Europa consume cada año millones de toneladas de celulosa fluff, la pulpa de alta absorción que forma el núcleo de pañales, productos de higiene femenina y artículos para incontinencia. Prácticamente toda esa celulosa llega en barco desde Norteamérica y Escandinavia, fabricada a partir de fibra larga de coníferas mediante un proceso conocido en la industria como BSKP.
La dependencia es tan marcada que cualquier disrupción logística o comercial en esos corredores se traduce en semanas de incertidumbre para los fabricantes europeos de productos absorbentes. Solo en el segundo trimestre de 2026, los precios de la celulosa fluff en Alemania acumularon un alza del 12%, empujados por tensiones en la oferta transatlántica.
En ese escenario, la biofábrica que Ence opera en Navia, sobre la costa occidental de Asturias, acaba de dar un paso que da vuelta la ecuación. La compañía española, el mayor productor de celulosa de eucalipto del sur de Europa con una capacidad combinada de 1,2 millones de toneladas anuales entre sus plantas de Navia y Pontevedra, inauguró la primera línea de celulosa fluff a partir de fibra corta de eucalipto del continente.
La instalación, con capacidad para producir 125.000 toneladas al año, forma parte de un paquete de tres proyectos industriales que comenzaron a operar en simultáneo y que representan una inversión conjunta superior a los 220 millones de euros.
Una fibra corta para un mercado de fibra larga
Producir celulosa fluff a partir de eucalipto supone un desafío técnico que durante años mantuvo al mercado anclado en la fibra larga de coníferas. Las fibras del pino y el abeto, más extensas y resistentes, generan una estructura porosa que atrapa líquidos con eficacia probada.
La fibra del eucalipto es más corta, pero Ence logró desarrollar un proceso que compensa esa diferencia mediante tratamientos mecánicos y químicos que modifican la estructura de la pulpa hasta alcanzar niveles de absorción equivalentes. El resultado es un producto que los fabricantes de artículos de higiene personal pueden incorporar en sus líneas sin modificar equipos ni reformular diseños.
La planta de Navia, que aporta 685.000 de las 1,2 millones de toneladas de capacidad total de Ence, venía especializándose desde hace años en celulosas de mayor valor agregado. La línea de fluff profundiza esa trayectoria y responde a una decisión estratégica más amplia.
La compañía proyecta que las celulosas especiales representen el 62% de sus ventas para 2028, frente al 30% que alcanzaron en 2025, con un diferencial de margen estimado en 37 euros por tonelada respecto de la celulosa estándar. Los primeros lotes de fluff de eucalipto ya superaron las pruebas de homologación con clientes europeos, un requisito que en esta industria puede extenderse durante meses y que marca el inicio efectivo de la comercialización.
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Más madera, menos residuo
El segundo proyecto inaugurado en Navia es una línea de procesamiento de madera que incorpora un sistema de recuperación de biomasa. La nueva instalación permite alimentar la fábrica con troncos de mayor diámetro y aprovechar fracciones de corteza y astilla que antes se descartaban o se gestionaban como residuo.
Esa biomasa recuperada se reintegra al circuito energético de la propia planta, que genera electricidad y vapor a partir de materia orgánica renovable. Navia ya operaba como una instalación con balance energético positivo, capaz de volcar excedentes a la red eléctrica, y la nueva línea refuerza ese perfil al ampliar la base de combustible disponible sin recurrir a fuentes externas.
Hornos de cal sin combustible fósil
El tercer proyecto ataca uno de los focos de emisiones directas más difíciles de eliminar en la industria celulósica. Los hornos de cal, donde el carbonato de calcio se transforma en óxido de calcio para regenerar los químicos del proceso de cocción, funcionan tradicionalmente con gas natural o fuel oil.
Ence sustituyó esos combustibles por biomasa y por gases residuales del propio proceso productivo, logrando una reducción de más de 40.000 toneladas de CO₂ al año. El proyecto contó con financiamiento del IDAE, el organismo del Ministerio para la Transición Ecológica que gestiona fondos para eficiencia energética y descarbonización industrial en España.
La intervención en los hornos de cal completa un esquema en el que Navia reduce progresivamente su consumo de combustibles fósiles en las distintas etapas del proceso. Combinada con la cogeneración a partir de biomasa y la recuperación energética de licores de cocción, la biofábrica avanza hacia un modelo donde la mayor parte de la energía térmica y eléctrica proviene de la propia materia prima que procesa.
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Envases de celulosa moldeada contra el plástico alimentario
Fuera del paquete inaugural pero en fase avanzada de desarrollo, Ence impulsa un cuarto proyecto en Navia dedicado a la fabricación de envases de celulosa moldeada destinados al sector alimentario. La tecnología permite producir bandejas, cuencos y contenedores a partir de pulpa de eucalipto que reemplazan envases plásticos de un solo uso.
La primera fase, con una inversión de 12 millones de euros, apunta a una capacidad de 40 millones de unidades en 2026 y se orienta tanto al mercado español como al europeo, donde la regulación sobre plásticos descartables se endurece progresivamente.
El proyecto de envases moldeados cierra el arco de diversificación que Ence viene construyendo en Navia. La planta asturiana, que hace una década producía esencialmente celulosa estándar para papel, opera hoy como una biofábrica que transforma eucalipto en pulpa absorbente para higiene personal, biomasa para generación eléctrica, insumos para descarbonización industrial y materiales de packaging biodegradables. Los cuatro proyectos, en distintas fases de maduración, apuntan en la misma dirección y sitúan a Navia como referencia industrial de la bioeconomía forestal europea.


