Por más de 200 años, los municipios han estado vendiendo bonos para financiar pagar proyectos de obras públicas (estaciones de bomberos, playas de estacionamientos, sistemas de tratamiento de aguas residuales, etc.). Sin embargo, en la última década los han estado vendiendo con un beneficio adicional: ayudar al medio ambiente.
En ausencia de un esquema global de precios del carbono, los mercados de bonos serán fundamentales para financiar el cambio climático y otras intervenciones ambientales. Los bonos verdes atraen a los inversionistas que buscan un lugar seguro para estacionar su dinero y de paso, hacer algo bueno por el planeta.
Los profesores de la Escuela de Negocios de Harvard (HBS), George Serafeim y Malcolm Baker, han estado interesados durante mucho tiempo en las motivaciones de los inversores que van más allá del rendimiento financiero puro, e incluyen criterios ambientales, sociales y de gobierno (ESG). Con el reciente aumento en la cotización de los bonos verdes, se preguntaron cómo eso podría mejorar la capacidad de los municipios para ayudar al medio ambiente mediante el acceso al financiamiento en mejores condiciones.
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«La idea general de las inversiones en ESG se basa en la idea de que al inclinar sus carteras hacia valores que tienen mejores propiedades ESG, los inversores podrían cambiar quién tiene acceso a capital de menor costo», dice Baker, Robert G. Kirby, profesor de Administración de Empresas en HBS. «En el proceso, ellos comienzan a invertir en áreas que podrían ser importantes para el medio ambiente».
Las observaciones de este fenómeno se plasman en nuevo artículo para la Oficina Nacional de Investigación Económica, Financiando la Respuesta al Cambio Climático: el Precio y la Propiedad de los Bonos Verdes de los Estados Unidos, escrito con Daniel Bergstresser de la Universidad Brandeis y Jeffrey Wurgler de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York.
Si bien los bancos y las corporaciones también han emitido bonos verdes, los investigadores se centraron en los bonos municipales, que son los bonos verdes más difundidos históricamente en los Estados Unidos, y los más fáciles de rastrear gracias a la disponibilidad de datos gubernamentales.
Determinar qué bonos califican verdaderamente como verdes no fue sencillo.
«No hay una definición clara sobre qué es un bono verde y qué no lo es», dice Serafeim, profesor de la Unidad de Contabilidad y Administración. «La prueba que usamos fue observar cómo fluye el dinero de los bonos en proyectos reales, y si esos proyectos van a ofrecer beneficios ambientales».
Los proyectos incluyen esfuerzos para generar energías alternativas mediante la construcción de paneles solares, turbinas eólicas, o bioenergía, así como proyectos para mejorar la eficiencia del agua, controlar la contaminación, impulsar una agricultura y silvicultura sostenibles, entre otros.
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Si bien, no todos los proyectos tienen un beneficio directo sobre el cambio climático, muchos ayudan a reducir futuras emisiones de carbono o incluso a eliminar el carbono de la atmósfera. Además de considerar los bonos autoetiquetados como verdes por los municipios, los investigadores también consideraron la certificación de la iniciativa sin fines de lucro, Climate Bonds Initiative, que califica de acuerdo a una norma a los bonos climáticos (CBS).
Bonos verdes a un precio premium
En los últimos ocho o nueve años, el mercado de bonos verdes ha pasado de ser inexistente a mover U$S 160 mil millones. (El Banco Europeo de Inversiones emitió el primer bono verde en 2007). Cuando los investigadores compararon los bonos verdes con otros bonos emitidos por el mismo municipio, encontraron un rendimiento ligeramente menor de 6 puntos básicos (0,06 por ciento) para los autoidentificados bonos verdes, y de hasta 20 puntos básicos (0,2 por ciento) para bonos verdes certificados. Los inversores están dispuestos a aceptar una tasa de retorno más baja a cambio de beneficios ambientales.
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«La historia es la oferta y la demanda», dice Baker. «Si hay un elemento de seguridad que el inversionista desea por razones no financieras, cotizará a un precio más alto que otros valores».
Además, los investigadores descubrieron que las tenencias de los bonos verdes estaban más concentrados en un pequeño grupo de inversionistas, lo que refleja el subconjunto más pequeño de inversionistas que otorgan valor a los beneficios ambientales, como los fondos que tienen alguna orientación de inversión verde o social.
Si bien la diferencia en el rendimiento es ciertamente pequeña, podría ser un factor para inclinar las escalas para los municipios que prefieren los bonos verdes.
«Si soy empresario o gobierno estatal y tengo que elegir entre un proyecto que es verde y otro que no lo es, un factor en esa decisión serán los términos en los que puedo financiarlo», dice Baker. #Este es el sentido en el que los bonos verdes pueden, en teoría, empujar a las empresas y los municipios a hacer algo que respete el medio ambiente».


