Bioeconomizar la industria automotriz

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Emiliano Huergo
Manager BioEcomomia

Esta semana se celebró en la UCEMA una interesante jornada sobre biocombustibles en la cual participaron representantes de la Liga Bioenergética, de las compañías petroleras y la asociación que nuclea a los fabricantes de automóviles, Adefa.

El evento resultó muy oportuno. Más allá de la situación particular del congelamiento de los precios de los combustibles por 90 días (finalizó el jueves pasado) que desacopló el mercado y puso en jaque a la industria del biodiesel y el bioetanol, en 2021 caduca la Ley 26.093 que regula el uso obligatorio y voluntario de biocombustibles en el país. Su extensión o reemplazo por una nueva Ley superadora, está en plena discusión.

En el primer panel, Verónica Geese, secretaria de Estado de Energía de la provincia de Santa Fe enfatizó en que se terminaron los mitos de que mayores mezclas de biodiesel no funcionan o rompen los motores. Contó que en Santa Fe ya hay más de 1.300 unidades funcionando con biodiesel puro, 400 más en Córdoba y varias más en Tucumán, y no han registrado ningún tipo de inconveniente. Lo cierto es que las empresas de transporte cada vez más eligen usar altas mezclas de biodiesel para reducir costos o su huella ambiental. El consumo voluntario va creciendo y muchas veces se produce en forma artesanal en plantas no habilitadas. Para evitar que siga creciendo la marginalidad, que compromete la seguridad de los operarios, los vecinos y menos importante, los motores, resulta urgente una legislación que contemple el uso de cortes mayores de biocombustibles y el uso en su estado puro.

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A su turno, los referentes de las compañías petroleras o, como les gusta que los llamen, empresas de energía, estuvieron prácticamente de acuerdo en que la reducción de emisiones es un camino que no tiene vuelta atrás. Pablo Balbi, referente de biocombustibles en YPF mostró que las compañías Shell, BP, Total, Eni y Sinopec ya están produciendo biocombustibles. En algunos casos a través de joint-ventures con empresas agroindustriales, como BP con DuPont, o Shell con Cosan.

En el turno de Adefa, Abel Yankilevich pidió tiempo para ir hacia mezclas mayores de biocombustibles, de forma de poder trabajar en homologaciones. Destacó que Argentina, por no tener un mercado automotor importante, incorpora la tecnología de otros países. Palabras más, palabras menos, el ejecutivo dio a entender que a las casas centrales no les interesa invertir en desarrollos de motores para combustibles argentinos. Destacó que imitar los cortes de biocombustibles que se utilizan en Brasil es riesgoso porque tenemos otra geografía y otros climas. Destacó también, que la normativa argentina de combustibles es similar a la europea, donde las mezclas de biocombustibles apenas llega al 10%.

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Sobre éste último punto quisiera compartir una serie de reflexiones. Estados Unidos goza de una geografía y un clima similar al de Argentina. Acaba de autorizar el uso de 15% de etanol (E15) de forma voluntaria para todos los vehículos fabricados después del 2001 y con vigencia inmediata en todo el territorio. Sin embargo, los tres fabricantes de Detroit (Chrysler, General Motors y Ford) que cuentan con el 45% del mercado ya habían homologado el uso de E15 en todos los modelos a partir de 2012, es decir 7 años antes que lo exija la EPA, el órgano que controla el uso de combustibles. Honda, Toyota, Volkswagen y Tata (Land Rover y Jaguar) hicieron lo propio en 2017. Por su parte, BMW cuenta con homologaciones para el uso de cualquier mezcla entre E10 y E25. Entre todos suman más del 80% del mercado. En el caso de biodiesel, más del 80 por ciento de los vehículos diesel que salen de las líneas de producción de las terminales respaldan completamente el uso de B20, a pesar de que la normativa exige un corte del 10%.

Ante una consulta de este portal, el representante de ADEFA aclaró que como nuestras normas son europeas, no se utilizan los motores norteamericanos. Entonces cabe para hacerse dos preguntas. Una, ¿por qué aquí no se anticipan las homologaciones a futuros aumentos de cortes como lo hicieron las terminales de EEUU? Más precisamente sabiendo que Argentina es importador neto de combustibles y las exigencias en calidad de combustibles fósil se vienen dilatando año tras año, estando lejos de alcanzar los estándares exigidos en el viejo continente.

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Dos, ¿por qué tenemos normas europeas? Europa no tiene ningún interés en producir biocombustibles. Hay una razón. No son competitivos. En cambio en América, los sectores más importantes son por lejos el agro y el agroindustrial. La superficie cultivable, la biodiversidad, y los recursos naturales que dispone nuestro continente son infinitamente mayores a los de Europa. También lo es la sustentabilidad del agro. Ya hemos hablado mucho en este portal sobre los biocombustibles y sus externalidades positivas, pero siempre es bueno recordar las más importantes: generación de empleo de calidad en el interior, agregado de valor a la producción del campo, desarrollo de nuevas industrias que procesan los subproductos, reducción en más de 70% las emisiones GEI frente a combustibles fósiles. Los biocombustibles representan hoy la expresión máxima de la bioeconomía.

Es interesante detenerse un momento a mirar a nuestro vecino Brasil. Es un ejemplo en el aprovechamiento de sus recursos biológicos para la producción de energía. Más de 45% del parque automotor a gasolina utiliza etanol y el 11% de biodiesel (industria que nació varios años después de la argentina) componen el mix de combustibles. La biomasa representó en 2018 la tercera fuente de generación eléctrica, apenas 0,5% detrás del gas natural. Además, el biogás a partir de los efluentes de la producción de proteínas animales también viene creciendo a un ritmo muy significativo.

Esto no implica que debemos copiar exactamente las mezclas que hace Brasil, pero si a aprender de ellos a explotar nuestros recursos, estudiar su potencial, como pueden potenciar y complementarse con otras industrias, etc.

Este es el debate que los argentinos nos debemos. Si queremos aplicar recetas para otra geografía y con otros problemas, o miramos nuestros recursos y vemos de que forma podemos utilizarlos en pos de un mejor bienestar de los sectores. No tengo dudas que la bioeconomía es el camino.

Y para finalizar les comparto una pregunta que me hago casi a diario. ¿Cómo es posible que ninguna de las 4 pickups que se fabrican en Argentina y se exportan al mundo aún no han homologado el uso de B20? No sería lógico devolverle algo al campo. Al fin y al cabo, cuando las papas queman, lo que se venden son pickups.

 
 
 
 

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