Hay una paradoja que sobrevuela a Europa cada vez que un avión despega. El continente que fija las metas más ambiciosas del mundo para descarbonizar la aviación es, al mismo tiempo, uno de los que más depende del combustible que llega de afuera para llenar los tanques de sus aeronaves. La tensión tiene un doble filo: una regulación que exige incorporar volúmenes crecientes de combustible sostenible y una capacidad industrial que todavía no alcanza para producir esas moléculas en casa. Es en esa grieta —entre la ambición normativa y la realidad productiva— donde una compañía de tecnología industrial francesa decidió meter una cuña.
Una planta para llenar un vacío estratégico
La apuesta tiene nombre propio: proyecto ERA, sigla de Ethanol to Refuel Aviation. Será la primera unidad industrial francesa dedicada a producir combustible sostenible de aviación —conocido por su sigla en inglés, SAF (Sustainable Aviation Fuel)— a partir de bioetanol avanzado. Detrás está Axens, una empresa francesa de tecnología industrial especializada en procesos de refinación y conversión de energía, que licencia tecnologías y provee equipos a plantas de todo el mundo.
La planta está diseñada para producir 50.000 toneladas anuales de SAF a partir de bioetanol. Hoy atraviesa la fase de ingeniería y la selección del sitio donde se emplazará en Francia, con su puesta en marcha prevista para 2030. El desarrollo estará a cargo de una sociedad creada específicamente para el proyecto, bautizada SAFIRIS, dentro de la cual Axens ultima los detalles de una alianza industrial y financiera.
El movimiento no aparece aislado, sino como una pieza más de un tablero cuidadosamente armado. Se suma a otras dos iniciativas con las que Axens busca anclar su presencia en la transición hacia una movilidad de bajo carbono: el proyecto NACRE, una planta de bioetanol avanzado en el sitio de Lacq que ya obtuvo su permiso de construcción, y el proyecto MACARON, una instalación de materiales para baterías en Valenciennes que recientemente presentó su solicitud de permiso.
El problema que ERA viene a resolver
La ruta dominante en el mundo para la producción de SAF se conoce como HEFA (Hydroprocessed Esters and Fatty Acids): un proceso que parte de aceites vegetales no comestibles (exigencia para el mercado europeo) , aceites de cocina usados y grasas animales y los transforma, mediante hidrogenación, en combustible de aviación. Es la vía más madura y extendida, pero la disponibilidad de esas materias primas es, por ahora limitada, y la demanda de las aerolíneas crece mucho más rápido que la oferta.
La ruta que propone ERA —conocida técnicamente como Alcohol-to-Jet (AtJ)— amplía el abanico de fuentes hacia los residuos de biomasa, abriendo una segunda puerta. El SAF resultante es un combustible drop-in: se mezcla con el queroseno convencional y se usa sin modificar los motores ni los aeropuertos.
Cómo se transforma el alcohol en combustible de vuelo
El corazón tecnológico del proyecto es un proceso llamado Jetanol®, desarrollado en conjunto por Axens e IFP Energies nouvelles (IFPEN), un organismo público francés de investigación e innovación en energía, transporte y medio ambiente. La tecnología convierte el bioetanol en SAF y bio-nafta a través de tres pasos integrados: deshidratación, oligomerización e hidrogenación. Dicho en simple, la molécula de alcohol pierde su agua, sus fragmentos se ensamblan en cadenas más largas y finalmente se saturan con hidrógeno hasta obtener hidrocarburos con la estructura del combustible aeronáutico.
Según Axens, la tecnología Jetanol® ya fue seleccionada por varios proyectos internacionales de envergadura que buscan implementar la ruta Alcohol-to-Jet, gracias a sus altos rendimientos y a su madurez técnica. La compañía, de hecho, construyó junto a IFPEN un catálogo que cubre todas las grandes vías de producción de SAF: la ruta HEFA de aceites y grasas, los biocombustibles avanzados a partir de etanol y biomasa lignocelulósica, el e-SAF elaborado con hidrógeno y CO₂, y —tras la adquisición de la tecnología Methanol-to-Olefins de Air Liquide— también las rutas basadas en metanol.
La soberanía como telón de fondo
El proyecto ERA no se explica solo por la química: se explica por la geopolítica de la energía. Francia fijó metas de mezcla de SAF ya en 2020, y Europa reforzó esa ambición con el reglamento ReFuelEU Aviation, la norma comunitaria que obliga a incorporar porcentajes crecientes de combustible sostenible en los vuelos que despegan del continente. Esa exigencia establece que para 2035 se incorporen más de un millón de toneladas anuales de SAF en los vuelos que parten de Francia, con una trayectoria que comienza en el 6 % hacia 2030 y trepa hasta el 70 % en 2050.
Para la industria francesa la lectura es clara. El país reúne los ingredientes para construir una industria soberana de combustible de aviación: una industria aeroespacial de primer nivel, un amplio portfolio de tecnologías de producción desarrolladas por Axens e IFPEN, abundantes recursos agrícolas y forestales capaces de alimentar la producción de bioetanol avanzado, una matriz eléctrica mayormente descarbonizada y un marco regulatorio europeo que empuja en la misma dirección.
Por eso el proyecto se inscribe de lleno en la agenda de reindustrialización y transición energética que promueven Francia y la Unión Europea. Sus impulsores destacan la creación de una nueva cadena de valor basada en recursos locales, la menor dependencia de importaciones de queroseno fósil y de SAF, la contribución directa a descarbonizar un sector que explica alrededor del 2 al 3 % del impacto del calentamiento global, y la generación de empleo directo en la planta e indirecto a lo largo de toda la cadena del etanol avanzado.


