viernes, enero 30, 2026
 

Récords productivos, transición energética y circularidad: ALUR apuesta a liderar una nueva era basada en la bioeconomía

La compañía estatal uruguaya cerró 2025 con su mayor volumen de bioetanol, azúcar y aceites exportados, y presentó un ambicioso plan estratégico para capturar CO₂, producir combustibles renovables y profundizar su rol territorial.

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En Bella Unión, una ciudad del norte uruguayo que hace dos décadas iniciaba una silenciosa revolución productiva en medio de cañaverales y esperanzas truncas, enero de 2026 trajo una doble celebración. No solo se cumplieron 20 años desde que comenzó a operar el complejo agroindustrial de ALUR, la empresa estatal integrada al grupo ANCAP, sino que además la zafra de caña de azúcar de 2025 cerró con cifras históricas. Mientras las calderas aún humeaban y los camiones descargaban los últimos remanentes de caña, en Montevideo su presidente, Marcelo Sadres, delineaba públicamente —en una entrevista concedida a Diario La R— una hoja de ruta mucho más ambiciosa: una tercera etapa de desarrollo, profundamente anclada en la bioeconomía.

Un modelo de diversificación en expansión

Desde su origen, ALUR se propuso reconvertir la matriz productiva del norte mediante el aprovechamiento energético de la caña de azúcar. Con el tiempo, su estructura creció en escala y complejidad. Actualmente, la empresa opera en tres polos industrialesBella Unión, Paysandú y Capurro (Montevideo)— con una estrategia de diversificación que abarca bioetanol, azúcar, biodiésel, aceites vegetales, subproductos para alimentación animal, energía eléctrica generada con biomasa y químicos como el AdBlue®.

Cada uno de estos rubros responde a una planificación que combina sostenibilidad ambiental, impacto territorial y eficiencia industrial. Sadres remarcó que ALUR debe generar resultados productivos con responsabilidad social, funcionando a la vez como empresa eficiente y herramienta de política pública.

En Bella Unión, por ejemplo, la zafra de caña emplea de forma directa a unas 600 personas y moviliza a cerca de 4.000 más entre productores, transportistas, técnicos y servicios. Las operaciones en Paysandú y Capurro también integran extensas redes agrícolas y logísticas que articulan el trabajo rural con la transformación industrial y la distribución nacional e internacional.

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Récords en etanol y biomasa: el motor del 2025

El año 2025 cerró con cifras excepcionales. La productividad cañera alcanzó la tercera mejor marca  desde que inició la operación del complejo. Durante los 166 días de zafra se procesaron 471.981 toneladas de caña que se transformaron en más de 14.700 toneladas de azúcar blanco refinado y 26.371 metros cúbicos de etanol.

Toda la energía de la planta se generó a partir de biomasa, y además se produjeron 13.304 megavatios-hora adicionales que fueron inyectados a la red nacional de UTE. En agosto, ALUR alcanzó su récord mensual histórico de molienda.

En Paysandú, la planta de bioetanol operó durante 325 días y procesó más de 169.000 toneladas de maíz y sorgo. Se alcanzó un máximo histórico de 69.500 metros cúbicos de bioetanol, junto con 3.394 metros cúbicos de AdBlue® y 1.295 toneladas de aceite técnico de maíz. También se generaron 46.632 toneladas de DDGS, alimento proteico clave para la ganadería intensiva uruguaya.

La capacidad instalada de producción asciende a casi 70 millones de litros anuales, lo que demanda alrededor de 200.000 toneladas de grano provenientes de unas 50.000 hectáreas. La eficiencia energética, la posibilidad de usar cultivos estivales e invernales y el bajo impacto ambiental marcan la diferencia tecnológica de esta planta.

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Producción con mirada exportadora

Todo el bioetanol producido por ALUR se entrega a ANCAP para mezclarse con las gasolinas comercializadas en el país. Aunque la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA) establece un corte de 8,5%, la mezcla operativa real ronda el 9,8%, abastecida casi en su totalidad por la empresa estatal.

Con la suspensión del corte obligatorio de biodiésel en gasoil desde 2022, ALUR reorganizó su esquema de oleaginosas para enfocarse en mercados internacionales. Durante 2025, exportó alrededor de 31.000 toneladas de aceites de soja y canola, consolidando su presencia en Europa y afianzando nuevas vías de comercialización externa.

El modelo productivo de ALUR también genera insumos clave para la alimentación animal. En Paysandú, los procesos etanólicos producen DDGS y DWGS para feedlots y ganadería intensiva, mientras que en Capurro se elaboran harinas de soja y canola muy valoradas por el sector lechero. Estos subproductos ayudan a reducir el déficit nacional en proteínas vegetales y fortalecen la seguridad alimentaria desde una lógica de integración productiva.

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Bioeconomía como plataforma: una nueva etapa

Durante su entrevista con Diario La R, Marcelo Sadres definió tres grandes momentos en la evolución de ALUR: una etapa inicial expansiva entre 2006 y 2016, seguida por una fase de consolidación y eficiencia operativa, y una tercera etapa que se está configurando en torno a la bioeconomía.

Esta nueva etapa propone convertir residuos y emisiones en nuevos recursos. Uno de los proyectos más avanzados es la captura del CO₂ liberado en la planta de Paysandú para producir e-metanol, un combustible sintético que permitiría reducir la huella de carbono del etanol a niveles mínimos. También se proyecta la instalación de una planta de pretratamiento de aceites en Capurro y el desarrollo de combustibles sostenibles para aviación (SAF) y diésel renovable, en coordinación con ANCAP.

“Si lográramos capturar ese CO₂, nuestro etanol podría ser prácticamente carbono neutral”, explicó Sadres, destacando el potencial ambiental y económico de esta línea de trabajo.

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Transición energética y contexto global

ALUR avanza en medio de una transición energética global que impone desafíos regulatorios y geopolíticos. La dinámica entre normativas locales, acuerdos internacionales y marcos técnicos muchas veces es dispareja. Según su presidente, comprender esos ritmos y construir consensos es clave para que los proyectos bioeconómicos lleguen a concretarse.

La empresa mantiene una política de “resultado equilibrado”: cubrir costos, sostener empleos e invertir en mejoras sin trasladar sobreprecios al consumidor. “Si la empresa diera grandes ganancias, significaría que estamos cobrando de más un biocombustible que termina pagando el consumidor”, razonó Sadres.

Con sus tres polos industriales, una agenda de innovación avanzada y un modelo que integra agricultura, energía y desarrollo regional, ALUR fortalece su lugar como actor central del sistema productivo uruguayo. Su plan de expansión bioeconómica ya está en marcha y coloca a Uruguay entre los países que apuestan en serio por transformar su matriz energética con soluciones propias, circulares y sostenibles.

 
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