Cada vez que alguien cambia el pañal descartable de un bebé, hay una fibra vegetal que hizo posible esa absorción silenciosa. No es algodón, no es sintético: es celulosa de pino, procesada de una manera muy específica para que pueda distribuir y retener líquidos con rapidez y sin resecar la piel. Ese material, que la industria llama pasta fluff o celulosa fluff, se produce hoy en pocas plantas en el mundo, viaja miles de kilómetros hasta las fábricas de higiene personal y llega, transformado e invisible, a hogares de todos los continentes. Argentina casi no participa de esa cadena. Un proyecto que acaba de dar sus primeros pasos formales en Corrientes podría cambiar eso de manera definitiva.
El 16 de abril de 2026, el gobernador de Corrientes Juan Pablo Valdés publicó en sus redes sociales las fotos de una reunión con Alejandra Aranda, CEO de Arpulp SA, una sociedad constituida para llevar adelante uno de los proyectos industriales más ambiciosos de la historia de la provincia. La empresa planea invertir USD 2.000 millones para instalar una planta industrial en Ituzaingó, destinada a la producción de fibra de pino de alta calidad.
Durante 2026, la prioridad será realizar un estudio ambiental profundo, alineado con los estándares mundiales para esta categoría, mientras el fondo de inversión Pegasus comenzará con la búsqueda de financiamiento estratégico de gran escala. Para 2027, el foco estará en la ingeniería básica y de detalle. Si todas las condiciones financieras avanzan en término, en 2028 comenzaría la construcción de la planta que estaría operativa a pleno hacia finales de 2030.
La instalación se ubicaría en el Parque Industrial y Puerto de Ituzaingó, una infraestructura inaugurada recientemente sobre la costa del río Paraná, en el norte correntino. Corrientes concentra las principales plantaciones forestales certificadas de pinos del país y, desde Ituzaingó, tiene salida directa al océano por el Paraná, lo que reduce los costos logísticos de exportación. Esa combinación —materia prima en el patio trasero y puerto en la puerta— no es un detalle menor para una industria donde los fletes pesan fuerte en la ecuación económica.
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Quién es Arpulp
Detrás de Arpulp SA está la familia Aranda, empresarios con actividad en los sectores ganadero y arrocero del noreste argentino, con campos en Corrientes que incluyen superficie forestal. Alejandra Aranda, quien conduce la empresa como CEO, fue la interlocutora directa con el gobierno provincial.
De concretarse la inversión, sería la primera planta de pasta celulósica de fibra larga que se construiría en el país desde que Alto Paraná inauguró sus instalaciones en Puerto Esperanza, Misiones, hace 44 años. Hoy, la única producción de celulosa de fibra larga en Argentina corre a cargo de Arauco Argentina —antes conocida como Alto Paraná—, en esa misma localidad misionera. El proyecto de Arpulp no solo ampliaría la capacidad instalada del país: la multiplicaría por varios factores.
Qué es la celulosa fluff y qué la diferencia de otras celulosas
No toda la celulosa es igual. La que se usa para hacer papel de impresora o cartón proviene en gran medida de fibra corta de eucalipto, procesada para dar hojas densas y lisas. La celulosa fluff es otra cosa: se obtiene de fibra larga de coníferas —pino, en este caso— y su objetivo no es formar láminas compactas sino, exactamente lo contrario, crear una estructura abierta, esponjosa y altamente absorbente que pueda retener líquidos con rapidez y distribuirlos de manera uniforme.
El proceso de producción sigue la misma base química que la industria celulósica en general: el método Kraft, desarrollado en 1887 y hoy dominante en el 85% de la producción mundial de pulpa. Este proceso consiste, en síntesis, en cocer astillas de madera con soluciones químicas en digestores a presión para disolver la lignina —la sustancia que une las fibras— y liberar la celulosa pura. La celulosa fluff se diferencia del Kraft convencional en el paso final: mientras que las celulosas estándar se prensan para formar hojas planas y densas, la fluff se seca de manera tal que las fibras queden individualizadas, sin compactarse entre sí. El resultado es una especie de algodón de madera: liviano, voluminoso, capaz de absorber muchas veces su peso en agua. Cuando los fabricantes de pañales o toallas femeninas reciben estas bobinas o fardos de celulosa, las procesan mecánicamente —las «abren» o «desfibran»— para distribuir esa nube de fibras en el núcleo absorbente del producto final.
La pasta fluff se caracteriza por su alta capacidad de absorción, suavidad y eficiencia en la distribución de líquidos, lo que la convierte en un componente crítico para la industria sanitaria. Además, su uso se extiende a productos médicos, telas no tejidas y desarrollos asociados al cuidado de la salud.
Un componente adicional que subraya el carácter sistémico del proceso: el proyecto contempla una planta de generación de energía a partir de biomasa y licor negro, con un excedente de 88 MW disponibles para la red eléctrica. La planta no solo procesaría madera para producir celulosa: también generaría electricidad a partir de los subproductos del proceso, con capacidad para volcar energía al sistema.
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La escala del proyecto y lo que significaría para Argentina
La planta está diseñada para alcanzar hasta 1.000.000 de toneladas anuales y se estima un procesamiento de 5 millones de metros cúbicos de madera de pino por año. Para dimensionar esa cifra: la actual planta de Arauco Argentina en Misiones produce alrededor de 350.000 toneladas por año de celulosa de fibra larga. El proyecto de Arpulp implicaría construir, de cero, una capacidad casi tres veces mayor. La facturación proyectada ronda los USD 900 millones anuales en exportaciones.
Desde el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR) —entidad que agrupa a toda la cadena de valor del sector— señalaron que la posibilidad de producir celulosa fluff en territorio nacional representa una oportunidad estratégica para la sustitución de importaciones. De concretarse, sería también el primer proyecto del sector forestoindustrial en acogerse al RIGI —el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, el esquema de beneficios impositivos y cambiarios impulsado por el gobierno de Javier Milei para atraer proyectos de gran envergadura.
Por qué Corrientes y por qué ahora
Corrientes concentra la mayor superficie de plantaciones certificadas de pino del país, en su mayoría especies de ciclo corto —Pinus taeda y Pinus elliottii— que crecen con rapidez en el clima subtropical mesopotámico y que producen exactamente la fibra larga que requiere el proceso de celulosa.
El Parque Industrial y Puerto de Ituzaingó, inaugurado en 2025, es la infraestructura que cierra esa ecuación logística: un predio habilitado para recibir industria pesada, con acceso fluvial directo a la Hidrovía Paraná-Paraguay y, a través de ella, a los puertos de ultramar del estuario del Plata. Para una planta cuya producción está orientada íntegramente a la exportación, esa conexión es determinante.
Esa cadena, que arranca en los pinares del norte correntino y termina en una góndola de supermercado en cualquier ciudad del mundo, todavía no existe en Argentina. El proyecto de Arpulp busca construirla.


