La industria argentina del bioetanol cerró 2025 mostrando, una vez más, que es capaz de abastecer sin inconvenientes la mezcla obligatoria en naftas, sostener inversiones industriales y generar beneficios económicos concretos para el país. Sin embargo, ese desempeño convive con un límite que no es productivo ni técnico: un marco normativo que quedó desactualizado y que, en los hechos, impide que el sector despliegue todo su potencial.
El Anuario Bioetanol Argentina 2025, elaborado en forma conjunta por la Cámara de Bioetanol de Maíz y el Centro Azucarero Argentino, ofrece una radiografía precisa de esa situación. Los datos muestran una industria madura, competitiva y plenamente operativa, que sigue contenida por reglas que no acompañan su evolución ni las necesidades energéticas actuales.
Producción estable, mezcla estancada
Durante 2025, la producción nacional de bioetanol se mantuvo en torno a los 1,3 millones de metros cúbicos, volumen suficiente para abastecer sin dificultades el corte obligatorio del 12% (E12) en las naftas. Ese porcentaje, sin embargo, permanece prácticamente inalterado desde 2016. La demanda interna refleja ese mismo techo: las ventas al mercado doméstico alcanzaron aproximadamente 1,18 millones de m³, con variaciones mínimas respecto de años anteriores.
Este escenario contrasta con la capacidad instalada del sector, que alcanza aproximadamente 1,45 millones de m³ anuales, dejando una capacidad ociosa del 25%. Se trata de infraestructura ya construida, resultado de más de USD 1.500 millones invertidos desde 2012, incluso en un contexto de alta incertidumbre macroeconómica y ausencia de una política de largo plazo para los biocombustibles.
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Un aporte concreto a la balanza comercial
Uno de los aspectos más contundentes del anuario es el impacto del bioetanol sobre las cuentas externas. Solo en 2025, y sin computar diciembre, el uso de bioetanol permitió ahorrar USD 619 millones en importaciones de naftas, al sustituir volúmenes que de otro modo hubieran debido ser comprados en el exterior. En los últimos ocho años, este beneficio acumulado supera los USD 5.050 millones.
La cifra adquiere mayor relevancia si se considera que, aun con el corte actual, Argentina importó en 2025 más de 700.000 m³ de naftas, debido a que la capacidad de refinación local opera al límite. El propio informe estima que una suba del corte al 15% (E15) hubiera reducido de manera significativa esa necesidad de importación, sin afectar el abastecimiento interno ni la operación del sistema.
Competitividad técnica y económica
Más allá de su rol como combustible renovable, el bioetanol cumple una función técnica clave en la formulación de las naftas: aporta octanaje. Las naftas argentinas alcanzan, en el mejor de los casos, 91 octanos, cuando la especificación mínima de la nafta Súper es de 95 octanos. El bioetanol, con un RON de 125, permite cubrir ese déficit de forma eficiente.
Sin su uso, las refinadoras deberían recurrir a aditivos importados como MTBE o tolueno, ambos más costosos y con mayores impactos sobre la salud de las personas. Según el anuario, en 2025 las petroleras compraron bioetanol por unos USD 755 millones, evitando costos adicionales de USD 1.236 millones si hubieran utilizado tolueno, o USD 536 millones en el caso del MTBE.
Paradójicamente, el precio local del bioetanol —fijado por la Secretaría de Energía— se ubicó en promedio en USD 0,63 por litro, incluso por debajo de lo que hubiera resultado de aplicar las fórmulas oficiales vigentes. En términos reales, el bioetanol absorbió parte del ajuste de precios del sistema energético, contribuyendo a moderar el impacto inflacionario de los combustibles.
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Exportaciones en alza, mercado interno bloqueado
Ante la falta de margen para crecer en el mercado local, el sector comenzó a volcar parte de su producción al exterior. En 2025, las exportaciones alcanzaron un récord de 130.000 m³, con un incremento interanual del 55% y casi veinte veces más que en los primeros años del régimen.
Sin embargo, este crecimiento ocurre en un mercado global altamente concentrado, dominado por países como Estados Unidos y Brasil, que cuentan con políticas de promoción sostenidas desde hace décadas. En el plano regional, el contraste es aún más evidente: Brasil destina cerca del 50% del combustible para transporte al bioetanol, Paraguay alcanza mezclas del 30% y Bolivia del 25%, mientras Argentina permanece anclada en el 12%.
Una oportunidad que sigue en pausa
El anuario muestra con datos concretos que el bioetanol argentino ya está aportando valor agregado, ahorro de divisas, beneficios ambientales y para la salud, competitividad industrial y desarrollo territorial. También deja en evidencia que el estancamiento actual no responde a limitaciones productivas, sino a la falta de una actualización normativa que acompañe la realidad del sector.
La pregunta, entonces, no es si el sector puede crecer, sino por qué el país sigue postergando una decisión que ya demostró ser económicamente racional.


