Mide apenas unos milímetros, se mueve en colonias y suele pasar inadvertido hasta que ya es tarde. El pulgón amarillo del sorgo —Melanaphis sorghi— no tiene la espectacularidad de una tornado ni la contundencia del granizo, pero cuando irrumpe en un lote es capaz de comprometer un cultivo entero. Se instala en el envés de las hojas, succiona la savia, debilita la planta y segrega una sustancia azucarada que entorpece la cosecha. Desde mediados de la década pasada, su avance por las principales regiones sorgueras del continente americano encendió las alarmas de productores y mejoradores por igual. Fue esa amenaza silenciosa la que puso en marcha una carrera científica que acaba de cruzar una meta significativa.
La protagonizó Nufarm, la compañía de origen australiano con fuerte presencia en el mercado agrícola argentino, dedicada al desarrollo de semillas, tecnologías de protección de cultivos e insumos para la producción agropecuaria. La empresa anunció un avance de peso en el desarrollo genético de sus híbridos de sorgo granífero: la confirmación científica de la tolerancia al pulgón amarillo en todos los materiales que integran su portfolio comercial. Lo que durante años se intuía a campo tiene ahora respaldo molecular en el laboratorio.
Seis años detrás de una respuesta genética
La historia no empezó con un anuncio, sino con un problema. En 2019, cuando el pulgón amarillo comenzaba a consolidarse como una amenaza creciente para la producción de sorgo, el equipo de mejoramiento de Nufarm intuyó que debía intervenir. La primera etapa fue puramente de campo: mirar cómo se comportaban los híbridos frente al ataque real de la plaga, lote por lote, planta por planta.
“Comenzamos con evaluaciones a campo, observando el comportamiento real de nuestros híbridos frente al ataque de pulgón amarillo. A partir de ese seguimiento pudimos identificar distintas fuentes de germoplasma con tolerancia”, explicó Diego Druetto, genetista de sorgo de la compañía. Ese germoplasma —el conjunto de recursos genéticos disponibles en un programa de mejoramiento— era la materia prima sobre la que trabajaría todo lo que vino después.
Pero la observación a campo, por rigurosa que sea, no alcanza. Un híbrido puede resistir bien un año y fallar al siguiente, según jueguen sus cartas las condiciones ambientales, la presión de plaga y el azar. Para transformar una intuición agronómica en una certeza reproducible había que bajar al nivel del ADN. Y para eso, Nufarm buscó un socio con músculo científico.
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La alianza con Kansas: del campo al marcador molecular
Ese socio fue la Universidad de Kansas, una de las instituciones académicas de referencia en Estados Unidos en el estudio del sorgo y sus plagas, ubicada en el corazón de una de las principales regiones productoras del cereal en Norteamérica. El acuerdo de colaboración perseguía un objetivo concreto: encontrar marcadores moleculares que permitieran detectar la tolerancia con precisión de laboratorio.
Un marcador molecular es, en esencia, una señal en el genoma de la planta —un fragmento identificable de ADN— que aparece asociado a una característica determinada, en este caso la tolerancia al pulgón. Hallarlo permite “leer” esa cualidad directamente en el material genético, sin esperar a que la planta enfrente la plaga en el campo. Es la diferencia entre confirmar una enfermedad por los síntomas o detectarla con un análisis de sangre.
El camino no fue lineal. El equipo cruzó líneas tolerantes con líneas susceptibles y encaró una exhaustiva tarea de fenotipado —la caracterización detallada de cómo se expresa cada material frente a la plaga— para separar las que efectivamente conservaban la tolerancia de las que no. De ese trabajo conjunto surgió el descubrimiento del primer marcador molecular asociado a la resistencia. Un hito, pero también el comienzo de un enigma.
El misterio del segundo marcador
Con ese primer marcador en la mano, Nufarm logró incorporar tolerancia en buena parte de su germoplasma. Y sin embargo, algo no cerraba del todo. “Durante varios años trabajamos con ese primer marcador y logramos incorporar tolerancia en gran parte de nuestro germoplasma. Sin embargo, veíamos que existían materiales con un excelente comportamiento a campo, aunque no eran detectados por ese marcador”, señaló Druetto.
Había, en otras palabras, híbridos que resistían al pulgón sin que el laboratorio pudiera explicar por qué. La respuesta debía estar en otra parte del genoma. Los investigadores de Kansas siguieron profundizando hasta dar con un segundo marcador molecular, vinculado a fuentes genéticas de tolerancia distintas de las primeras. La pieza que faltaba.
“Cuando aplicamos el segundo marcador a nuestro germoplasma, comprobamos que muchas de las líneas que sabíamos que eran tolerantes por su desempeño a campo efectivamente presentaban esta segunda fuente genética de tolerancia. Esto nos permitió confirmar en el laboratorio lo que veníamos viendo desde hacía años”, agregó el investigador. El comportamiento observado durante temporadas enteras quedaba, por fin, respaldado por evidencia genética.
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Doble garantía para el portfolio y para el futuro
El hallazgo tiene un efecto inmediato y otro estratégico. En lo inmediato, acredita que los híbridos graníferos del portfolio comercial actual de Nufarm cuentan con tolerancia al pulgón amarillo, tecnología que la compañía comercializa bajo la denominación Aphiblock. Entre los materiales que ya la incorporan figuran Nugrain 311 AB, Spring T60 AB y Nugrain 202 AB.
En lo estratégico, el segundo marcador abre la puerta a combinar ambas fuentes de tolerancia en los desarrollos futuros. “De ahora en adelante, todos los híbridos que surjan de nuestro programa de breeding incorporarán ambos marcadores. Esto significa que cada nuevo producto que llegue al mercado contará con una doble garantía genética de tolerancia al pulgón amarillo”, destacó Druetto. Apilar dos mecanismos genéticos distintos no es un detalle menor: una plaga puede eventualmente sortear una barrera, pero vencer dos a la vez resulta mucho más difícil.
A esa protección se suma otra tecnología del mismo programa: Palladium, un desarrollo que permite el control de malezas en sorgo y colza al conferir resistencia a los herbicidas de la familia de las imidazolinonas. Se trata de una tecnología NO GMO, obtenida por mutagénesis —un método de mejoramiento que no implica transgénesis—, que le da al productor una herramienta concreta frente a las malezas. Ambos avances ya conviven en tres híbridos —Nugrain 30N50 PAB, Nugrain 3521 PAB y NuSil 5841 PAB— que responden simultáneamente a los dos grandes desafíos del cultivo: la plaga y las malezas.
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Cuando la biología resuelve lo que el campo plantea
Detrás de estos anuncios hay una lógica de trabajo que vale la pena subrayar: partir de los problemas reales que enfrenta el productor a campo y buscarles una respuesta genética concreta. Así nacieron tanto la tolerancia comprobada al pulgón amarillo como la tecnología Palladium.
Detrás de estos avances hay una forma de trabajar: partir de los problemas reales que enfrenta el productor a campo y buscarles una respuesta genética concreta. Así surgieron la tolerancia comprobada a pulgón amarillo en todo el portfolio y la tecnología Palladium para el manejo de malezas, hoy combinadas en tres híbridos —Nugrain 30N50 PAB, Nugrain 3521 PAB y NuSil 5841 PAB— que responden a los dos principales desafíos del cultivo con mayor protección y estabilidad de rendimiento.


