La escena podría parecer sacada de un mercado financiero de alto voltaje: posiciones especulativas creciendo con velocidad, contratos de futuro batiendo récords históricos y traders moviéndose con nerviosismo ante cada nuevo gesto geopolítico. Pero no se trata de acciones tecnológicas ni de criptomonedas. En enero de 2026, fue el precio del carbono en la Unión Europea el que cruzó la simbólica barrera de los 90 euros por tonelada, marcando un hito en la historia del comercio europeo de emisiones.
Este salto de precios no fue un accidente ni una mera oscilación estacional. Fue, en cambio, el resultado de una confluencia de factores estructurales, regulatorios y especulativos que están reconfigurando el mercado del carbono en Europa y, con él, los costos y estrategias de buena parte de su tejido industrial.
Una transformación que venía gestándose
El Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (EU ETS) —la piedra angular de la política climática europea— se encuentra inmerso en una profunda transformación. Desde fines de 2025, comenzaron a evidenciarse los efectos acumulados de una serie de reformas que buscan endurecer la disponibilidad de permisos de emisión. Entre ellas, la reducción progresiva del total de derechos subastados y la entrada en vigor plena del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), diseñado para evitar la fuga de carbono e igualar condiciones entre productores europeos y externos.
A estos factores estructurales se sumaron los movimientos del capital financiero. Hacia fines de diciembre de 2025, los fondos de inversión comenzaron a abandonar sus posiciones netamente bajistas en contratos futuros sobre derechos de emisión (EUAs) y viraron decididamente hacia apuestas alcistas. Según datos publicados por el Financial Times, la presión compradora de fondos especulativos alcanzó en enero de 2026 su punto más alto desde que se llevan registros, en 2018. El fenómeno no solo empujó los precios hacia arriba, sino que elevó considerablemente los costos para sectores industriales intensivos en emisiones, como el siderúrgico, el químico o el cementero.
La nueva normalidad de un mercado volátil
Aunque los precios llegaron a tocar los 90 €/t en la segunda quincena de enero, el comportamiento del mercado fue todo menos estable. El 20 de enero, por ejemplo, los contratos futuros con vencimiento en diciembre de 2026 retrocedieron a 84,9 €/t como respuesta a la presión de venta originada en los dichos del expresidente estadounidense Donald Trump, quien amenazó con nuevos aranceles para ciertos países de la Unión Europea y el Reino Unido. Apenas una semana más tarde, el 29 de enero, el mercado volvió a caer a su nivel más bajo en siete semanas, en este caso debido a la liquidación de posiciones largas por parte de traders preocupados por la escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán.
La desconexión entre el precio del carbono y otros referentes energéticos tradicionales, como el gas natural, también parece consolidarse. Esta desvinculación, que hasta hace poco era ocasional, se vuelve más estructural en un contexto donde las variables regulatorias y financieras tienen mayor peso que las puramente energéticas.
Proyecciones para 2026 y más allá
A fines de 2025, los analistas especializados ya anticipaban un repunte en los precios del carbono para 2026. La consultora Montel, por ejemplo, proyectaba un precio promedio de 92,02 €/t para este año, un incremento de casi el 24 % respecto al valor medio de 2025. ING, por su parte, estimó un promedio algo más moderado de 83 €/t, frente a los 75 €/t del año anterior. En el corto plazo, Climate Market Now considera que el mercado podría apuntar a alcanzar un récord histórico de 101,25 €/t en el primer trimestre.
En cuanto a proyecciones de mediano plazo, el consenso entre los principales centros de análisis, como BloombergNEF, ABN Amro, Refinitiv, ICIS, S&P Global, Aurora Energy Research y el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, sugiere que el precio promedio del carbono en el EU ETS podría alcanzar los 126 €/t hacia 2030. La previsión, recogida por el centro de estudios ucraniano GMK Center, refleja tanto la creciente ambición climática de la Unión Europea como la expectativa de que los mecanismos regulatorios continúen restringiendo la oferta.
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¿Un mercado climático o un nuevo activo financiero?
El ascenso vertiginoso del precio del carbono ha reavivado un debate latente: ¿hasta qué punto el mercado europeo de emisiones sigue siendo una herramienta al servicio de la transición energética y no un mero activo financiero? La creciente participación de fondos especulativos y la sensibilidad extrema a factores exógenos, como la política internacional, plantean nuevos desafíos para los reguladores.
Al mismo tiempo, el encarecimiento del carbono actúa como una señal clara para las industrias emisoras: los incentivos económicos están alineados, más que nunca, con la descarbonización. Pero esa señal también viene acompañada de un costo político y social: sectores industriales pueden volverse menos competitivos, trasladar parte de los aumentos a precios finales o incluso presionar para obtener excepciones o subsidios.
En un año donde la ambición climática y la tensión geopolítica parecen ir de la mano, el mercado del carbono europeo se ha convertido en un termómetro no solo de emisiones, sino de las tensiones más profundas que atraviesan la economía global en la era de la transición verde.


