A veces, una copa de vino cuenta mucho más que la historia de un terroir. Puede ser también un símbolo de justicia, respeto y desarrollo comunitario. Esa fue, en esencia, la apuesta del IV Encuentro de Productores de Vino Fairtrade de Chile y Argentina que, por primera vez, se realizó en Mendoza. En un contexto de creciente demanda por productos sostenibles y éticamente producidos, este evento marcó un hito en la consolidación de un modelo vitivinícola que busca no solo calidad enológica, sino también impacto social y ambiental.
Durante dos jornadas intensas, productores certificados de ambos países, representantes de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC), importadores de Brasil y referentes del sector se reunieron en la capital vitivinícola argentina para intercambiar aprendizajes, definir desafíos y fortalecer la presencia regional del sello Fairtrade en el mundo del vino.
Una agenda que combinó negocios, técnica y compromiso social
El encuentro no fue una simple reunión sectorial. Se trató de una agenda cuidadosamente diseñada para potenciar los múltiples ejes que sostiene el modelo Fairtrade. Hubo presentaciones de mercado que analizaron la evolución y oportunidades del vino con certificación ética, talleres sobre el sistema de certificación, rondas de negocios que acercaron a importadores brasileños y visitas técnicas en campo.
Uno de los momentos clave fue el recorrido por Finca Agrelo del Grupo Avinea, un conglomerado argentino que reúne a bodegas como Bodega Argento, Viña Artesano y Pacheco Pereda, todas con fuerte impronta ambiental. Allí, los asistentes pudieron conocer prácticas concretas de biodiversidad, manejo agroecológico y vitivinicultura de precisión, aplicadas en uno de los grupos más comprometidos con el enfoque sostenible de la región.
La organización del evento contó con el apoyo de CLAC, la red que impulsa el comercio justo en América Latina y el Caribe, así como de Bodega Argento y Viña Artesano, actores centrales en el ecosistema Fairtrade local.
Qué implica ser vino Fairtrade
Para muchos consumidores, el concepto de Fairtrade todavía está asociado al café o al cacao. Sin embargo, el vino se ha convertido en uno de los productos más representativos del sistema en Sudamérica. Para obtener la certificación, las bodegas y cooperativas deben cumplir con exigentes estándares sociales, ambientales y económicos. Esto incluye condiciones laborales dignas, estructuras organizativas democráticas, respeto por el ambiente, y transparencia administrativa.
Cada litro vendido bajo este sistema genera una Prima Fairtrade: un monto adicional que las organizaciones deben destinar exclusivamente a proyectos comunitarios, definidos por los propios trabajadores y productores. Esa Prima se transforma en centros de salud, becas educativas, infraestructura social o apoyo a comedores, como el caso del merendero Manitas Unidas en Coquimbito, apoyado por la Asociación de Trabajadores de Bodega Argento, que ya ejecutó más de 27 iniciativas beneficiando a más de 3.700 personas en zonas rurales de Mendoza.
Según estudios globales como los de la consultora GlobeScan, el sello Fairtrade es uno de los emblemas de ética y sostenibilidad más reconocidos por los consumidores a nivel mundial, y en el caso del vino, esto se traduce en una oportunidad para comunicar, educar y transformar hábitos desde lo cotidiano.
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Una vitivinicultura que pone a las personas en el centro
Durante el cierre del encuentro, Norberto Gulgiota, Enlace Comercial Global de Vino Fairtrade para América Latina y el Caribe, sintetizó la importancia de este tipo de espacios: “Este encuentro no sólo genera un espacio de intercambio, de identificación de oportunidades y de abordaje de desafíos comunes de las organizaciones, sino que además es una oportunidad de comunicación hacia los consumidores y hacia el sector de lo que significa Fairtrade. Y así demostrar que se pueden ofrecer productos de alta calidad, producidos de manera sustentable y responsable con el medio ambiente y con los derechos de los trabajadores y de los productores”.
Gulgiota destacó que desde CLAC se trabaja con múltiples cadenas de valor —como café, banana, cacao y miel—, pero que el vino tiene un “potencial especial” por su carga simbólica, su conexión cultural con los territorios y su capacidad de sensibilizar a quienes lo consumen. “Vamos a seguir impulsando actividades de este tipo tanto en Chile como en Argentina”, aseguró.
Andrés Valero, líder de sustentabilidad de Grupo Avinea, coincidió: “Estas jornadas fueron una oportunidad única para mostrar el potencial que tiene este modelo en nuestra región. Para nosotros significó compartir lo que aprendimos y seguir construyendo un modelo de vitivinicultura enfocado tanto en el terroir, la vitivinicultura de precisión como en las personas. Fairtrade demuestra que cuando productores, trabajadores y consumidores van en el mismo sentido pueden generar impactos que se multiplican”.
Una red binacional que crece
El encuentro permitió, además, visibilizar el creciente entramado de organizaciones certificadas a ambos lados de la cordillera. Por Argentina participaron Cooperativa La Riojana, Bodega Montlaiz, Bodega Altavista, Grupo Avinea, Bodega y Viñedo Amadeo Marañón y Bodega Chaquepes. Desde Chile viajaron representantes de la Asociación Gremial Vidseca, Cooperativa Caupolicán, Sociedad Vitivinícola Sagrada Familia (Vinos Lautaro), Sociedad Red del Vino y Astaburuaga SA.
Para Felipe Zúñiga, presidente de Vidseca, este tipo de encuentros no solo sirve para compartir experiencias, sino también para “nivelar información, validar la calidad de los productos entre organizaciones y, lo más importante, con los consumidores”. Zúñiga remarcó que el vino es un producto con enorme tradición y una fuerte capacidad de representar territorios: “Es un verdadero embajador de los territorios de Chile y Argentina en el mundo”.
Un mercado en expansión, con impacto concreto
Actualmente, Argentina y Chile cuentan con más de 6.500 hectáreas certificadas bajo el sistema Fairtrade, distribuidas en 16 organizaciones. En conjunto, exportan más de 9 millones de litros de vino anuales a más de 16 países, generando más de 600.000 dólares al año en Prima Fairtrade. Estos fondos se reinvierten en proyectos sociales, ambientales y productivos que benefician directamente a las comunidades rurales vinculadas a la producción.
En un mundo donde los consumidores exigen cada vez más transparencia y responsabilidad en lo que compran, el vino Fairtrade aparece como una propuesta concreta, coherente y de calidad. Como se demostró en Mendoza, una copa de vino puede ser también una invitación a construir un futuro más justo. Y cuando se brinda por eso, el sabor tiene otro sentido.


