En una fábrica de aberturas, un operario experimentado puede reconocer por el sonido si una máquina está mal calibrada. Sabe cómo responde cada madera, dónde corregir una medida y cuándo una pieza no llegará en condiciones al final de la línea. Ese conocimiento no aparece en los balances, pero forma parte del capital productivo de la empresa.
Ese es el activo que la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) advierte que está comenzando a deteriorarse. Según su último Informe de Empleo y Actividad, el empleo registrado en la industria maderera cayó 8,57% interanual en abril de 2026 y retrocedió con más fuerza que la producción.
FAIMA, entidad que reúne a cámaras y empresas de los distintos eslabones de la cadena forestoindustrial, sostiene que el dato no debe leerse solo como una reducción de puestos. Las mayores pérdidas se concentran en actividades que incorporan transformación, tecnología y mano de obra especializada, capacidades que no se recuperan con la misma velocidad con la que puede volver a ponerse en marcha una planta.
FAIMA advierte que el empleo cae más que la actividad
El informe de la Federación ubica esta retracción dentro de una economía prácticamente estancada. De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC, citado por FAIMA, la actividad general creció apenas 0,2% interanual en mayo y cayó 0,5% frente a abril en la serie desestacionalizada.
El promedio, sin embargo, reúne comportamientos muy distintos. Mientras la explotación de minas y canteras avanzó 15,7% y electricidad, gas y agua creció 8%, la industria manufacturera retrocedió 5,6% y el comercio cayó 4,3%.
Para FAIMA, esa composición resulta relevante porque el crecimiento se concentró en actividades con menor capacidad de arrastre sobre el empleo industrial y las economías regionales.
Dentro de la cadena, la producción de madera y productos de madera cayó 3,4% interanual en mayo, aunque todavía mantuvo una mejora acumulada del 7,4% durante los primeros cinco meses de 2026. La Federación interpreta esa diferencia como una señal de que el deterioro es reciente y se profundizó hacia el final del período analizado.
En muebles y colchones, la situación fue más severa. Según los datos oficiales recogidos en el informe, la producción bajó 7,3% interanual y acumuló una caída del 5,1% en lo que iba del año.
El empleo retrocedió todavía más. A partir de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, FAIMA calculó una baja interanual del 8,57% en la industria maderera y del 4,12% en el eslabón comercial.
Para la entidad, la distancia entre la evolución de la producción y la del empleo indica que el ajuste ya está alcanzando a los planteles. No se trata solo de menos horas trabajadas, inversiones postergadas o capacidad ociosa: también se están perdiendo puestos que concentran experiencia técnica..
Las mayores caídas aparecen en los eslabones más complejos
La desagregación presentada por FAIMA muestra que la contracción no fue uniforme. La fabricación de artículos de madera en tornerías registró una caída interanual del empleo del 34%. En viviendas prefabricadas de madera, la baja alcanzó el 23%, mientras que en tableros y enchapados llegó al 18%.
También se redujo 17% el empleo en el aserrado y cepillado de madera nativa. En la fabricación de aberturas y estructuras para la construcción, el retroceso fue del 7%; en somieres y colchones, del 4%; y en el aserrado de madera implantada, del 3%.
FAIMA pone el foco en esas cifras porque varias de las actividades más afectadas son, al mismo tiempo, las que más procesos incorporan antes de llegar al producto final. Allí intervienen diseño, mecanizado, secado, encolado, terminación, montaje y control de calidad.
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La construcción explica parte del golpe
La Federación vincula buena parte de estas caídas con la menor actividad de la construcción y el retroceso del consumo de bienes durables.
Una vivienda de madera moviliza aserraderos, fabricantes de paneles, carpinterías, productores de aberturas, montadores y proveedores de insumos. Cuando disminuye la obra privada, el efecto se propaga por toda la cadena.
El mismo patrón aparece en el comercio. De acuerdo con los datos de la SRT procesados por FAIMA, la venta mayorista de muebles y colchones perdió 11% de sus empleos registrados, mientras que la comercialización de muebles para oficina cayó 10%.
La coincidencia entre industria y comercio refuerza, según la entidad, la relación entre el deterioro del empleo maderero, la debilidad de la construcción y la caída del consumo.
Las PyMEs muebleras muestran una caída más profunda
El informe también incorpora un relevamiento propio de FAIMA entre pequeñas y medianas empresas fabricantes de muebles. Allí, la Federación registró una caída promedio del 14% en las ventas durante el primer trimestre de 2026.
Ese resultado fue considerablemente peor que el reflejado por algunos indicadores agregados. Para FAIMA, la diferencia muestra que el ajuste no afecta a todas las empresas por igual y que las unidades de menor escala están atravesando una situación más difícil.
Las PyMEs madereras dependen en gran medida del mercado interno, suelen tener menos acceso al crédito y cuentan con menor margen financiero para sostener personal cuando cae la demanda. Al mismo tiempo, concentran una parte importante del empleo sectorial en ciudades del interior.
Por eso, la Federación advierte que el problema excede a cada fábrica. Alrededor de esas empresas trabajan transportistas, talleres, proveedores de herramientas, comercios y servicios profesionales. Cuando una PyME reduce actividad o cierra, el impacto se extiende sobre el entramado local.
FAIMA pone el foco en el conocimiento que se pierde
“Cada puesto de trabajo que se pierde en estas actividades representa mucho más que una estadística. Detrás de esos números hay conocimientos técnicos, experiencia productiva y capacidades industriales que constituyen uno de los principales activos de la cadena forestoindustrial y que luego requieren años para reconstruirse”, señaló FAIMA.
La entidad sostiene que la cadena dispone de una base sólida para responder cuando mejoren la construcción y el consumo: recursos forestales, capacidad instalada, empresas distribuidas en distintas regiones y conocimiento acumulado durante décadas.
Pero también advierte que esa capacidad no es ilimitada. Una fábrica puede aumentar producción si vuelven los pedidos. Formar nuevamente a un tornero, un carpintero especializado o un operador industrial lleva más tiempo.
Por eso, para FAIMA, preservar el empleo exige también preservar a las empresas que lo generan. Si el ajuste se prolonga y desaparecen talleres, plantas y equipos de trabajo, la futura recuperación encontrará una cadena con menos capacidad para transformar la madera en viviendas, muebles, tableros y productos de mayor valor.
Una máquina puede volver a encenderse en pocas horas. El conocimiento de quien sabía operarla no vuelve con solo apretar un botón.


