinco entidades que integran CONFIAR, la alianza que representa a la cadena forestoindustrial del país.
Claudia Peirano, directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) —también parte de CONFIAR—, ve en el PPWR la formalización de algo que el mercado ya venía imponiendo por su cuenta. “Los mercados internacionales ya no evalúan únicamente el producto final: cada vez prestan más atención a cómo fue producido, cuál es su origen y qué información puede demostrarlo. Las empresas que comiencen a prepararse desde ahora tendrán una ventaja competitiva importante”, señala.
Trazabilidad: de diferencial a requisito de envases sostenibles
Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina —el capítulo local del Programme for the Endorsement of Forest Certification, el sistema de certificación forestal más extendido del mundo—, inscribe al PPWR en un movimiento más amplio. “Los mercados internacionales avanzan hacia sistemas donde la trazabilidad deja de ser un valor agregado para convertirse, progresivamente, en una condición de acceso. Poder demostrar el origen responsable de las materias primas, contar con cadenas de custodia verificables y ofrecer información confiable será cada vez más importante para quienes quieran competir globalmente”, advierte.
El primer grupo industrial con certificación PEFC en Argentina
Por fuera del debate regulatorio europeo, pero en la misma sintonía, un grupo de empresas del nordeste argentino viene recorriendo un camino propio. El próximo 24 de agosto, PEFC Argentina y la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Nordeste de Corrientes (APICOFOM) presentarán en Posadas el primer grupo de pymes forestoindustriales del país certificado bajo el esquema PEFC de Cadena de Custodia.
Son cinco empresas de Misiones y Corrientes dedicadas a actividades distintas: madera para construcción, tableros, molduras, viviendas industrializadas, pellets y muebles. El modelo de certificación grupal les permitió compartir procesos, distribuir costos y acceder de manera colectiva a estándares internacionales que, cada una por separado, difícilmente habría podido alcanzar.
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“La certificación en grupo permite que las pymes accedan a herramientas que, de manera individual, muchas veces resultan más complejas o costosas. Compartir experiencias, conocimientos y recursos fortalece la competitividad de las empresas y genera nuevas oportunidades comerciales en un mercado donde la sostenibilidad y la trazabilidad tienen cada vez mayor peso”, destaca Chavat.
Hasta ahora, el sistema PEFC en Argentina contaba con cinco grupos certificados de Gestión Forestal Sostenible, todos integrados por productores forestales. La incorporación de un grupo industrial —empresas que transforman la materia prima— completa un eslabón que faltaba: la trazabilidad del bosque al producto terminado.
Cristina Ryndycz, gerente de APICOFOM, presentará durante la jornada la experiencia del grupo APICOFOM Sustentable: cómo se organizaron, qué dificultades encontraron y qué resultados concretos les dejó el trabajo asociativo.
El encuentro reunirá a productores, industriales, técnicos y profesionales del sector forestoindustrial para analizar la evolución de la certificación PEFC en Argentina y profundizar en los requisitos y ventajas de los esquemas grupales, tanto para Gestión Forestal Sostenible como para Cadena de Custodia.


