Brasil es, junto con Indonesia, el mercado de biodiésel más grande del mundo. Desde mediados de 2025, todo el diésel que se vende en el país lleva un 15 % de biodiésel, una proporción conocida como B15. Es el corte obligatorio más alto entre las grandes economías y el resultado de más de una década de política pública sostenida, respaldada por una cadena productiva que integra a más de 55 plantas, miles de agricultores familiares y un complejo oleaginoso con capacidad de crushing que superleó los 65 millones de toneladas de soja en la campaña 2026/27.
Pero el sector quiere ir más rápido. Y el Estado, por ahora, prefiere caminar con datos en la mano.
Pruebas técnicas para subir el corte
Durante la Semana del Biodiésel, el evento anual organizado por la Ubrabio (Unión Brasileña de Biodiésel y Bioquerosene, la principal entidad que representa a los productores del sector), Lorena Mendes, directora del Departamento de Biocombustibles del Ministerio de Minas y Energía, detalló el cronograma del programa de ensayos técnicos que definirá si Brasil puede aumentar la proporción de biodiésel en el diésel más allá del 15 % actual.
El programa, que comenzó en agosto, evalúa en su primera fase mezclas de entre 16 % y 20 % de biodiésel (B16 a B20). Una segunda fase, prevista para más adelante, cubrirá mezclas de entre 21 % y 25 % (B21 a B25). Según Mendes, la fase de ejecución debería completarse hacia febrero de 2027, con un informe final que abrirá dos escenarios posibles.
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«El primero es la aprobación directa. El segundo, que haya recomendaciones regulatorias o ajustes a la especificación técnica, lo que extendería los plazos hasta agosto de 2027 aproximadamente», explicó la funcionaria. En cualquier caso, los resultados servirán como respaldo técnico para que el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE), el organismo interministerial que define las directrices del sector, tome las decisiones sobre nuevos porcentajes de mezcla.
La Ley del Combustible del Futuro, aprobada en 2024, ya establece un sendero de incrementos progresivos de un punto porcentual por año hasta alcanzar B20 en 2030. Pero la industria empuja por adelantar los plazos
Para los productores, la hoja de ruta del Ministerio es demasiado conservadora. Según las entidades que agrupan al sector, Brasil tiene hoy las condiciones técnicas, logísticas y de abastecimiento para operar con un corte del 18 % en 2027, sin necesidad de esperar los resultados completos del programa de ensayos.
El reclamo tiene un trasfondo económico concreto. La industria brasileña de biodiésel arrastra una capacidad ociosa superior al 30 %, una situación que presiona los márgenes y desincentiva nuevas inversiones. Cada punto de mezcla adicional representa un incremento significativo en la demanda, y la materia prima está disponible: el aceite de soja, que representa casi tres cuartas partes del insumo utilizado por las plantas de biodiésel del país, cuenta con un suministro robusto gracias al récord de crushing de la última campaña.
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El Frente Parlamentario del Biodiésel, junto con las asociaciones sectoriales Abiove (que agrupa a la industria aceitera y de cereales), Aprobio y Ubrabio, argumentan que aumentar la participación del biodiésel reduce la exposición de Brasil a las fluctuaciones del mercado internacional de petróleo, refuerza la seguridad de abastecimiento y funciona como un amortiguador frente a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles.
El antecedente del etanol y la diferencia metodológica
Mendes se ocupó de distinguir el proceso del biodiésel del caso reciente del etanol anhidro, donde Brasil elevó la mezcla en naftas al 32 % (E32). Aquella decisión, si bien contó con respaldo técnico, se apoyó en el límite superior del margen de tolerancia de los ensayos realizados para E30 y se justificó en buena medida por la coyuntura del mercado global de gasolina, afectada por el conflicto en Medio Oriente.
En el caso del biodiésel, la estrategia es distinta. Las pruebas apuntan directamente al contenido del 20 %, con evaluaciones progresivas de cada porcentaje intermedio. Según Mendes, eso le dará al CNPE un sustento más robusto para decidir, evitando que la aprobación dependa de circunstancias excepcionales o márgenes de tolerancia.
El intento frustrado de llegar a B17
No es la primera vez que la industria intenta forzar un adelanto. En julio de este año, los productores de biodiésel presentaron una carta formal al gobierno argumentando que Brasil atraviesa «el momento más favorable» para pasar del B15 al B17, con disponibilidad de materia prima, capacidad instalada sobrada y condiciones de mercado propicias.
El pedido se enmarcó en un contexto de suba de precios del diésel fósil, influida por la escalada del conflicto en Medio Oriente. El sector planteó que un salto inmediato a B17 permitiría amortiguar el impacto en el surtidor. Pero el gobierno optó por mantener el cronograma del programa de ensayos y no autorizar incrementos fuera de ese marco.
Un mercado que mueve millones de toneladas
El crushing de soja en Brasil alcanzó los 65 millones de toneladas en la campaña 2026/27, impulsado en gran medida por la demanda del sector de biocombustibles. La suba del corte a B15 a mediados de 2025 fue uno de los principales motores de ese récord, y cualquier incremento adicional tendría un efecto directo sobre la molienda y, por extensión, sobre la oferta de harina de soja destinada a alimentación animal.
El aceite de soja FOB Paranaguá cotizó el 13 de agosto a 1.196,89 dólares por tonelada para embarques de septiembre, según las evaluaciones de Platts (S&P Global). Un dato que refleja la firmeza de un mercado donde la demanda interna de biodiésel se suma a la tracción exportadora tradicional.


