Cuando el mundo piensa en L’Oréal, piensa en belleza. Pero desde hace tiempo, el grupo francés viene demostrando que su verdadera apuesta va mucho más allá del maquillaje. Con el lanzamiento de L’AcceleratOR, su nuevo programa estratégico de innovación sostenible, la compañía acaba de trazar una hoja de ruta que podría transformar la industria cosmética desde sus cimientos. Y el insumo clave no será un nuevo pigmento, sino algas marinas, residuos agrícolas, hongos, fibras vegetales, madera reciclada, bioplásticos y biogás.
Ese es el perfil —tan diverso como convergente— de las 13 startups seleccionadas entre más de mil postulantes de 101 países. Todas fueron elegidas por su potencial para resolver desafíos estructurales vinculados al clima, la circularidad y la protección de la naturaleza, tres ejes que L’Oréal ha convertido en pilares de su visión estratégica. Casi todas tienen algo en común: su tecnología se fundamenta en principios bioeconómicos.
El glamour del carbono neutro
¿Qué tienen en común una tapa de botella hecha con celulosa sueca, una fragancia en aerosol formulada con residuos de madera californiana, y un sistema digital que rastrea emisiones en tiempo real? Que todas podrían integrarse pronto a la cadena de valor de L’Oréal. Y que todas fueron desarrolladas por startups seleccionadas por el programa L’AcceleratOR, lanzado en alianza con el Institute for Sustainability Leadership (CISL) de la Universidad de Cambridge.
La iniciativa destinará 100 millones de euros en cinco años para acelerar la maduración de tecnologías con impacto ambiental positivo. Las 13 empresas elegidas entrarán en una fase de trabajo intensivo con el equipo del CISL, durante la cual podrán diseñar y ejecutar proyectos piloto de seis a nueve meses. Si los resultados son positivos, sus soluciones podrían escalar a nivel global dentro de las operaciones del grupo.
“Estamos muy ilusionados por diseñar conjuntamente el futuro de la belleza con estos 13 agentes del cambio”, afirmó Ezgi Barcenas, directora global de Responsabilidad Corporativa de L’Oréal. Desde el CISL, James Cole, su director de innovación, fue más directo: “Estamos haciendo que un futuro sostenible no sea solo un objetivo, sino una realidad”.
Combatir la biopiratería: un desafío global para proteger el conocimiento ancestral
Un catálogo de bioinnovaciones
Las soluciones seleccionadas no apuntan al producto final, sino al corazón mismo del modelo industrial: materias primas, procesos productivos, embalajes y logística. En todos los casos, el reemplazo de materiales fósiles, sintéticos o contaminantes por alternativas biodegradables, reciclables o renovables no es cosmético: es sistémico.
Entre las empresas elegidas se destacan:
- Kelpi (Reino Unido), que produce envases reciclables a partir de algas marinas.
- Bioworks (Japón), fabricante de bioplásticos derivados de la caña de azúcar.
- Pulpex y Blue Ocean Closures (Europa), que desarrollan botellas de papel y tapas de fibra vegetal.
- Biosynthis (Francia) y P2 Science (EE. UU.), que apuestan a ingredientes cosméticos de origen natural.
- Novobiom (Bélgica), que usa hongos para valorizar residuos complejos.
- REPLACE (Francia), con una tecnología que transforma envases multicapa en productos durables.
- Neutreeno (Reino Unido), creadora de una plataforma para medir emisiones en cadenas de suministro.
La sola lectura de esta lista revela un patrón: la bioeconomía dejó de ser una tendencia de nicho para convertirse en el motor tecnológico detrás del nuevo modelo de belleza.
Una startup de biometano pone a Latinoamérica en el mapa
En medio de ese grupo de avanzada, hubo una selección que tuvo sabor regional. Gàs Verde, una empresa brasileña dedicada a la producción de biometano a partir de residuos, fue la única representante de América Latina entre los 13 seleccionados. Su propuesta apunta a sustituir el uso de combustibles fósiles en procesos industriales y transporte, con un gas renovable que puede reducir emisiones de forma inmediata y a gran escala.
En el contexto del programa, Gàs Verde representa no solo una tecnología energética clave, sino también una validación del potencial innovador de la bioeconomía latinoamericana. Su inclusión en L’AcceleratOR demuestra que el sur global puede aportar soluciones de impacto global, incluso en sectores históricamente dominados por tecnologías desarrolladas en Europa o Estados Unidos.
Belleza regenerativa: el nuevo paradigma
L’Oréal lleva años construyendo su estrategia de sostenibilidad a través de programas como “L’Oréal for the Future”, pero con L’AcceleratOR se propone algo distinto: abrirse a un ecosistema de innovación descentralizado, plural y orientado al impacto. En lugar de desarrollar soluciones puertas adentro, decide apalancar talento externo y escalarlo mediante alianzas reales.
La lectura más profunda es que la industria de la belleza —mucho más allá del marketing verde— está reformulando su relación con la naturaleza. Ya no se trata solo de usar menos plástico o compensar emisiones, sino de rediseñar materiales, procesos e insumos desde una lógica regenerativa.
Y ahí es donde la bioeconomía, con su capacidad de transformar residuos en recursos, materia viva en productos funcionales y emisiones en circularidad, ofrece no solo una paleta de soluciones, sino una nueva estética industrial.
En otras palabras: el futuro de la belleza ya no está en el espejo, sino en el suelo, en los bosques, en las algas… y también en las bacterias que producen biogás. Y L’Oréal parece haber entendido que, para liderar esa transformación, hay que mirar más allá del frasco.


