Un laboratorio argentino, el primero en América del Sur en ser certificado bajo el Protocolo de Nagoya

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Laboratorios Garré Guevara se acaba de convertir en la primera empresa de América del Sur en obtener el certificado de cumplimiento del Protocolo de Nagoya con carácter comercial, un Convenio de las Naciones Unidas para preservar la Diversidad Biológica (CBD).

El protocolo garantiza la preservación y el uso sustentable de los recursos genéticos de un país, así como la participación justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización.

El certificado fue otorgado en febrero de este año luego de un trabajo conjunto entre la empresa, el gobierno de la provincia de La Rioja y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Tiene validez para el uso sustentable de Larrea divaricata, un arbusto conocido comúnmente como “jarilla”, en el predio municipal Sol de Mayo de la localidad de Chepes, en la provincia de La Rioja.

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El Protocolo establece también que cuando la explotación del recurso lleva prácticas tradicionales, también forma parte del recurso genético y deben respetarse. Cuando es utilizado con fines económicos, como en este caso, debe haber una retribución justa y equitativa de los beneficios que genere el recurso genético.

Garré Guevara desarrolló un champú de recuperación capilar a partir de la jarilla, cuyas propiedades medicinales son conocidas desde la época de los pueblos originarios.

Científicos del Conicet se propusieron estudiar la planta y lograron validar científicamente la eficacia de su uso en afecciones relacionadas a la caída del cabello. El Conicet logró la patente que luego transfirió al laboratorio para comenzar con la producción de la línea Ecohair.

Luego de muchos años de trabajo recorriendo el país y estudiando los principios activos de la planta en cada una de las regiones del país y en cada época del año, los técnicos del laboratorio llegaron a la conclusión que la región de Chepes, en la provincia La Rioja, era el mejor lugar para desarrollar el emprendimiento.

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“Nos pasamos muchos años recorriendo gran parte del país estudiando los principios activos de la planta en distintas regiones y épocas del año. El suelo, la amplitud térmica, los vientos, la radiación solar, junto a otros factores ambientales hacen que en cada lugar las características sean distintas. Luego de mucha investigación y recopilación de datos, encontramos que en la zona de Chepes está la jarilla ideal que nosotros necesitamos”, dijo a BioEconomía Sergio Garré, Socio Gerente de la compañía. “Nuestro producto final debe contener una cantidad suficiente y necesaria de principios activos que asegura que el champú produce el efecto deseado que es el crecimiento del pelo y detención de su caída”.

El predio Sol de Mayo cuenta con 18 mil hectáreas donde la jarilla crece naturalmente entre el bosque virgen. El Convenio establece que la especie debe ser preservada en su totalidad y asegurar la mínima intervención en la naturaleza.

Por ello, solamente se poda el 30% de la planta y no se vuelve a recolectar del mismo arbusto hasta que pasen cuatro años, que es el tiempo estudiado que asegura que el vegetal se regenera sin que se afecte su sanidad.

El Protocolo de Nagoya garantiza una justa retribución a los trabajadores en toda la cadena. La cosecha es realizada por agricultores locales que reciben capacitación en buenas prácticas agrícolas. Estos secan las hojas in-situ y luego las envían en bolsas a Buenos Aires, donde ingresa al laboratorio.

El trabajo es realizado por agricultores locales, que reciben una retribución justa por su trabajo y capacitación en buenas prácticas agrícolas. Estos secan las hojas in-situ y luego las envían en bolsas a Buenos Aires, donde ingresa al laboratorio.

Este año cosecharán unas 20 hectáreas de jarilla, pero estiman que en el futuro necesitarán mucha más superficie. “Hace dos años comenzamos a exportar al Reino Unido, este año a Perú y ya tenemos acuerdos concretos con Uruguay y Chile. Estamos en tratativas para ingresar al mercado de EEUU y a Europa”, dijo Garré a BioEconoía.

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“Además, estamos trabajando en nuevos productos. En la medida que avancemos, vamos a necesitar más superficie, pero siempre con el mismo concepto. No alterar el ecosistema, y trabajar de forma responsable con el lugar y los actores de la cadena”.

El caso Ecohair es un caso exitoso en los nuevos negocios que propone la bioeconomía aplicada al uso de productos de la biodiversidad. Porque además de la generación de empleo y la puesta en valor de un recurso silvestre, la provincia de La Rioja se beneficia del cobro de regalías por el uso del material genético. Del mismo modo, el acuerdo de licencia con el Conicet también establece el pago de un canon por cada unidad de producto elaborado. Así se genera un círculo virtuoso en donde los organismos de investigación recaudan fondos para continuar investigando nuevos productos o procesos.

Garré está convencido que Argentina cuenta con una enorme cantidad de recursos genéticos que aún no han sido investigados. “El consumidor moderno busca cuestiones productivas asociadas al cuidado ambiental y la responsabilidad social. Los recursos genéticos son una enorme oportunidad para la argentina”, concluyó.

 
 
 
 
 

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