Los biocombustibles se han convertido en un punto de convergencia entre las prioridades del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y los intereses del agronegocio, un sector que hasta ahora se ha mostrado reacio a la gestión actual. En 2023, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) aprobó una cifra récord de R$ 2.600 millones, equivalentes unos U$S 500 millones, en financiamiento para proyectos relacionados con etanol, biometano y biodiesel, entre otros. Este es el mayor valor registrado en nueve años.
El BNDES ha canalizado estos fondos a través de cuatro líneas principales: Finem, Mais Inovação, RenovaBio y Finame Direto. Estas líneas ofrecen plazos y períodos de gracia extendidos, además de tasas de interés más accesibles que las del mercado.
Para 2024, el banco espera superar esta cifra gracias al Fondo Clima, que cuenta con R$ 10.400 millones (U$S 2.000 millones) provenientes de la emisión de bonos soberanos sostenibles en el mercado internacional. Sin embargo, aún no es posible determinar cuánto de este monto se destinará específicamente a los biocombustibles.
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La Agenda Verde y el Sector Agropecuario
Según José Luis Gordon, director de desarrollo productivo, innovación y comercio exterior del BNDES, la área de biocombustibles es una de las prioridades de la Nueva Política Industrial del gobierno. «Estamos viendo un movimiento dentro del banco para acercarse al sector agropecuario y a toda la cadena de biocombustibles», afirmó Gordon en una entrevista con Estadão. Además, señaló que ha habido una respuesta positiva del sector, con muchas empresas interesadas en realizar inversiones y expandir su capacidad productiva.
Entre los proyectos financiados en 2023, destaca la construcción de una planta de etanol a partir de trigo y maíz en Passo Fundo (RS), con una inversión de R$ 729,7 millones (U$S 140 millones). Otros R$ 385 millones (U$S 74 millones) fueron destinados a tres plantas de biometano, dos en el estado de São Paulo y una en Río Grande del Sur.
Una de estas plantas se ubicará en el mayor relleno sanitario de América Latina y el tercero más grande del mundo, en Caieiras (SP). Allí, el biogás extraído de los residuos será purificado para producir biometano, con el objetivo de sustituir el diésel en vehículos pesados y maquinaria agrícola, contribuyendo así a la descarbonización.
El Futuro de los Biocombustibles en Brasil
El plan industrial del gobierno de Lula, que engloba la transición energética, tiene al BNDES como operador principal, responsable de R$ 250 mil millones (U$S 48.000 millones) de los R$ 300 mil millones (U$S 57.500 millones) en financiamientos previstos hasta 2026. A pesar de las críticas iniciales, los ejecutivos del banco han negado que se trate de una re-edición de antiguas políticas de favoritismo empresarial y han destacado la pertinencia del programa basado en ejemplos internacionales.
El objetivo es aumentar en un 50% la participación de los biocombustibles en la matriz energética de transportes para 2033, elevándola del 21,4% actual. Según Gordon, tres factores clave impulsarán este crecimiento: cambios regulatorios en el sector automotriz, el desarrollo de combustibles sostenibles para la aviación (SAF) y el biocombustible marítimo, que se prevé será un gran impulsor de la demanda de etanol a corto plazo.
La adopción del biocombustible marítimo se acelerará tras un acuerdo internacional firmado el año pasado, que busca eliminar las emisiones netas de carbono del transporte marítimo para 2050. Este acuerdo, firmado en la sede de la Organización Marítima Internacional (IMO) en Londres, implica la necesidad de cambiar la matriz energética de los barcos, y el etanol se presenta como una opción viable y rápida de implementar.
Los biocombustibles están emergiendo como un sector clave para la transición energética en Brasil, con el apoyo decidido del BNDES y la convergencia de intereses entre el gobierno y el agronegocio. Con financiamiento récord y una clara estrategia a futuro, el país avanza hacia una matriz energética más limpia y sostenible.


